Crítica de Paranoid park

"

Paranoid pak triunfa como obra minimalista y como inmersión psicológica en la que el tiempo queda subordinado a esos espacios que definen los estados emocionales del personaje central."

 


José A. Peig por José A.


cartel de Paranoid park

Director: Gus Van Sant
Estreno: 2007-06-20
Genero: Drama

Gus Van Sant y una encrucijada adolescente mediante la estilización del espacio.
Paranoid pak triunfa como obra minimalista y como inmersión psicológica en la que el tiempo queda subordinado a esos espacios que definen los estados emocionales del personaje central, que es como decir que la recreación del pulso teen parece la excusa para el desarrollo formal, de los encuadres, el tempo, y uso de la luz, indicios de un cine autoral, intuitivo. Confección de un lenguaje que sugiere desde la concisión de un conjunto mínimo y encuentra así la mayor virtud: la geometría urbana del submundo skate, la caligrafía visual es la mirada del personaje central. Por esto consideramos que la película va más allá de los trucos formales y se convierte en efectiva representación de un estado del ser.

Y sin embargo, queda la duda sobre el recurso de la cámara lenta, concretamente en la secuencia en la que vemos derrumbarse a Gabe Nevins bajo el agua de la ducha. ¿Pedantería, efectividad o efectismo?. Ralentizar el movimiento y el tiempo es conceder espacio al espectador para que pueda sentir mayor empatía con el personaje. Pero desnaturaliza la representación de un instante cuya esencia es percibida de forma inmediata.¿Acentuar el subjetivismo?. Imaginemos la misma secuencia registrada a velocidad normal, con plano cenital, frontal o ligero contrapicado. ¿?.


La cámara lenta, en otros casos, describe el movimiento skate, y mediante la estilización de la luz y el color configura una atmósfera ensoñadora haciendo que ese ámbito (espacio) concreto sea el pálpito emocional en torno al que todo gira. Paranoid park es el paraíso artificial de jóvenes descarriados cuyas vidas no encuentran definición ni propósito. Otra ración más, si lo prefieren, de nihilismo que en este caso parte del patrón psicológico que, por convención, define la adolescencia como etapa a medio camino del adulto y el infante. La desorientación, la nada. La escritura como método de expiación (que, finalmente, termina en nada, en llamas) y el ojo de la cámara instrumento de empatía. Bastan largos planos sostenidos sobre la mirada, el movimiento, o el caminar del personaje central para que - en circunstancias conocidas - la imagen pueda sugerir y representar el estado psicológico del cual el espectador es único testigo y cómplice, y sin caer en esquematismos vacuos.


El resultado global, no obstante, es bastante tibio. Triunfa, como ya hemos dicho, como ensayo formal y eclosión psicológica. Teniendo en cuenta la temática, como acto de comunicación, es radiografía postmoderna, nueva vuelta de tuerca que no supera los modelos que han tenido mejor acabado en la creción contemporánea, tanto en cine como en literatura.