Crítica de El abogado del terror

"

La figura de Vergès sirve para trazar un claro recorrido por el Terror mundial que se apoderó del Siglo XX, y su enorme relevancia en tanto texto fílmico, proviene del sustancial alejamiento del maniqueísmo típico del discurso cinematográfico."

 


Leo A.Senderovsky por Leo A.Senderovsky


cartel de El abogado del terror

Director: Barbet Schroeder
Estreno: 2008-10-17
Genero: Documental

Barbet Schroeder, director de reconocidos thrillers como El misterio Von Bulow, Mujer blanca soltera busca, Medidas desesperadas y La virgen de los sicarios, vuelve a su cuna profesional y al documental, género que no frecuentaba desde The Charles Bukowski Tapes, de 1985. La síntesis de la línea ideológica que Schroeder sostiene en este monumental film está resumida en su título. En efecto, Jacques Vergès es un profesional que durante toda su carrera ha asumido la defensa de algunos de los peores criminales de la historia del siglo XX. Basta ver la profusa lista de fotos que se muestra en los créditos finales, para repasar nombres de dictadores, torturadores, terroristas y demás criminales de todo el mundo que han sido defendidos por este abogado francés. Afortunadamente, pese al contundente título y a la lista final, el discurso no ensombrece lo que aquí se cuenta. En primer lugar, este documental es un relato en primera persona de la controversial figura de Jacques Vergès. Lo primero a elogiar es el peso que adquieren las entrevistas que se le han hecho a Vergès para este documental. Vergès se muestra como una persona enormemente carismática y poseedor de una astucia profesional que lo lleva a manipular y construir cualquier tipo de discurso. Si resulta altamente reprobable su adhesión a terribles causas y movimientos ideológicos, su peculiar conexión con nazis de la talla de Klaus Barbie o François Genoud, con fundadores del terrorismo antijudío como Waddi Haddad, y con dictadores africanos, siempre bajo el ala ideológica del anticolonialismo, su sólida construcción de discurso (que logra camuflar cuantiosas contradicciones) y la sonrisa habitualmente dibujada en su rostro mientras fuma uno de sus habanos y despliega toda su inteligencia, lo convierten en un personaje fácil de digerir, y hasta simpático. Esta dualidad entre el terrible nivel de los acontecimientos históricos que se narran, y el íntimo acercamiento que establece el documental con ex terroristas y viejos contactos de Vergès, y especialmente con el mismo Vergès, lo convierten en un thriller político infinitamente más complejo que el común de películas, documentales o de ficción, en ese género. Porque más allá de las mil caras de este abogado, la película reconstruye una amplia red de información respecto a diversos casos y personajes con los que Vergès estuvo involucrado. Y si la enorme cantidad de datos que acumula el documental en sus dos horas y cuarto tiende a abrumarnos, sirve para evidenciar que, independientemente de la escalada profesional de Vergès, no hay distancia entre los extremistas, sea cual sea su origen, todos se encuentran interconectados. Basta extraer un solo dato de la película para ver ello, cuando uno de los entrevistados afirma que el nazi François Genoud apoyó económicamente el surgimiento del terrorismo palestino, y las consiguientes pruebas de la relación entre Genoud y Haddad, con Vergès como ladero legal de ambos movimientos. Schroeder, más allá de dejar claro al comienzo y al final de la película su posición ideológica, parece fascinarse con el carismático abogado y lo deja hablar, consciente del peso de su discurso. Una de las líneas que define al personaje aparece cuando Vergès afirma, ante la pregunta si sería capaz de defender a Hitler, que se atrevería hasta defender a Bush (sic) siempre y cuando se declare culpable. La figura de Vergès sirve para trazar un claro recorrido por el Terror (con mayúsculas) mundial que se apoderó del Siglo XX, y su enorme relevancia en tanto texto fílmico, proviene del sustancial alejamiento del maniqueísmo típico del discurso cinematográfico. Lejos de los “buenos” y “malos” de siempre, aquí la maldad se transmuta en una precisa descripción de todos y cada uno de los “malos”, desde quienes adscriben fervorosamente a determinada línea ideológica, hasta aquellos que ven en el terrorismo una inmejorable oportunidad económica. Empezando, claro, por las múltiples, contradictorias y fascinantes facetas de Jacques Vergès.

lo mejor Lo mejor de "El abogado del terror"...

La precisa y minuciosa manera de describir el terrorismo, y a Jacques Vergès.

lo peor Lo peor de "El abogado del terror"...

El miedo que genera creer en su discurso, y que la enorme cantidad de información parece no caber en un solo film.

Critica de "El abogado del terror" publicada el 2008-12-29
Ver más críticas de Leo A.Senderovsky


Otras criticas de El abogado del terror

Ver todas las críticas de