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Crítica de La semilla del diablo

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Rezad por el bebé de Rosemary."

 


Moebius por Moebius


cartel de La semilla del diablo

Director: Roman Polanski
Estreno: 1969-02-03
Genero: Terror

Un bonito edificio residencial del siglo XIX, una feliz pareja que busca un sitio donde criar a una familia, vecinos atentos, felices proyectos de futuro... podríamos estar hablando de una comedia ligera o de algun ñoño proyecto de Michael Landon o Bill Cosby, pero quien firmó para el cine la historia de Rosemary Woodhouse fue Roman Polanski, por lo que nos podemos olvidar de las buenas vibraciones y la típica imagen de joven familia feliz. De la mente del escritor y dramaturgo Ira Levin y de la visión única del director Polanski surgiría en 1968 un film clásico que estaba destinado a revolucionar el género, con permiso del Psicosis de Sir Alfred.

En 1967, cuando el libro aún no había llegado a las tiendas, el chico de moda en Hollywood en aquella época, el director y productor William Castle, le echó el ojo a un borrador del libro escrito por Levin, llamado Rosemary's Baby. El por entonces casi infalible capo de la Paramount Robert Evans echó un vistazo a aquella historia e inmediatamente vio que era pura dinamita, con lo que se hizo con los derechos cinematográficos sin esperar a la publicación de la novela.

Evans
tenía en mente al hombre perfecto para dirigir la cinta: un treintañero director polaco que estaba dando bastante que hablar en la vieja Europa con un cine innovador y había mostrado un absoluto dominio del terror psicológico en un film británico llamado Repulsión. Para que el joven Polanski aceptara rodar su película Evans decidió poner algo de cebo en el anzuelo: el esquí. Sabedor de que el director era un apasionado de ese deporte, le envió dos borradores: la adaptación de Rosemary's Baby y el de un pequeño drama con las carreras de esquí de fondo. Evans jugó bien sus cartas, e imagino que de algún modo dejó caer que la historia sobre la joven Rosemary era perfecta para Polanski. El director finalmente se decidió por la historia de Ira Levin, y sacó un billete para la tierra de las oportunidades.

Para interpretar a Rosemary Woodhouse Polanski tenía en mente a la bella actriz rubia Tuesday Weld, recordada por muchos como la novia de Steve McQueen en El rey del juego. Con el libro abriéndose camino aún en las listas, Evans consideró que su nombre no atraería al público; de todas formas, la actriz no se mostró interesada. Se pensó en también en Jane Fonda, pero la futura señora de Ted Turner prefirió irse con su entonces marido Roger Vadim para rodar en francia el gran clásico pop Barbarella. Otros nombres como el de Julie Christie o Elizabeth Hartman tampoco cuajaron. Fue propuesta de Evans el contratar a la joven actriz de 23 años Mia Farrow, cuya carrera en el cine era casi inexistente, pero cuyo rostro era bastante popular gracias a la televisión a y su muy comentado matrimonio con La Voz, Frank Sinatra. Fue así como Polanski y Evans encontraron a su Rosemary, aunque su participación en la película fue uno de los motivos para la ruptura definitiva de uno de los más extraños matrimonios que haya visto Hollywood.

Tanto Polanski como Evans coincidieron en otorgar el papel de la pareja de Rosemary, Guy Woodhouse, a Robert Redford, pero no se pudieron hacer con sus servicios. Polanski pensó en John Cassavettes para el papel, y fue el prestigioso director y actor quien finalmente interpretaría al ambicioso actor Guy. Completaban el reparto la talentosa veterana Ruth Gordon, quien haría las delicias de muchos de nosotros en dos de las más intrascendentes películas de Clint Eastwood, como la simpática vecina de Rosemary, Minnie Castevet, y Maurice Evans, que interpreta al amigo y antiguo casero de los Woodhouse, y cuyo rostro quedaría oculto tras un espeso maquillaje en su papel más célebre, el del doctor Zaius de El planeta de los simios. Ralph Bellamy es el inquietante doctor Sapirstein. Un indeterminado número de veteranos d ela industria fueron reclutados para interpretar a los inquilinos del edificio Bramford.

En ciertas películas podemos encontrar una especie de personaje externo, sea una voz, una simple idea, una canción o pieza musical, una atmósfera, o, como es el caso de La semilla del diablo, un edificio. Aunque los interiores fueran rodados en los estudios, para los exteriores se usó el imponente edificio Dakota, una joya arquitectónica del Nueva York del XIX que desde el estreno de esta película y tras el asesinato de John Lennon a la entrada del lugar adquirió tintes muy oscuros.

La semilla del diablo es una de esas películas en que narrar brevemente los acontecimientos de poco sirve, pues es una historia diseñada para que uno la vaya conociendo poco a poco. Revelar cualquier dato podría aguarle a alguien la fiesta, y, además, como se desprende el título en castellano, poco más hay que decir. Evidentemente estamos ante una historia de satanismo y magia negra, tan de moda en aquella época.
De hecho La semilla del diablo es un film que fue más allá de lo puramente cinematográfico, y entorno al cual surgieron muchas historias y preguntas, leyendas urbanas y demás rumores extraños. ¿Estaba el edificio Dakota maldito, y su maldición se extendió a Roman Polanski y a inquilinos famosos como John Lennon? ¿Fue el mismísimo Diablo quién envió aquella fatídica noche a los muchachos de Charles Manson para acabar con la vida de Sharon Tate y los infelices invitados a aquella fiesta que se tornó en tragedia? ¿Qué extraña conexión se esconde tras la muerte de Tate y las pintadas en la pared de las palabras Helter Skelter y el asesinato de Lennon? ¿Es cierto que fue Anton LaVey, señor de lo oculto y famoso satanista, quién interpretó al Viejo Nick en la película? Sobre éstas y otras preguntas se ha escrito y divagado mucho. Sean o no ciertas, lo que sí demuestran es el gran impacto que tuvo la película en nuestra reciente psique cultural. La semilla del diablo trajo además toda una serie de films similares que popularizaron de nuevo el género de terror. Fue tras el éxito de la película de Polanski que vinieron títulos como El exorcista o La profecía, alcanzando el género unos niveles de calidad y popularidad como no se vieran desde los tiempos de la Universal (sin desmerecer, claro está, el trabajo que se venía realizando al otro lado del Atlántico en la mítica Hammer).

La semilla del diablo es nueva muestra del gran talento de Polanski como director, y de que pocos como él han sabido crear imágenes tan oníricas y turbadoras como él. Su dominio de nuestras mentes se demostró una vez más en muy buena forma, y aunque personalmente la historia con Mia Farrow no me cause tanto desasosiego como la inquietante cinta de Roman El quimérico inquilino, sin duda es un título referencial en la carrera del polaco y en el género del terror cinematográfico.

Critica de "La semilla del diablo" publicada el 2008-06-15
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