Crítica de El castillo de Dragonwyck

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A medida que transcurre la historia nos adentramos en un relato más propio de la Universal de los años treinta que de la Fox, es decir de ambiente expresionista con tintes románticos y góticos."

 


Ethan por Ethan


cartel de El castillo de Dragonwyck

Director: Joseph L. Mankiewicz
Estreno: 1946-06-28
Genero: Suspense

Se trata de la opera prima de Joseph L. Mankiewicz, uno de los más prestigiosos directores que ha dado el cine norteamericano. En realidad el proyecto estaba destinado para que lo dirigiera Ernst Lubistch, sin embargo una grave enfermedad le obligó a abandonar el rodaje. Mankiewicz, que era el guionista de "Dragonwyck", estaba en la mejor disposición para finalizar la película. Así comenzó una de las carreras más brillantes de la historia del cine, con obras tan legendarias como "Eva al desnudo" o "La huella".

Hoy en día es muy normal el término de “película de autor”- algo que se puso de moda con los jóvenes de la Nouvelle Vague- , pero en la época de "Dragonwyck", con el sistema de producción de los grandes estudios, no era corriente que una misma persona fuera a la vez guionista y director de una película. Mankiewicz era la excepción. La mayoría de sus películas eran verdaderas obras de autor. Su interés por los diálogos, por los decorados y su forma de dirigir a los actores le otorgaron la fama de director “teatral”, en el mejor sentido de la palabra.

Aunque en "Dragonwyck" se adivinaban ya los elementos que caracterizaron su cine posterior, sin embargo la trama era bastante diferente a sus siguientes trabajos: una joven provinciana (Gene Tierney) llegaba a una mansión de la clase alta neoyorquina, donde vivía su primo (Vincent Price), una especie de señor feudal en extinción. La obsesión por Price de perpetuar su señorío y tener descendientes traería serias consecuencias a la sorprendida –y bellísima- Gene Tierney. Y es que a medida que transcurre la historia nos adentramos en un relato más propio de la Universal de los años treinta que de la Fox, es decir de ambiente expresionista con tintes románticos y góticos. No obstante, lejos de ser una cinta de terror, "El castillo de Dragonwyck" se asemeja más al drama y por momentos al suspense. El parecido con cintas hitchcoknianas como "Rebeca" o "Sospecha" es evidente; pero en manos de Mankiewicz el largometraje profundiza más en la personalidad de los protagonistas que en proporcionar la suficiente tensión al espectador. Lo cual no tiene que ser necesariamente malo. Así la profusión de diálogos en boca de Vincent Price, que muestran el conflicto interior del personaje, es uno de los logros de la cinta. También lo son los contrastes que se superponen para lograr un todo compacto: "el bien", representado por Gene Tierney - casi siempre de blanco-, es amenazado por "el mal" personificado por Price y por la propia mansión y la maldición que pesa sobre ella.

La historia principal se mezcla con una trama política, levemente expuesta (en la novela original de Anya Seton cobraba mayor importancia), donde los agricultores reclamaban sus derechos en contra del tirano y la democracia se imponía sobre la dictadura. En este sentido, y recién acabada la guerra, los productores no se resistieron a incluir elementos fascistoides en el carácter del ya de por sí malvado Price. Las referencias a una clase superior eran continúas y el desprecio por los minusválidos era hasta cargante.

Finalmente la preocupación de Mankiewicz por el diseño artístico se hace notar en el decorado gótico del castillo. El cinéfilo avezado rápidamente lo asociará a los excelentes filmes de Roger Corman de los años 60, con un Vincent Price perfectamente “acomodado” a este tipo de papeles e instalado en un Dragonwyck perpetuo.


Critica de "El castillo de Dragonwyck" publicada el 2008-06-28
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