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Crítica de El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

"

una película que hipnotizará a unos y asqueará a otros, con una música arrebatadora y un final apotéosico"

 


elprimerhombre por elprimerhombre


cartel de El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

Director: Peter Greenaway
Estreno: 1989-11-19
Genero: Drama

Elprimerhombre ha visto El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, de Peter Greenaway, una película fascinante, cargada de imágenes ciertamente desagradables que no deja a nadie indiferente.

La historia es propia del mundo del señor Greenaway, con decorados absolutamente teatrales, al igual que la manera de situar a los personajes. En este caso, el argumento se basa en la figura de Albert Spica (Michael Gambon), el dueño de un restaurante cuya mayor peculiaridad es su mala educación, produciendo verdadero asco en el espectador. Sus palabras y sus actos están llenos de maldad y durante los primeros veinte minutos o media hora sólo abre la boca para soltar tacos o ocurrencias propias de su grosería (como en todo el film), siendo casi el único que dice algo de toda la banda que lleva consigo, como un tal Mitchel (Tim Roth), que siempre intenta estar al lado de su amo. Este comienzo es una dura prueba para el espectador que si la pasa se irá acomodando al desarrollo de la película, dejándose llevar por la buena dirección del director, por las imágenes y por la música.

El argumento es bastante atrayente, sobre todo por lo bien que evoluciona durante el film, aunque parezca que el personaje grotesco del señor Spica lo altere todo en sus momentos más gloriosos de su siempre inoportuna presencia. Pero se podría decir que sus terribles apariciones se equilibran muy bien con la historia de amor paralela de su mujer Georgina (Hellen Mirren) con un cliente del restaurante, Michael (Alan Howard), un enamorado de la literatura, cuya fogosidad del primer encuentro en los servicios acabará por provocar una verdadera pasión que les conducirá a hacer el amor cada día hasta en la cocina del restaurante, con el beneplácito del chef Richard (Richard Bohringen). Sin embargo, por un chivatazo, el señor Spica se enterará del afer de su mujer y no se cansará de buscarlos por todo el establecimiento, destrozándolo todo lleno de furia y de rabia. A partir de aquí, el film entra en un momento crítico, con la obligada huida de la pareja enamorada y con la estimable ayuda del chef. Es entonces cuando descubrimos la librería de Michael, el mejor lugar de reclusión para los dos. Aunque al final, el señor Spica encuentra el escondite, resultando ser la mejor parte del film, acabando en un soberbio final que deja estupefacto a todos los espectadores que se han dejado llevar hasta ese momento glorioso.

En mi caso, sin darme cuenta y sin poder apartar la mirada de la pantalla, Greenaway me va atrapando poco a poco, consiguiéndolo totalmente hacia la mitad del film. Mis cinco sentidos parecen estar volcados de manera unánime a lo que estoy presenciando, creyendo tocar el decorado, olfatear y saborear la comida, ver delante mío los inmensos escenarios y oír a mi lado la música de Michael Nyman que en verdad entra dulcemente por cualquier oído amante de la bella música y sobre todo esa voz de tiple del chico rubio, un personaje un tanto extraño y peculiar que da un punto más de interés al film. La fotografía de Sacha Vierny y el vestuario de Jean Paul Gaultier también ayudan a remarcar la belleza de las imágenes, como el cambio de escenario o de color (gran contraste entre el rojo del pasillo donde se encuentra la pareja por primera vez y el blanco del servicio). Y casi todas las escenas que no se sitúan en la mesa de los comensales, están rodadas con planos muy generales y con travellings lentos, al ritmo de la melodía. Pero sin lugar a dudas, me rindo a los pies del señor Greenaway por su escena final, emotiva y "suculenta".

Para acabar, Peter Greenaway da mucha importancia a la referida música para aportar un dulce acompañamiento a esas imágenes a veces tan barrocas y oscuras. Michael Nyman ha compuesto la banda sonora de varias de sus películas pero, en concreto, quiero destacar la de El vientre del arquitecto (1987), en la que aparecen algunas composiciones de Wim Mertens que producen en mis oídos algo tan emocionante e indescriptible que no ceso en considerarlas como de las melodías más bellas creadas por el ser humano. Y no es raro pensar que Greenaway utiliza un lenguaje cinematográfico bastante peculiar, junto con unas historias poco convencionales que, según muchos críticos y parte del público, son demasiado exhaustivas. Su faceta de pintor y su marcada tendencia por usar diferentes medios de expresión, como lo hizo en The Pillow book (1995), ayudan a que su cine sea un modo de distinción a la hora de proyectar al espectador lo que se sitúa en escena, provocando que algunos piensen que sea una manera bastante pretenciosa de demostrar algo más que una historia.

En definitiva, una película que hipnotizará a unos y asqueará a otros, con una música arrebatadora y un final apotéosico.


lo mejor Lo mejor de "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante"...

Su capacidad para crear una atmósfera cargante y bella a la vez.

lo peor Lo peor de "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante"...

Que algunos sólo vean lo grotesco en sus imágenes.

Critica de "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante" publicada el 2008-11-19
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