Crítica de Pozos de ambición

"

Cuando uno se da cuenta de que nada sobra en una película, no puede hacer nada más que rendirse a sus pies, como un pobre mortal."

 


Rafa Delgado por Rafa Delgado


cartel de Pozos de ambición

Director: Paul Thomas Anderson
Estreno: 2008-02-15
Genero: Drama

Ya os lo advierto yo ahora: There will be blood (Pozos de ambición) no es un historia épica sobre la extracción del petróleo, sobre valores morales y rollazos de esos que le van mucho a la Academia de Hollywood, no. Todo lo contrario. Se trata de un simple relato políticamente incorrecto sobre un hijo de puta (Daniel Day-Lewis, quién si no) de principios del siglo pasado, y que se dedica a extraer el petróleo, y sus tribulaciones. Ni más ni menos.

Os diré más: cuando veáis la película, puede que se os vaya desinflando mucho el globo de expectativas creadas, o bien por los premios a los que ha estado nominada, que por los que os ha creado esos maravillosos veinte MUDOS minutos iniciales, en el cual os viene a la cabeza una y otra vez el título de la película: aquí habrá sangre; pasará algo gordo de verdad.

Se os puede desinflar el globo porque estamos ante una de las películas más densas de los últimos años: durante el visionado hay actos que se hacen tediosos, y crees que sobran, en lo cual además influye muchísimo la sobreactuación de un, con el permiso del dire (supongo), desmeneladísimo Day-Lewis. Otro factor por el cual mientras ves la película se le va restando puntos al conjunto.

Hasta que llega el final, y naturalmente se acaba la película. Pero... QUÉ FINAL, señores. El director, Paul Thomas Anderson, es un listorro del copón, y justo cuando menos te lo esperas te inyecta una dosis de adrenalina pura que te vuelve loco, a ti y a los actores que protagonizan dicha dosis (Day-Lewis y un correctísimo Paul Dano). La suficiente adrenalina como para estar unos tres minutos con la vista clavada en la pantalla mientras corren los créditos, pensando y digiriendo. Sobretodo digiriendo.

Porque vuelvo a repetir, que estamos ante una película densísima. Difícil de ver, por su (bajo mi punto de vista siempre agradecido) estilo clásico de narrar, por su ritmo constantemente tranquilo pero con bajones, y por una maravillosa banda sonora dedicada a la locura del hijoputismo más hijo de puta con el cometido de crear ambiente (como toda buena banda sonora) y agobiar.
Y por todo esto que acabo de decir, simplemente no es una película más: no es una película para todos los paladares. Sobretodo porque no toda la gente es paciente con una película; no al menos tan paciente como yo. Y sobretodo, no toda la gente considera lo que es el cine lo mismo que lo considero yo: una fusión de los artes más antiguos del mundo que dan como resultado otro arte. ¿Y qué es el arte? Una forma de expresión en concreto que entretiene y/o comunica, que nunca deja indiferente.

Si partimos de eso, que me imagino que muy probablemente será algo erróneo, entonces There will be blood (Pozos de ambición) es una obra de arte. Si mucha gente piensa que algo tan simple como un retrato pictórico de una dama italiana es maravilloso, no veo dónde está el impedimento en poder pensar que algo tan simple como un retrato audiovisual de un hijo de puta norteamericano es maravilloso.

Porque, mis queridos drugos, cuando uno se ha pasado unas cuantas horas pensando en la película (aún en estado de digestión), escudriñando mentalmente todos los rincones de su complicado guión... y se da cuenta de que nada sobra: de que todos los actos que se han hecho plomizos formaban parte de un resultado igual de inevitable que prehistóricamente simple (el explícito título), no puedo hacer más que rendirme a sus pies y sucumbir ante muy probablemente la mejor película de 2008.

Leí en FilmAffinity algo en lo que estoy muy de acuerdo respecto a la película: Para al menos las dos primeras partes de la saga de El Padrino, William Shakespeare pareció haberse reencarnado en Francis Ford Coppola para poder retratar a la perfección, y con un sentido de la épica casi poética, la decadencia y corrupción de un hombre. Algo que parece no haber sucedido con Paul Thomas Anderson.

Pues bien, yo añado: Es cierto, pero ahí estaba el mamonazo de Stanley Kubrick poseyendo el cuerpo y la mente del joven director californiano a la hora de parir esta película.

Los que conozcan el cine de Kubrick y vean There will be blood (Pozos de ambición), me entenderéis.

Critica de "Pozos de ambición" publicada el 2008-07-05
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