Crítica de Déjà Vu

 
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Un filme con sus puntos a favor, pero demasiado saturado de tópicos, de simplismo, de ciencia ficción relamida, de resoluciones previsibles. Pero también es un buen juguete para pasar un rato entretenido, ensanchando un poco la manga cinéfila."



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José A. Peig por José A.
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cartel de Déjà Vu
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Director: Tony Scott
Estreno: 2006-12-01
Genero: Suspense



El título de la película puede resultar engañoso, si atendemos al contenido implícito que se desarrolla a lo largo de una narración, según diría alguno, “a trompicones”, aunque la verdad es que el director y los guionistas nunca pierden de vista lo esencial; narración fluida y sin tapujos, diría yo. Decía que el título puede mover a engaño porque aquí lo que se enfatiza es otra cosa, sustentándose en reiteradas situaciones que remiten a la común y extraña sensación de “esto ya lo he vivido”, lo cual no es más que una excusa para estructurar el relato. En realidad, es un discurso -otro más -sobre dios o sobre la existencia de un orden divino, reivindicando el valor del sacrificio en el contexto social y simbólico post-11 de septiembre. Cine ideológico, cine controlado y regurgitado por la industria y el aparato propagandista que lleva detrás.


La idea es muy simple; thriller policiaco mezclado con elementos y temáticas propias de la ciencia-ficción. Y eso es lo que Scott quiere crear; un filme serio sobre la condición humana en un contexto específico. Los elementos fantásticos sirven para adobar y alegrar un poco la trama, una historia tópica y relamida en centenares de filmes pasados y presentes. Eso sí, en situaciones puntuales logra ser original, como en la persecución por carretera a dos tiempos. Es decir, la única forma de salvar la película era introduciendo los viajes temporales, lo cual tampoco es nada nuevo. Una palabra que define el principal problema de esta película -y que también es el problema de la mayor parte del cine comercial actual - es la palabra “saturación”. Saturación de tópicos y lugares comunes, saturación de “latigillos” propios del suspense policiaco y del genero de ciencia ficción. Tanto en la caracterización como en el planteamiento argumental, todo se sustenta sobre clichés insustanciales.
Las paradojas temporales, el patriota psicokiller, el consabido elenco secundario que no ejerce otra función que la de hacer de “relleno”, las típicas situaciones “in extremis”... ese mismo material, bajo una mirada fresca y genuina, pudo ofrecer mucho más, pero aquí se insiste en el retrato pálido y el refrito de géneros conjugados con bastante torpeza.

La puesta en escena pierde por un lado lo que gana por el otro: enérgica a base de primeros planos y movimientos y cambios electrizantes. Sirve como eficaz estilo visual que se amolda bastante bien al tono del relato, pero, una vez más, terminamos en la saturación: popurrí telefilmico, sin un verdadero estilo estético. Bajo el electrizante pulso de la cámara no hay más que inanidad y truco efectista.

Sin embargo, tiene su punto de honestidad puesto que la historia transcurre, según lo indicado en un párrafo anterior, con fluidez y con un más que correcto sentido dramático, enmarcando la odisea espacio-temporal del agente protagonista en un proceso de ínfulas filosóficas ( eso sí, muy manidas y poco originales) sin necesidad de dar explicaciones que entorpezcan la fluidez narrativa. Cada significado emerge en cada uno de los gestos, situaciones y “encontronazos” con el destino, manteniendo siempre la idea central de que, por mucho que se intente mejorar, cambiar o introducir una variación esencial en el continuo temporal, siempre hay un reducto inalterable, un orden superior inamovible frente a los deseos del ser humano. Y hay un precio que pagar.

En definitiva, un filme con sus puntos a favor, pero demasiado saturado de tópicos, de simplismo, de ciencia ficción relamida, de resoluciones previsibles. Pero también es un buen juguete para pasar un rato entretenido, ensanchando un poco la manga cinéfila.

Critica de "Déjà Vu" publicada el 2006-12-04
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