Crítica de El Luchador

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El luchador es una obra maestra. Es imperecedera, una película espléndida que el tiempo pondrá en su sitio, una obra excepcional que encierra una bella paradoja: rodeada de gigantes de la lucha libre americana se hace grande por lo pequeña que es."

 


Francisco Menchón por Francisco Menchón


cartel de El Luchador

Director: Darren Aronofsky
Estreno: 2009-02-20
Genero: Drama

RUINAS 

El luchador es una obra maestra. Es imperecedera, una película espléndida que el tiempo pondrá en su sitio, una obra excepcional que encierra una bella paradoja: rodeada de gigantes de la lucha libre americana se hace grande por lo pequeña que es.

Mientras se vende con palomitas y a todo color que más es más: más presupuesto, más efectos especiales, más semanas de rodaje, más tecnología, más estrellas y más oscars; esta película pequeña destapa la verdad, que menos es más. Que los petardos de siempre - directores ególatras incultos, productores que disimulan su impotencia creativa y público embobado – aprendan lo que es el cine; antes que espectáculo el cine es arte – sin ser incompatible una cosa con la otra – y quien sólo busque sacar tajada… como en la película de Rosales, tiro en la cabeza.

Randy Raw Robinson es un luchador de wrestling que la edad coloca en caída libre y que intenta adaptarse a otra realidad fuera del ring agarrándose a las pocas huellas reconocibles que ha ido dejando por el camino.

Un solo detalle del guión de El luchador vale más que todos los Michael Bay de turno: el maduro y hercúleo luchador de wrestling y la veterana y frágil bailarina de striptease viven en dos universos paralelos imposibles de conciliar; mientras el luchador se empeña en que le llamen por su nombre de guerra y no por el que marca su carnet, la bailarina lucha por recuperar su verdadero nombre y olvidar para siempre su Cassidy de cabaret. Jamás podrán estar juntos.

El protagonista es un hombre que sólo se siente auténtico cuando lucha aunque sus luchas sean más falsas que un sprint de Ben Johnson. Sin embargo la lucha es la realidad que conoce, donde se siente seguro, gigantes de doscientos quilos que son su única familia, “ahí fuera (del ring) es donde siento los golpes” dice. En ese otro mundo ajeno que se rige por leyes desconocidas pierde el combate una y otra vez: con su trabajo de carnicero - Raw, su alias en el ring, significa carnero - donde se hace imposible mantener su orgullo de Dios; con su hija abandonada a su suerte y que pretende recuperar con la torpeza y los errores propios del que sólo se sabe sus reglas de bárbaro; con la mujer que ama y cree su media naranja por ser también una mujer espectáculo a la que adoran las masas.

El luchador es un juguete roto - el magnífico documental de Manuel Summers - como las magistrales Aflicción y El asesinato de Richard Nixon.

La empatía con el protagonista es brutal, ver a quien ha sido ídolo – el poder de lo efímero, el perdedor que hay en todos nosotros – atendiendo a los compradores mediocres y bastardos que somos todos da grima y colma su paciencia de guerrero.Y el descanso del guerrero, su único pedazo de gloria fuera del ring, tan minúsculo como reconocible y grandioso, sucede en un bar roñoso como sus vidas donde luchador y bailarina se sonríen y de tan mortales resultan extraordinarios bebiéndose una efímera cerveza, lúpulo que olvida vacíos y abandonos y hace soñar ilusiones. Maravillosa escena de cine que toca el alma.

Darren Aronofsky director falsamente elevado a los altares por películas con demasiados fuegos artificiales como Réquiem por un sueño da una lección de puesta en escena como no se recuerda desde 4 meses, 3 semanas y 2 días de Cristian Mungiu, demostrando que ha entendido el drama de los perdedores y multiplicándolo con la honestidad de su cámara:

1) como en los magistrales títulos de crédito que dan inicio a la película y que muestran pósters y recortes de revistas de su vida como luchador con un travelling que comienza en alza hasta que declina y baja verticalmente contando con ese genial detalle la ascensión y caída del protagonista;

2) como el primer plano del film que presenta al luchador sentado de espaldas al fondo de una sala vacía y tosiendo amargamente;

3) como los travellings de seguimiento de los personajes que siempre son por detrás haciéndonos sentir que el mundo les da la espalda;

4) o como ese salto al vacío del último plano que supone su suicidio, su caída a un pozo oscuro y profundo, su muerte.

Mickey Rourke y Marisa Tomei están magníficos porque son papeles que conocen, que interiorizan y crean un especial vínculo de terrible complicidad silenciosa y fatalidad con el espectador.

Retratar la vida es retratar las ruinas. “Más allá, sólo la muerte” que escribió James Joyce.

lo mejor Lo mejor de "El Luchador"...

Todo de pe a pa.

lo peor Lo peor de "El Luchador"...

Que no se hagan mil películas como ésta por cada Hermanos por pelotas o Transformers de turno.

Critica de "El Luchador" publicada el 2009-02-24
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