Crítica de El curioso caso de Benjamin Button

"

Un pequeño clásico de su género, una joya en miniatura, aunque no por ello menos valiosa"

 


Judith Romero Ruiz por Judith Romero


cartel de El curioso caso de Benjamin Button

Director: David Fincher
Estreno: 2009-02-06
Genero: Drama

Rodeada de un halo permanente de irrealidad y dolor, “El Curioso Caso de Benjamin Button” es, ante todo, una metáfora sobre el paso del tiempo, pero también un cuento sobre el poder redentor del amor (de cualquier tipo de amor, ya sea entre una pareja, entre una madre y una hija, entre un padre y un hijo o cualquier otra combinación posible), y un palíndromo cinematográfico simplemente fascinante.

Iniciada con la parábola del relojero ciego que construye un reloj que funciona al revés para invertir el paso del tiempo y deshacer los males de la Primera Guerra Mundial, la película respira, a lo largo de todo su metraje, un aire de cuento para adultos (no en vano la historia está siendo leída por uno de los personajes), que da a la historia un aire mítico, algo a lo que ayudan en gran medida una fotografía simplemente espléndida, que realza la belleza de aquello que capta, pero también sus defectos y fealdades, y el retrato de la que posiblemente es la más mítica y fascinante de las ciudades norteamericanas, Nueva Orleans, como nunca antes se la había visto en un cine: mágica, esplendorosa, capaz de albergar las historias más insólitas (y no sólo por la de Benjamin Button) y, al mismo tiempo, de amar a sus habitantes sin importar quiénes sean o qué hayan hecho.

La película de David Fincher es, también, un repaso a la historia de la primera mitad del siglo XX (ya que, a partir de un determinado punto de la historia, parece desentenderse de esa narración paralela que es de lo mejor de la película), siempre, claro, desde el punto de vista de Benjamin (Brad Pitt), a quien la sociedad, sus amigos incluídos, observa perpleja por su camino de rejuvenecimiento físico. Éste nace la noche en que termina la Primera Guerra Mundial, y, aunque se criará inicialmente en un geriátrico, acompañado de los pintorescos ancianos que allí viven (especialmente impagable es el hombre al que le ha caído un rayo siete veces) y también de Queenie (Taraji P.Henson), la mujer que lo criará como si fuera su madre sin importarle qué es lo que le pasa (algo que, dicho sea de paso, nunca es explicado en la película; punto para Fincher en ese aspecto, pues probablemente una explicación racional hubiera roto la magia de un personaje como Benjamin), será capaz de ver tanto o más mundo que su amada Daisy (Cate Blanchett), en un periplo vital en el que, curiosamente, a nadie parece importarle su (supuesta) edad a la hora de llevar a cabo ciertas cosas.

Y luego, claro, está su historia de amor, encuentros y desencuentros con Daisy, a la que conoce cuando tiene apenas 10 años y a la que amará toda su vida. El personaje de Daisy no es la típica chica de historia de amor made in Hollywood; es egoísta, imprudente, cruel e incluso en ciertos momentos un tanto ligerita de cascos, pero, claro, es que tiene veintipocos años. Un retrato de mujer que puede ser o no como otras mujeres, pero que sin duda es bastante más realista que la heroína pura, buena y dulce de la típica película hollywoodiense. El amor de Benjamin y Daisy es, desde luego, un amor bigger than life, como gusta en Hollywood, pero sin duda no está plagado de los estereotipos que hacen tan iguales a todas las historias de amor que nos cuentan: para empezar, sabemos, desde el principio, que la historia de Benjamin y Daisy tiene fecha de caducidad; es inevitable, debido a cómo es Benjamin. Cualquier otra cosa (como que Daisy se hubiera quedado guardando la memoria de Benjamin eternamente) hubiera sido un absurdo (algo que, por otra parte, no sería la primera vez que hacen en una película).

No es que la película no tenga defectos, que los tiene. Empezando por una duración excesiva, que hace que ese ritmo lento y pausado que tan bien le va a la película (al fin y al cabo, es una historia sureña) acabe pasando factura al espectador. Fincher se recrea en absolutamente todos los detalles que rodean la vida de Benjamin, sin dar precedencia a unos por encima de otros, y, aunque es un gesto loable inicialmente, lastra la película porque no hay una línea principal de argumento que seguir: ¿es su devenir vital? ¿Es su historia de amor con Daisy? ¿Es su relación con la gente del geriátrico, o con el capitán Mike (Jared Harris)? No parece haber un propósito en la historia de Benjamin, y, aunque muchos puedan decir que eso es algo habitual cuando se sigue la vida de una persona, no puede llevarse así cuando esa vida es puesta en una pantalla. El tiempo que el espectador está dispuesto a dedicarle es limitado, y por eso la historia necesita focalizar ciertas cosas y obviar otras, un sacrificio que Fincher no parece dispuesto a hacer.

En cualquier caso, su duración es un pequeño defecto en una historia que está destinada a convertirse en un pequeño clásico de su género, una joya en miniatura (aunque no por ello menos valiosa) que representa la culminación de dos carreras: la de un director, David Fincher, que, después de haber reinventado el thriller moderno (“Seven”), todavía guardaba un as en la manga para demostrar al mundo lo que es capaz de hacer, y la de un actor, Brad Pitt, que, a pesar de sus obvias limitaciones artísticas, ha sido, por fin, capaz de quitarse la máscara de niño guapo que llevaba desde hacía 20 años y demostrar que, en manos de un buen director, es capaz de conseguir una interpretación tan mesurada como conmovedora, tan hermosa como frágil.


lo mejor Lo mejor de "El curioso caso de Benjamin Button"...

El inicio y la historia del relojero ciego; los actores, sin excepciones

lo peor Lo peor de "El curioso caso de Benjamin Button"...

Le sobra media hora de metraje

Critica de "El curioso caso de Benjamin Button" publicada el 2009-05-29
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