Crítica de Los pasajeros del tiempo

 
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Una película que se toma el viaje en el tiempo con mucha frivolidad, que tiene una premisa muy imaginativa, pero que desaprovecha gran parte de su potencial y no cumple con las expectativas."



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Director: Nicholas Meyer
Estreno: 1979-03-01
Genero: Ciencia Ficción



Londres 1893, una puta borracha hace su último servicio cuando Jack el Destripador la abre en canal. Poco después el asesino pasa por casa de H. G. Wells, el padre de la ciencia ficción literaria, donde toma una copa, entra en calor y entabla una amistosa charla. De repente irrumpe Scotland Yard y el Destripador se da a la fuga gracias al último invento del joven Wells: una máquina del tiempo que funciona con energía sostenible y es 100% ecológica. A Wells no le quedará más remedio que viajar al futuro, concretamente a 1979, para intentar cazar al maníaco homicida.


El leit motiv de la cinta es un encuentro ficticio entre dos personajes históricos, como también sucede en la reciente Miguel y William (2007) por ejemplo, aunque aquí la trama está sazonadas con elementos de La máquina del tiempo, una novela que el propio Wells escribiría en 1895 y que ya tuvo su magnifica adaptación a la gran pantalla de la mano de George Pal. Se nota que a Nicholas Meyer, el director y guionista, le gustan este tipo de experimentos narrativos, ya que en Elemental, Dr. Freud (1976) reunió en un filme a Sherlock Holmes y Sigmund Freud, y en Star Trek IV. Misión: Salvar la tierra (1984), trasladó a los pasajeros del Enterprise a los Estados Unidos de la década de los 80.


En el papel de H. G. Wells tenemos al británico Malcolm McDowell, que aquí encarna al héroe, todo un cambio de registro, ya que es más conocido por interpretar a famosos villanos del celuloide, como el ultraviolento y gamberrete Alex de La naranja mecánica (1971), el cerdete protagonista de Calígula (1979), el hombre que mató al capitán James T. Kirk en Star Trek VII: La próxima generación (1994), o el mafioso y filántropo Linderman en la serie televisiva Héroes (2006-…). La interpretación que nos brinda McDowell es correcta, pero David Warner se lo come con patatas. El actor interpreta a Jack el Destripador, y también está muy acostumbrado a este tipo de papeles retorcidos, como en 39 escalones (1978) o Tron (1982). Mary Steenburgen, finalmente, pone el toque femenino y americano a la función. La actriz ha trabajado con directores de la talla de Woody Allen, Milos Forman o Jonathan Demme, y tras el rodaje empezó un romance con Malcolm McDowell, que dio para una boda y dos hijos, aunque actualmente está casada con Ted Danson, el camarero de Cheers (1982-1993).


La principal baza del filme es el cara a cara existente entre Wells y el Destripador, un duelo más intelectual y moral, que no físico. Entre los dos existen importantes diferencias ideológicas que se ponen de manifiesto durante una partida de ajedrez, en que lucha la razón contra el instinto. Wells piensa que el futuro llevará el hombre hasta una utopía social, mientras que su oponente cree firmemente que vivimos en una constante carnicería cósmica. Tras viajar en el tiempo, se hace obvio quien encaja y quien no, porque Jack va vestido conforme a la época en que se encuentra, mientras que Wells lleva siempre los atuendos del siglo pasado. Esta contienda entre ambos ofrece algún que otro buen momento, pero a mitad del filme comienza a quedar eclipsada por la incursión del elemento romántico en la trama, una historia de amor cursi y poco interesante que está metida con calzador.


La película también ofrece un buen intento de recuperar el espíritu de las viejas epopeyas victorianas, algo que se destila del tono aventurero y de la estética pulp imperante en el primer tercio, pero todo el encanto y la magia que pueda conseguir se pierde al vernos envueltos en pleno siglo XX, algo que causa cierta sorpresa inicial, pero que luego cae en la rutina y la mediocridad. El choque generacional a veces es tratado de forma ocurrente y otras de manera forzada y poco hábil, intentando que la película adquiera unos tintes de comedia ligera que no siempre cuajan. La historia, además, no sabe muy bien hacia dónde tirar y solo posibilita un final, que el espectador ya sabe de antemano.


Los pasajeros del tiempo, en definitiva, es una película que se toma el viaje en el tiempo con mucha frivolidad, que tiene una premisa muy imaginativa, pero que desaprovecha gran parte de su potencial y no cumple con las expectativas. Aunque si uno no es muy exigente, aun puede pasar una tarde de domingo bastante entretenida.



La frase:
“La velocidad crucero es de dos años por minuto”.

lo mejor Lo mejor de "Los pasajeros del tiempo"...

La premisa, el duelo moral entre H. G. Wells y Jack el Destripador y la interpretación de David Warner.

lo peor Lo peor de "Los pasajeros del tiempo"...

El romance y hacia donde se decanta la película.

Critica de "Los pasajeros del tiempo" publicada el 2009-03-01
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