Crítica de Pozos de ambición

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Primer gran “intento” de P.T. Anderson. Y esta palabra consigue sintetizar todo: Riesgos, inquietudes, aciertos y errores. Todo ello en grandes cantidades, tantas como su extensa duración se lo permite."

 


Leo A.Senderovsky por Leo A.Senderovsky


cartel de Pozos de ambición

Director: Paul Thomas Anderson
Estreno: 2008-02-15
Genero: Drama

Recientemente, le comenté a un amigo que Pozos de ambición era un intento de Paul Thomas Anderson de pasar a la liga de los directores de películas mayores, importantes. Mi amigo me contestó con una frase bastante interesante: “Paul Thomas Anderson no tiene ‘intentos’”. Se entiende, lo dijo antes de ver esta última. Un signo de este paso al supuesto cine grande es Daniel Day Lewis, que ya cuenta en su haber con varias películas importantes, trascendentes, y algún merecido Oscar al que tranquilamente se le podría sumar otro por esta película. Pienso en el término “intento”, lo relaciono con Day Lewis y me remito a Scorsese y su Pandillas de Nueva York. La relación es sencilla, tanto aquella como esta son interpretaciones de la gestación de lo que hoy conocemos como Estados Unidos, y en ambas la sangre cuenta con un papel protagónico. En Pandillas…, Scorsese llevó adelante un sueño de décadas, para encarar su “intento” de película mayor. Se olvidó, claro, que sus películas mayores las realizó de joven, y alguien que dirigió Taxi driver y Toro salvaje, difícilmente pueda aspirar a realizar algo más importante que eso. El resultado fue bastante desolador, una película grande pero completamente vacua, con mucha sangre explícita, y poca sangre detrás.

Pozos de ambición es un poco el reverso de aquella. La sangre está en los márgenes, en las grietas, y la violencia estalla en momentos precisos. Como el petróleo, se contiene, aprovecha los momentos adecuados para intervenir (¿recuerdan las explosiones de violencia de Adam Sandler en Embriagado de amor, la anterior de Anderson? Algo similar a eso). El problema quizás sea otro. No está en el elenco, que con el inmenso Daniel Day Lewis, y Paul Dano en un muy aprovechado papel de contrafigura, logran cubrir cualquier expectativa. El problema está en lo que significa realizar una película grande.

Aquí lo grande primero está en la metáfora histórica, la peculiarmente iconoclasta idea de exponer como símbolo del progreso a un embaucador, un oportunista, una suerte de Charles Foster Kane del petróleo (el mismo aire de grandeza, y el mismo destino desgraciado que aquel). Luego está en la música (aquí disiento con la opinión de Natalia, sin dejar de considerar que la suya es una interpretación interesante y totalmente válida). P. T. Anderson abandona la tierna música pop de Jon Brion, quien compuso temas en todas sus anteriores películas, para contratar a Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, quien invade la pantalla de sinfonías y melodías excesivamente reiterativas y completamente contrastantes con las imágenes, convirtiendo la primera mitad de película en un concierto molesto, que impide disfrutar de las imágenes y la historia (el silencio debería ser amigo del compositor, no enemigo, y aquí simplemente falta eso, un poco de silencio).

Lo interesante del caso, es que P. T. Anderson, desde el comienzo, deja la frescura de sus películas anteriores, para abordar un registro “elocuente”, y le basta una sola escena, precisamente la última, para echar por tierra todo lo anterior, y sumergirse en el riesgo pleno, sin perder de vista el eje discursivo de la película. En la última escena combina duelo actoral (al límite de la sobreactuación, vale aclarar), pasos de comedia física, y cine gore (si le faltaba sangre, basta el último plano), y en el medio de todo este desconcierto, le hace decir a Daniel Day Lewis “I drink your milkshake” (“yo me tomo tu milkshake”), frase tan absurda, como sintetizadora del espíritu del personaje. Tal vez esta mezcla final tenga más que ver con P. T. Anderson, que todo el resto de la película. De todos modos, Pozos de ambición no deja de ser lo mencionado al comienzo. Dentro de su filmografía, uno de los directores que más aire fresco le brindó, desde su debut, al panorama actual del cine americano, nos entrega esta vez su primer gran “intento”. Y esta palabra consigue sintetizar todo: Riesgos, inquietudes, aciertos y errores. Todo ello en grandes cantidades, tantas como su extensa duración se lo permite.


Critica de "Pozos de ambición" publicada el 2008-06-24
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