Crítica de Biggles, el viajero del tiempo

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A medida que avanza la acción los protagonistas empiezan a parecer secundarios, los secundarios desaparecen, la trama despliega una comicidad forzada y exagerada y las situaciones absurdas aumentan."

 


Cecil B. Demente por Cecil B.


cartel de Biggles, el viajero del tiempo

Director: John Hough
Estreno: 1986-11-16
Genero: Ciencia Ficción

En 1932 W. E. Johns creó a un héroe de la aviación británica que se haría muy popular en la literatura y el comic, su nombre era Biggles. El salto a la gran pantalla no le llegó hasta muy tarde, bien entrados los 80, cuando se le presentó la oportunidad de disfrutar una última aventura en la edad del plástico y las hombreras. Si un jugador de rugby como Flash Gordon podía hacer un touchdown en el lejano planeta Mongo y He-Man podía venir con toda su trouppe de bárbaros a la Tierra del siglo XX, ¿porqué no iba a poder un piloto de la Primera Guerra Mundial conducir un helicóptero y hacerse colega de unos punkies?

La película empieza con un plano aéreo de Manhattan mientras diversos relámpagos caen sobre los títulos de crédito y a uno le da la sensación de que alguien ha metido el dedo en un enchufe. La historia nos cuenta como, tras la visita del Comandante Raymond del Servicio Secreto Británico, el joven Jim Ferguson descubre que tiene una alma gemela en el tiempo, un piloto de combate que se apoda Biggles y que lucha contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Cada vez que la vida del aviador corre peligro, Ferguson salta en el tiempo para ir en su ayuda, de tal forma que se ve obligado a enfrentarse con el ejército alemán e intentar desbaratar la creación de una superarma sónica que podría cambiar el curso de la historia.

Suena ridículo, ¿verdad? Pues es una suerte que la cinta no intente darle sentido a tanta burrada, ya que resultaría inútil y probablemente, tedioso. Hay una escena en la que el Comandante Raymond le quita hierro al asunto comentando: “Viajar a través del tiempo no es algo imposible, hay pruebas evidentes de que sucede más a menudo de lo que uno se figura.”, y con eso a la película le basta. Hoy por hoy, a mí también.

El filme más taquillero de 1985 fue Regreso al futuro, un dato que no nos pasa por alto. Si Ferguson tiene una alma gemela en el tiempo, yo creo que también la tiene en la película de Robert Zemeckis, al igual que varios personajes y más de una situación. Al joven lo interpreta Alex Hyde-White, actor que ha hecho papeles secundarios en películas como Indiana Jones y la última cruzada y que ha protagonizado aquel calamitoso telefilme que produjo Roger Corman sobre Los 4 Fantásticos. Completan el reparto Neil Dickson, Fiona Hutchison y Peter Cushing. Destacar que la cara de este último es lo único que está bien iluminado en la película. Tras la cámara encontramos a John Hough, realizador británico que ha dirigido títulos como La leyenda de la casa del infierno, Drácula y las mellizas y Aullidos 4, y que en su momento incluso llegó a encargarse de la única aproximación de la Disney al terror; The Watcher in The Woods.


Biggles, el Viajero del Tiempo es un filme pobre en recursos, ya sean exteriores, vestuario, personajes o ambientación. Pero la trama es lo suficientemente interesante y desenfadada como para atrapar al espectador. Hay viajes temporales, guaridas secretas, combates de aviación, tiroteos, un arma misteriosa y algo de humor. Elementos que han funcionado bastante bien en infinidad de ocasiones y que aquí también funcionan, pero solo por un rato.


Lo que empieza como el canto de cisne de una estrella olvidada de la literatura y el comic, acaba como un ronquido sordo. La película no aguanta bien el tipo y se vuelve estúpida y fea. A medida que avanza la acción los protagonistas empiezan a parecer secundarios, los secundarios desaparecen, la trama despliega una comicidad forzada y exagerada y las situaciones absurdas aumentan. Como cuando roban un helicóptero, y Ferguson queda colgando en el exterior del aparato, no sabemos muy bien ni por qué ni para qué. Ferguson exclama: “¡Déjeme entrar!”, mientras que Biggles por su lado le pregunta: “¿Por qué no entra de una vez?”. Así que aparte de conseguir unos bellos planos de un tipo colgado de un helicóptero sobre el Río Támesis, no sabemos que más pretende la escena. Stanislas Syrewicz, por su lado, se encarga de componer una banda sonora totalmente inadecuada y molesta. No creo que el arma sónica alemana pueda competir con un hit como Do You Want To Be A Hero.


Y qué decir del final, esa resolución torpe, ridícula y triste, ante la que los personajes se muestran incrédulos. ¿En qué estaban pensando? Einstein solía decir que Dios no juega a los dados, pero está claro que esta película sí lo hace. Se me ocurre que John Hough necesitaría de un gemelo temporal que viajara en el tiempo para impedirle rodar este descalabro. En la última escena, la cinta contiene un chiste final a lo Indiana Jones que aun tiene su miga, pero mucho me temo que a estas alturas de la película ya no hay salvación.


La frase: “Si Alemania descubre un arma que le permita abrirse paso a través de las líneas aliadas, es probable que gane la Primera Guerra Europea. Como comprenderá el curso de la historia cambiaría y usted quedaría anclado en 1917 como un huérfano en el tiempo. Y solo Dios sabe lo que nos pasaría a los demás.”

Y que conste que esto no lo dice el Dr. Emmett Brown, sino Peter Cushing.


lo mejor Lo mejor de "Biggles, el viajero del tiempo"...

El arranque.

lo peor Lo peor de "Biggles, el viajero del tiempo"...

La tomadura de pelo final.

Critica de "Biggles, el viajero del tiempo" publicada el 2008-11-16
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