Crítica de Los espigadores y la espigadora

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Los espigadores y la espigadora constituye el paradigma de una forma de vivir respetable y fidedigna, en el que vemos el estilo peculiar de Agnès Varda"

 


elprimerhombre por elprimerhombre


cartel de Los espigadores y la espigadora

Director: Agnès Varda
Estreno: 2002-05-27
Genero: Documental

Elprimerhombre ha visto Los espigadores y la espigadora, de Agnès Varda, un curioso, bienintencionado y aclamado documental que muestra, de una forma original, el modo de vida de diferentes personajes que se dedican a recolectar en el campo lo que sobra de las cosechas y a recoger de las ciudades lo que se pueda encontrar por el suelo y en las basuras. Son los que la directora llama "los espigadores urbanos y rurales", algunos obligados por necesidad y otros por no querer despreciar lo que la sociedad tira.

Basándose en las pinturas de François Millet y Jules Breton sobre espigadoras, Varda nos introduce en un mundo en el que no hay desperdicio alguno que no sea aprovechado, dándose cuenta el espectador de la facilidad que tenemos los humanos de menospreciarlo casi todo, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestro acto. Por ejemplo, toneladas de patatas son tiradas en el campo por tener un tamaño superior al recomendado para su comercio y ahí es cuando aparecen hombres y mujeres que por su situación económica o por el simple hecho de no perder una oportunidad, recogen las que están mejor, llevándose consigo cientos de kilos y dejando aún varios miles de patatas esparcidas a la intemperie. El problema de este asunto es que no muchos saben dónde se tira todo esto. Lo mismo ocurre en los supermercados. ¿Cuánta comida se arroja a la basura sin tener la dignidad de distribuirla o aprovecharla para los más necesitados?.

Y esto lo plantea muy bien la directora que sabe por donde tiene que seguir el curso de su investigación, utilizando hasta algunos magistrados para corroborar el hecho de que la ley está a favor de los "espigadores" o "recolectores", a los que a veces se les ha negado el paso a cosechas en las que han sobrado o no se pueden comercializar bastantes quilos de fruta o verdura. Por esto, valoro muy positivamente las intenciones de Varda, permitiéndose, a mi entender y con razón, el lujo de incluirse en el título del documental como "la espigadora", ya que utiliza lo que encuentra por el camino para plasmar su proyecto de forma coherente y divulgativa. En la pantalla vemos objetos curiosos o hallazgos soprendentes, como patatas en forma de corazón o un reloj sin agujas en el que es imposible que pase el tiempo, recogidos y guardados por ella misma. Eso sí, a veces el modus operandi de la directora choca por completo en el espectador. En algunos momentos, ella misma aparece en pantalla mostrándose como una espigadora o grabándose con una cámara digital, a la que por cierto elogia. También nos muestra sus manos arrugadas como el verdadero paso del tiempo pero que no parece tener mucho sentido para lo que nos quiere contar. Hasta cuando va en coche por la carretera intenta coger los camiones con la mano como para conseguir un efecto visual en el espectador pero que tampoco debería formar parte de lo que nos quiere mostrar, aunque resulte realmente algo original. Y qué decir de su olvido de apagar la cámara en una escena, dejándonos ver el movimiento, o como dice ella, "el baile del capuchón de la lente".

Aunque quitando estas curiosidades o simples puntos y aparte, durante todo el desarrollo de la historia conocemos diversos casos interesantes de gente que recoge electrodomésticos por la calle o hasta muñecas, que son la devoción de un hombre que se hace llamar "el albañil de la basura", y será en la última media hora del documental donde encontramos la mejor información y los dos mejores personajes de la película. El primero es un hombre con trabajo cuya filosofía de la vida es reutilizar todo y vivir con lo que se encuentra por las basuras. Le enerva que la sociedad tire la comida por haber pasado unos días la fecha de caducidad sin haberla probado antes, opinión que muchos no compartirán pero que tiene absoluta lógica. Pero el encuentro con la última persona del documental representa para la misma Varda y para un servidor de lo más sorprendente de todas las historias aquí expuestas. Un hombre que fue estudiante de biología trabaja vendiendo periódicos y revistas la mayoría de las veces delante de la estación de tren, y vive en gran parte recogiendo fruta y verdura que sobra del mercado. Por las noches, da clases a inmigrantes analfabetos en el albergue en el que vive sin cobrar ni un duro. Sencillamente son casos sorprendentes, maneras de vivir la vida, siendo una ética totalmente distinta de la mayoría de la gente que forma parte de la sociedad en que vivimos.

Antes de acabar, he de decir que dos años después de este documental Varda realizó una especie de secuela, que no he visto, en la que aparecían los mismos personajes. Y al ser este año la conmemoración de los cincuenta años de la Nouvelle Vague, habría que decir que algunos críticos consideran a Agnès Varda como la "abuela de la nueva ola". Fue además la esposa de Jacques Demy, autor de los musicales Los paraguas de Cherburgo o Las señoritas de Rochefort, gran representante de este movimiento que murió en 1990 y al que Varda ha dedicado algunos documentales, como la autobiografía bastante aplaudida que presentó el año pasado en el Festival de Venecia, Las playas de Agnès. Para algunos, la primera película de Varda, de 1954, representa "la precursora estilística de ese movimiento". Y Cléo de 5 a 7, de 1961, también se incluye dentro de la Nouvelle Vague por la manera de rodar las escenas y por mostrarnos una historia bastante fresca, en la que aparecía una de las actrices del movimiento, la bella Corinne Marchand.

En definitiva, Los espigadores y la espigadora constituye el paradigma de una forma de vivir respetable y fidedigna, en el que vemos el estilo peculiar de Agnès Varda.


Critica de "Los espigadores y la espigadora" publicada el 2009-05-27
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