Crítica de Hardcore

"

Es por ello que una mirada limpia a la segunda película de Schrader hay que dirigirla valorando en primer lugar la arriesgada apuesta que el norteamericano plasmó, atreviéndose a descender casi a las cavernas de un submundo en el fondo tan cercano."

 


Andrés Pons por Andrés Pons


cartel de Hardcore

Director: Paul Schrader
Estreno: sin fecha
Genero: Drama

Es Paul Schrader uno de mis autores favoritos dentro del celuloide, tanto sus guiones en Taxi driver, la última tentación de Cristo. Pasando su apuesta por la dirección donde destacaría Auto-Focus o Afliction. Se destaca un estilo dentro de lo sórdido, personajes adictivos que se mueven en mundos sucios y llenos de crueldad. Hardcore es una de sus primeras realizaciones y se pudo rodear de dos grandes. El general Patton George c. Scott y el jovencito Frankenstein Peter Boyle.

Se contempla HARDCORE con mayor objetividad que en el momento de su estreno, como se pueden evocar esas descripciones cuasi rurales con fondo nevado –que adelantan la atmósfera física de AFLICCIÓN (Afliction, 1997)-, o como la presencia en una panorámica urbana del letrero de una sala cinematográfica anunciando LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (Star Wars. 1977, George Lucas) adquiere hoy día un carácter casi de testimonio. Es por ello que una mirada limpia a la segunda película de Schrader hay que dirigirla valorando en primer lugar la arriesgada apuesta que el norteamericano plasmó, atreviéndose a descender casi a las cavernas de un submundo en el fondo tan cercano. Dejando a la altura del betún posteriores acercamientos a ese mundo como la cuasi lamentable ASESINATO EN 8 MILÍMETROS (8mm, 1998, Joel Schumacher) o incluso la española TESIS (1995, Alejandro Amenábar), Schrader no tiene empacho de ofrecer una mirada indudablemente moralista a un universo lleno de luces de neón, de aspectos oscuros, de reglas, chulos y macarras, de perversión incluso, que en buena medida emergen quizá por elementos culturales y religiosos que dan como resultado seres humanos como el respetable ciudadano Jake Van Dorn (un excelente George C. Scott). Acomodado fabricante de muebles en una pequeña localidad de Utah, caracterizado por su fundamentalismo religioso de ascendencia calvinista –idéntica procedencia que la de Schrader-, de la noche a la mañana ha de adentrarse en un mundo paralelo que existía y al que simplemente ni siquiera se había planteado a penetrar –para él el sexo tiene una muy corta importancia y un matiz negativo-, al comprobar que su hija se ha fugado de su entorno y poco después descubra –en un momento de casi dolorosa fuerza dramática- que ha participado en la filmación de en una película porno de aspecto lamentable.

A partir de ahí su universo se va desmoronando poco a poco y sus objetivos se centrarán en la búsqueda de su hija Kristen. Primero contratará a un detective (interpretado por Peter Boyle), poco después él mismo decidirá recorrer las ciudades y rincones en los que la presencia de clubs, tiendas de artículos pornográficos y casas de citas se convertirán en moneda corriente en sus pesquisas. Jake incluso se disfrazará y simulará ser un rico empresario interesado en invertir en films pornográficos. De forma paulatina con su descenso a ese particular infierno, inconscientemente irá mostrando una especial mirada que comporta el haber entrado en un mundo que no existía para él, por más que de alguna manera conociera su existencia. Y del mismo modo que el espectador va conociendo de su mano y por medio de una narrativa muy fluida y adecuada -cuando este se va acercando al paradero de su hija- Jake encontrará la inesperada ayuda de Niki (Season Hubley), una joven prostituta que paulatinamente revelará mucha mayor integridad que el aparentemente intachable padre de Kristen. Pese a que ese contraste de personalidades ejerza en un momento determinado como motivo de reflexión para Jake, es evidente que llegado el momento de la resolución de la búsqueda, ambos personajes retornarán a sus mundos respectivos, disociándose esas dos líneas diagonales que en un momento determinado se cruzaron en la jungla de la sociedad norteamericana.

Son bastantes los elementos a destacar en HARDCORE. Por un lado esa ya mencionada línea narrativa que logra que en todo momento el guión –obra del propio Schrader- fluya sin altibajo alguno. Su planificación es siempre medida –algo que hay que destacar dadas las viciadas formas visuales de aquellos años- y el ritmo adecuado, logrando trasplantar en la pantalla las diferencias de los ambientes rurales y cerrados que se desarrollan en las secuencias de apertura –dominadas además con un tono fotográfico neutro aunque con la aplicación de ciertas notas de color –especialmente en los mobiliarios- de tonos pastel. En su oposición, una vez centrada la acción en las zonas urbanas nocturnas destinadas a los centros de pornografía, el predominio de las luces de neón, los colores estridentes y ambientes casi asfixiantes serán el denominador común. A esta utilización dramática de la iluminación –estupenda fotografía del posterior y efímero director Michael Chapman-, hay que añadir la de espejos que en diversas ocasiones servirán para reforzar el sentido y la dualidad de algunas secuencias.

No se puede ocultar el eco que de la estupenda TAXI DRIVER (1976, Martin Scorsese) hay en HARDCORE –Michael Chapman fue igualmente el operador de fotografía en aquel caso-, también es cierto que nunca se apreciará lo suficiente la aportación de Schrader en la célebre película del newyorkino. En este caso ese descenso al submundo de la venta del sexo en sus diversas y más sórdidas variantes adquiere una tonalidad diferente, en la que incluso se aportan ciertas notas humorísticas y que chirría en algunas ocasiones, fundamentalmente en aquellas secuencias que muestran el mundo del rodaje de películas porno –tanto la caracterización de sus productores y directores como los propios momentos de rodaje-.

En cualquier caso y pese a estos pequeños baches, el balance de HARDCORE es altamente positivo. Esa bajada a otro nivel de la sociedad de consumo creado en buena medida por mentalidades conservadoras, ese viraje a otra realidad realizado por un individuo de cerrada mentalidad religiosa, tiene secuencias fascinantes envueltas en angostos pasillos tímidamente iluminados con estridentes contrastes de color, con alusiones incluso al propio artificio cinematográfico –ese momento de la persecución final al cowboy por medio de frágiles y sórdidos decorados del mundo sadomasoquista que son destrozados por la ingerencia de perseguidor y perseguido, y en la que esa búsqueda de redención personal de Jake Van Dorm –“lo tengo que hacer solo” llegará a decir a su cuñado y mejor amigo-, ofrece momentos tan memorables como esa sincera conversación a pleno día y en un banco de paseo con la joven Miki, en la que revela el muro infranqueable que separa a dos mentalidades en apariencia opuestas pero finalmente más cercanas de lo que pudiera parecer, y en donde quizá la joven prostituta se muestra mucho más noble en sus afectos y capacidad de ayuda que el aparentemente intachable ciudadano. Sin duda una llamada de atención de una sociedad enferma y llena de prejuicios, en la que la apariencia pocas veces se corresponde con la realidad, puesto que es la hipocresía y la falsedad de una moralidad puritana la que, como siempre suele suceder, crea situaciones, entornos y perversiones como las que muestra esta HARDCORE. Una película más acertada, valiente y transgresora de lo que se quiso ver en su momento, y un paso adelante en la trayectoria de un Paul Schrader que con el paso del tiempo se puede considerar de las más valiosas del cine norteamericano de las últimas generaciones.

lo mejor Lo mejor de "Hardcore"...

La valentía de mostrar un mundo tan grotesco.

lo peor Lo peor de "Hardcore"...

La caracterización de los profesionales del porno.

Critica de "Hardcore" publicada el 2009-03-25
Ver más críticas de Andrés Pons