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Crítica de Ninotchka

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Si quieren saber lo que es la alta comedia vean "Ninotchka"."

 


Moebius por Moebius


cartel de Ninotchka

Director: Ernst Lubitsch
Estreno: 1941-04-12
Genero: Comedia

Garbo ríe!" La insólita escena sirvió de reclamo para miles de espectadores que deseaban pasar un buen rato en un mundo ya sumido en la Segunda Guerra Mundial (como da a entender el prólogo impreso) y que aun así quedó expectante del cambio que se había producido en la carrera de la divina Greta Garbo, la actriz que redefinió la palabra "mito" y que por primera vez protagonizaba una comedia de la mano del mejor director de comedias, Ernst Lubitsch, y del mejor escritor de comedias, Billy Wilder. Una combinación que no podía fallar.

Partiendo de una historia del húngaro Melchior Lengyel, la historia de Ninotchka prácticamente había nacido del eslogan sobre la actriz; la idea era hacer que el público se quedara ojiplático viendo a la gran dama del cine reírse a mandíbula batiente. Tras rechazar un primer tratamiento, Lubitsch decidió buscar nuevos guionistas. Un año antes el jefe del departamento de guionistas de la MGM, Manny Wolf, había reunido a dos tipos muy distintos pero que demostraron trabajar bien juntos, Charles Brackett y Billy Wilder, para que trabajaran con Lubitsch en La octava mujer de Barba Azul. El gran director decidió llamar de nuevo a los dos guionistas para que trabajaran en la historia de Lengyel. Por segunda vez Wilder iba a trabajar con su cineasta más admirado.

Ninotchka relata la historia de dos mundos, el occidental y el soviético, y el amor que surge entre dos individuos de cada mundo. Tres enviados soviéticos llegan a París para vender unas valiosas joyas de una duquesa rusa exiliada. Dicha duquesa se entera de los planes soviéticos e interpone una demanda ayudada por un amante suyo, el conde D'Agoult. Mientras, los tres emisarios claudican ante los encantos de la vida occidental, y envían un telegrama a Moscú proponiendo un reparto del valor de las joyas. Una enviada especial, la camarada Nina Yakushova, es enviada a su vez para tomar el mando e investigar la situación. Poco podía esperar que los ojos de D'Agoult fueran tan irresistibles...

Diálogos ágiles, escenas memorables, grandes momentos de comedia, enternecedoras situaciones románticas... Ninotchka es una absoluta maravilla, una columna de Trajano en forma de guión que debería ser admirada por futuras generaciones. A los vertiginosos diálogos de Wilder y Brackett hay que añadir ese "toque Lubitsch" que tanto obsesionaba al guionista y futuro director austríaco, la broma insinuada, el chiste a medio hacer; en definitiva, en dejar en varias ocasiones que sea el espectador quien complete el toque cómico.

Dos futuros amantes hablando de córneas y el blanco de los ojos, un mayordomo aterrado ante la teoría revolucionaria del comunismo, tres soviéticos díscolos, un perfecto galán francés, una rusa fanática que sin embargo siente, etc. Situaciones que conforman una comedia clásica, de las mejores que uno pueda ver, bajo la batuta de un director que parecía nacido para el humor. Hablar de Ninotchka y de Lubitsch se me antoja demasiado difícil. Aunque normalmente el nombre de Wilder sea más conocido por el gran público que el del director alemán, ambos eran geniales a la hora de hacernos reír. Y Wilder nunca se cansó de hablar sobre lo bueno que era Lubitsch.
Por ejemplo contaba Wilder en el estupendo libro Conversaciones con Billy Wilder como él y Brackett se hallaban estancados mientras escribían el guión, desechando páginas y páginas, buscando un elemento que dejara claro a la audiencia que la soviética se había rendido al capitalismo. Lubitsch repasaba lo que escribían sin que nada le gustara. Entonces entró al baño, y al salir exclamó: "¡Un sombrero!". Y que me aspen si 70 años después no me sigue quedando claro como el agua.

Como en muchas ocasiones en su vida, Wilder soñó con ver a Cary Grant interpretando a su héroe o galán, en este caso el conde D'agoult. Pero el papel finalmente fue para Melvyn Douglas, que aunque no era Cary Grant no lo hizo nada mal. Aunque a veces pienso que con las magníficas frases que Wilder y Brackett ponían en su boca ninguna mujer se me resistiría, lo cierto es que Douglas era un estupendo y cómico galán.
Y, claro que sí, la Garbo rió, y volvió a deslumbrar con su mystique y gran labor interpretativa, con esa inimitable voz lánguida y profunda, demostrando porque era "la más grande". Demostró que podría haber sido coronada Reina del Cine al poner objecciones a las escenas en que Ninotchka estaba borracha, por considerarlas vulgares (aunque quedaron preciosas), y que (si son ciertos los rumores) no necesitaba maquillarse para iluminar la pantalla, pues en las primeras escenas de dura soviética al parecer no llevaba maquillaje alguno. Aunque en aquella época con la luz y la fotografía podían hacer maravillas, si la historia es cierta no cabe duda de que la Garbo era una "Venus de Milo con brazos" que diría Bon Scott; una maldita estatua griega viviente.
Algunos de los momentos más divertidos vienen de los enviados rusos Iranoff, Buljanoff y Kopalski, entre los que destaca Sig Ruman, un futuro habitual de las películas de los hermanos Marx, con su barba siempre dispuesta a dispararse. Destacar también la breve aparición de Bela Lugosi como el superior de la Garbo, el comisario Razinin.

Aunque no hace falta que orinen en la mano de su novia al ver la película (como según Wilder le escribió un espectador a Lubitsch en una tarjeta de valoración de un preestreno) hagan caso a uno de los eslóganes de la época y no traten de pronunciar Ninotchka, y véanla; si quieren saber lo que es la "alta comedia" tendrán que ver Ninotchka. Piensen que en la Unión Soviética no la pudieron ver durante décadas. Y eso es un crimen.

Critica de "Ninotchka" publicada el 2008-08-01
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