Crítica de The air I breathe

"

De culo, cuesta abajo y sin frenos"

 


Federico Casado Reina por Federico Casado


cartel de The air I breathe

Director: Jieho Lee
Estreno: 2008-09-10
Genero: Drama

A estas alturas, después de haber visto a Alejandro González Iñarritu ("Amores Perros", "Babel"), a Quentin Tarantino ("Pulp Fiction") y a Paul Haggis ("Crash") jugar con el tiempo, esto ya no impresiona a nadie. Es más, resulta un juego demasiado facilón y efectista para que el espectador diga "eh, que guay es este director, me ha sorprendido". Y el problema es que ya no sorprende a nadie. Todo consiste en esperar para ver cómo coinciden las historias, haciéndolo además de una manera muy chapucera. Si querían compararlo con Robert Altman y sus "Vidas Cruzadas", nada más lejos de la realidad, porque estas "Cuatro Vidas" (volvemos a la infamia garrula de los distribuidores españoles titulando como les sale de los cojones "The air I breathe" -o sea "El aire que respiro"-) es un ejercicio de primero de facultad de comunicación, rodado a ritmo de la MTV y con el lujo de contar con rostros conocidos. Poco más ofrece esta pobrísima visión de la felicidad, la ambición, el amor y la soledad, a través de cuatro personajes esbozados muy esquémáticamente y con poca profundidad dramática. Un gestor de cuentas de un banco, un matón que ve el futuro, una estrella del pop y un médico son los cuatro ejes de esta historia, que se va retorciendo al caprichoso ritmo de un director que más parece un niño inexperto con un caro juguete entre las manos, que un creador con voz propia. Personalmente tengo debilidad por Andy Garcia, y sus personajes malvados me chiflan, como lo hizo el magnate de "Ocean's eleven" y como lo ha hecho el mafioso inmisericorde que compone en este film. Quien me ha sorprendido ha sido Brendan Fraser: creo que es uno de los actores con mejor bis cómica que existe en el mercado internacional y casi me resulta imposible no reírme cuando le miro a la cara, aunque hay que reconocer el gran esfuerzo que está haciendo por reconducir su carrera y que nos creamos que no solo puede hacer reír (ahí lo tenemos con "Dioses y Monstruos", junto a un siempre impagable Ian McKellen o en la ya mencionada "Crash", y por supuesto en el film que nos ocupa, quizás el más creíble de sus papeles "serios"). No es nada original, siento decirlo, porque tiene momentos líricos que no están mal, pero todo resulta muy falso, muy traído por los pelos, estando cada secuencia porque sencillamente "tenía que estar ahí". Es una lástima que grandes producciones como esta se pongan al servicio de cineastas inmaduros (si podemos llamar "cineasta inmaduro" a un estudiante de negocios de Harvard, que ha hecho un cortometraje tras lo cual se ha metido a dirigir a grandes estrellas de Hollywood con un presupuesto de 10 millones de dólares, cuando en realidad debería llamarse "ni puta idea". Los experimentos, con gaseosa...). Así va la industria del audiovisual: de culo, cuesta abajo y sin frenos. Para que luego se quejen de la crisis del cine...