Crítica de Star trek v: la última frontera

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El medio y su mensaje nos hace entender que la ciencia ficción es un vehículo hacia un entretenimiento de sensaciones inmediatas y de contornos muy concretos. "

 


José A. Peig por José A.


cartel de Star trek v: la última frontera

Director: William Shatner
Estreno: 1989-04-19
Genero: Ciencia Ficción

The Final Frontier destaca entre todas las películas que componen el viaje a las estrellas. No sin razón se la consideró un signo claro del declive de la saga debido al propio agotamiento de ideas y de recursos. Pero vamos a abrir camino y a remover inquietudes. Su aparente vacuidad se manifiesta en la expresión del texto tanto como en el trabajo plástico, en el resultado del cual no encontramos muchas diferencias con el de un producto de serie Z. No obstante, partimos de la base de que Star Trek ha conseguido perfilar las esencias de la ciencia ficción de tal modo que son accesibles a todos los públicos, quedando libre de pretensiones intelectualistas que puedan estropear esa fluidez inspirada en las texturas del folletín y, consecuentemente, es una eficaz fórmula de cara a sintetizar los lugares comunes de la ciencia ficción en un soporte audiovisual destinado al consumo en masa. Pero la excepcionalidad de The Final Frontier no esta definida únicamente en relación al contexto de la saga sino en el de la historia del cine en general. No es fácil encontrar una ejecución tan torpe y que, sin embargo, funciona. Es decir, siendo desde luego lo que coloquialmente decimos una "mala película", porque la imaginación visual del director brilla por su ausencia y por la acumulación de imágenes estereotipadas que se derivan del guión, el hecho es que realiza la función específica para la que fue creada en una espléndida Imagen del trío principal (Kirk, McCoy y Spock) referida a su vulnerabilidad y al decaimiento de la misma saga de la que ellos han sido y son el alma. A nivel temático expresa una oda a la amistad y a la condición del aventurero partiendo de la situación desarrollada en Yosemite Park y de la que surge la idea de la vida como sueño, el dolor del héroe solitario y la necesidad de encontrar una familia. Estas respuestas podían venir con el estímulo que aporta Sybork, el iluminado que busca el absoluto en algún lugar del cosmos. Cuando la comitiva llega al planeta que se esconde más allá de la última frontera se encuentra con un Dios falso que exige poseer la nave con la que han viajado hasta allí. La expresión “¿para qué necesita Dios una nave?” - en boca de Kirk - esta dotada del sentido cómico y de la originalidad necesarias en una secuencia clave de la acción, y merece estar en la mejor antología del universo Trek. Sybork, el hombre que les ayudó a afrontar un dolor enraizado en sus orígenes familiares, perece por causa de su sueño, y lo hace ante un ente que representa una ilusión alimentada por esa necesidad de respuestas. En suma, hablar del hombre que busca a Dios, si entendemos esto como una realización interior. La última secuencia cierra la aventura en el mismo punto donde había empezado. Tres amigos - esta vez más cerca de sí mismos y de sus homólogos - cantan junto a la hoguera al ritmo de un evocador travelling en retroceso que culmina con una panorámica del cielo nocturno. En realidad, el viaje a la última frontera del universo solo ha sido un sueño reparador. Y entonces es cuando mejor encajan las licencias de William Shatner a la hora del uso y abuso de parodias y humor de brocha gorda que traiciona algunos rasgos esenciales, como el típico hieratismo de Spock al cual podemos ver aquí haciendo piruetas de lo más burdas que libran al personaje de reiterar el ceño levantado y su pose reflexiva. Esto no es una vulgarización del mito sino un ejercicio libérrimo que encuentra una mayor soltura y cercanía para con los personajes y que introduce a la película en una categoría distinta a la de sus precedentes. De hecho, la película viene a ser la versión "kitsch" de aquella seriedad hierática que predomina en The Motion Picture, con la cual comparte una temática similar.

Sería absurdo fustigarla haciendo mención a las pretensiones de trascendencia referido a una película que busca perfilar caracteres para la eficacia del simple entretenimiento, y no el ser un vehículo hacia las profundidades de la vida. El medio y su mensaje nos hace entender que la ciencia ficción es un vehículo hacia un entretenimiento de sensaciones inmediatas y de contornos muy concretos. Por tanto - y para entender definitivamente por qué funciona una ejecución tan limitada en recursos y pobre en profundidad dramática - su planicie viene dada por un lenguaje estereotipado que permite ensalzar a los personajes y a las situaciones clave, dotando de potente significado a un desarrollo singular, siempre que sepamos valorarla desde el pálpito de la cinefagia más atrevida. Porque lo cierto es que ante la Claridad de su Imagen, Star Trek V es una chapuza que solo puede serlo cuando la contemplamos exclusivamente desde la limitada visera que nos imponen los preceptos tradicionales.

Critica de "Star trek v: la última frontera" publicada el 2009-04-19
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