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Muy buena
.Film de pausado desarrollo físico, pero acelerada maduración vital y emocional, con unos actores extraordinarios, un guión de excelencia encomiable que da como resultado final un filme que brilla con luz propia..."
por Ivan Villamel de El reducto del cinéfilo

Director: Craig Gillespie
Estreno:2008-04-25
Genero:Comedia
El mal llamado cine "indie" (ya saben, ahora si un filme de bajo presupuesto muestras las emociones a flor de piel dentro de un entorno cercano ya se le asigna erróneamente este calificativo) de nueva producción americana, contiene en su primaria esencia un elemento que aleja sus estigmas argumentales de los filmes de bajo presupuesto que siempre han existido en el cine americano (repito, con la única diferencia que no recibían ese calificativo y no eran nominados a premios de la academia, esa es su única diferencia), con una pequeña diferencia con respecto a los filmes que nos han llegado en los últimos años. La nueva tendencia consiste en partir del punto base de la melancolía filmada de forma real como la vida misma, para alcanzar un consistente punto vitalista de optimismo recalcitrante. En el caso que hoy nos ocupa, además está revestido de un cierto realismo mágico ofrecido de manera consistente y equilibrada cual truco de magia cuyos elementos se confabulan de manera armoniosa para alcanzar un climax absoluto.
"Lars y una chica de verdad" nos muestra el devenir diario del propio Lars (Ryan Gosling), un tímido pero amable joven que vive en una pequeña localidad de cualquier lugar indefinido de la geografía americana junto a su hermano Gus (Paul Shneider) y su cuñada Karin (Emily Mortimer). Cuando un día Lars lleve a cenar a casa de su hermano a su nueva acompañante femenina, una serie de confusos sentimientos se sucederán en la vida cotidiana tanto de su familia como de los habitantes de la pequeña localidad, ya que el problema es que Bianca es una muñeca inchable adquirida por internet. En un esfuerzo por parte de todo el pueblo, intentarán asumir la situación y tratar de igual a igual a Bianca, con el fin de ayudar a la estabilidad de Lars.
Craig Gillespie se encarga de dirigir esta fábula capriana con ecos de realismo mágico, y lo hace con una habilidad extraordinaria para saber jugar sus bazas en un terreno pantanoso sin caer en el más absoluto de los ridículos, utilizando una puesta en escena cercana, con profusión de planos americanos en sus encuadres, dotando de especial importancia a la labor de actores. Rueda de manera excelsa los momentos de intimismo existencial de igual manera que borda su labor de cínica ligereza cómica (hay determinados momentos en los cuales la comicidad logra esbozar una sonrisa de complicidad maravillosa en el espectador), creando un equilibrio entre fondo y forma, siendo algo tan complicado de rodar que Gillespie merece un reconocimiento total por su labor. Pero es que además, todo su trabajo surge de unos cimientos consistentes hasta decir basta, un guión escrito por Nancy Oliver (guionista habitual de esa maravilla de nombre "A dos metros bajo tierra"), una absoluta delicia de compensación entre drama, romance y comedia. Un guión extraordinario.
Dicho guión se muestra tan atento a los detalles, que consigue crear una base fílmica de rotundo mensaje, haciendo especial hincapié en el tema de la desesperada búsqueda de la felicidad a través de la irrealidad, una huida desesperada hacia delante intentando obviar toda rémora emocional de disfuncional calado, con escenas tan brillantes como aquella discusión entre Karin y Lars, después de la ficticia discusión entre este último y la recauchutada Bianca, en la cual Gillespie y su acertado guión brillan con una excelencia inusitada en productos de estas características. Una muestra clara de acertado tratado intimista, que se ve reforzado con un ritmo narrativo pausado, alejado de la nueva aceleración del cine americano más superficial, y demostrando que más allá de modas imperantes, el cine, como la vida, transcurre tanto a nivel físico como emocional, evitando cualquier tipo de frivolidades de cara a la galería y por tanto resultando un producto poco recomendable para espíritus poco inquietos con su autoreconocimiento emocional.
Brillando asimismo la labor actoral de manera destacable, en un acierto de casting descomunal por parte de la producción de este acertadísimo largometraje. Todos y cada uno de los personajes están descritos de manera brillante mediante trazos simples y cercanos, demostrando que la mayor evidencia de brillantez en la dirección de actores consiste en hacer creíble un personaje desde los elementos más básicos, sin recurrir a efectistas resoluciones. Mención aparte para Gosling y Mortimer (sin despreciar ni tan siquiera uno de los brillantes secundarios), que crean una caracterización tan consistente que la credibilidad de sus personajes trasciende la pantalla de forma mágica, haciendo suyos los personajes y ayudando mediante esa labor a conseguir algo muy complicado de realizar por parte de su director, filmar con notable pulso las emociones, ese intangible que pocos consiguen saber filmar.
Ayudado por una intimista a la par que brillante banda sonora, Gillespie nos habla mediante un devastador mensaje soterrado sobre la necesidad de encontrar a nuestro seres más queridos, alejarse de la soledad emocional mediante un desacertado aislamiento social, un mensaje muy desesperanzador, provocando con ello una exaltación de lo introvertido sobre lo extrovertido, denunciando el equivocado acto de aislamiento como mecanismo de defensa ante el dolor provocado por los seres humanos y el condicionante de los lazos familiares. Precisamente ahí es donde reside la clave de "Lars y una chica de verdad", en el uso de la muñeca Bianca como catalizador de las emociones de ambos hermanos (otro apunte de considerable ironía teniendo en cuenta el concepto superficial del objeto), sirviendo tanto de elemento provocador de la expulsión de emociones por parte de Lars, como de superación emocional de la trágica pérdida de los padres de ambos hermanos, durante la resolución final del filme. Durante esos extraordinarios últimos 30 minutos Lars vive en sus carnes un símil emocional considerable, consigue con Bianca la empatía emocional que le permite superar la pérdida de su padre, viviendo aquello que deseó vivir antaño.
Film de pausado desarrollo físico, pero acelerada maduración vital y emocional, con unos actores extraordinarios, un guión de excelencia encomiable que da como resultado final un filme que brilla con luz propia evitando caer en el ridículo que podría haber caído en manos de profesionales incompetentes. Imprescindible.
Lo mejor de "Lars y una chica de verdad"...
Recuerda que en ocasiones, el cine también nos puede mostrar historias de comprensión bondadosa mediante un actor descomunal como Ryan Gosling.
Lo peor de "Lars y una chica de verdad"...
Le falta un poquito de mala uva.
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