
Mediocre
por Bruji
Sus favoritas: No recomienda:
Director: Kevin Lima
Estreno:
2007-11-23
Genero: Comedia
Después de títulos míticos como Mary Poppins (1964) o La Bruja Novata (1971), la Disney persigue incansable la nueva historia que consiga marcar la infancia de otra generación de cinéfilos. De momento, entre pajaretes y ratoncicos, la de Giselle se pierde entre la simpleza de las formas y la complejidad caótica del contenido. “Un cuento demasiado largo” para los niños. Para los adultos, una simpática decepción.
En palabras de una guapa cinéfila de seis años, “una bruja, que vive en un cuento, empuja a una princesa, que también vive en el cuento, por un pozo, y la princesa aparece en la realidad”. Quienes, por edad, hemos visto algunas películas más, y, en no pocas ocasiones, no discernimos con tanta nitidez la línea que separa la realidad de lo que no lo es dentro de la pantalla; recordamos que, en la Historia del Cine, nunca faltaron personajes que, por caprichos del guión, azarosos avatares del destino o ponzoñosos encantamientos, se equivocaron de mundo.
Algunas, auténticas deidades de formas exuberantes, abandonaron el Olimpo para, en forma de Ava Gardner (Venus era Mujer, 1948) o de Rita Hayworth (La Diosa de la Danza, 1947), hacer soñar a los mortales. Otras, ingenuas muchachas de carne y hueso, sencillamente, se perdieron en un camino de baldosas amarillas que, transitado por “leones, tigres, panteras ¡Dios mío!”, las llevaría a casa (El Mago de Oz, 1939). Y hasta hubo quienes, adaptadas a su nueva vida, se resistieron a emprender la senda del regreso, Kate and Leopold (James Malgold, 2001) o Maniquí (Michael Gottlieb, 1987).
En el caso de Encantada, hemos de buscar los referentes inmediatos en los clásicos Disney de animación. En la manzana envenenada que ofrece la malvada bruja a Blancanieves, en el zapato de cristal y los pajaretes modistos de Cenicienta, y en la convicción de que “un día encantador, el príncipe vendrá” que tenía Aurora cuando aún no era durmiente. Claro que, al adaptar el cuento para situarlo en la 36 esquina con la 48, el cristal se convierte en un modelo de Manolo Blahnik, las hadas madrinas son sustituidas por tarjetas de crédito doradas y la oferta de príncipes se dispara. Incluso Giselle es más alta, más estilizada y más pelirroja que ninguna de sus antecesoras. Una especie de Ariel que perdió el infantilismo junto con las aletas.
La primera parte del metraje propone una historia de animación al viejo estilo de la Disney. Un cuento abreviado que corona los tres actos que lo componen con un excelente montaje y que, como no podía ser de otra manera, es resuelto con demasiada precipitación. Sin embargo, el final resulta ser tan sólo el principio, y la caída de Giselle por el foso, que no consigue mermar las oportunidades de la protagonista para alcanzar la felicidad, sí logra truncar todas las posibilidades de la película para salir de la mediocridad. Y es que podemos decir que, tras un interesante, aunque poco original, planteamiento, los guionistas aparecen tan perdidos como la princesa de cuento en el Nueva York actual.
En su segunda parte, la real, la trama argumental se basa y se reduce en la creación de evidentes situaciones cómicas, propias de quien se desenvuelve en un hábitat que no le corresponde (“¿Tendría alguien la bondad de indicarme el camino a palacio?”), conducidas por un personaje atolondrado que insulta la inteligencia, y dando paso a la incursión de seres animados que han perdido la magia y se muestran como figuras estáticas de cuadros en la pared. Las buenas intenciones se empañan con los torpes y escasos números musicales, o tal vez con la simpleza apabullante que esconde un peligroso mensaje: ¿son madrastras malvadas las novias de los papás?. Una duda que no queda despejada en el caótico desenlace, que, tras dos horas de insufrible producto, en un ¿quién se viene, quién se queda?, realiza un esfuerzo sobrehumano para que todos coman perdices, -poco importa cómo-, por siempre jamás.
Por supuesto, la película causa furor en USA. Es normal que quienes tachan de “fumada” a la inocente Caponata de Barrio Sésamo vean correcto el comportamiento de una chica que adopta ratas como mascotas, confecciona vestidos con las cortinas del salón y canta por los parques. Aunque, claro, algo bueno se desprende de todo ello, como es poder escuchar un fragmento de la banda sonora de La Sirenita “yo quiero ver algo especial, yo quiero ver una bella danza...”, disfrutar del majestuoso vestuario, o encontrar la seguridad de que nada es tan poderoso como un beso de amor verdadero. Y es que el amor romántico sólo es una fantasía... hasta que te enamoras.
Dentro del reparto, la insulsa actuación del príncipe egocéntrico y la corrección formal sin fondo del príncipe de la abogacía, son superadas por la impresionante puesta en escena de Susan Sarandon y el buen hacer de la deliciosa prometida de Leo Di Caprio en Atrápame si Puedes (2002). Ella, Amy Adams, nominada a los Oscar por Junebug de Phil Morrison, destaca en una historia de recursos agotados para convertirse en su único atractivo.
Y justo cuando empieza a asustar la idea de la insensibilidad, de ser demasiado mayores para permitir que la magia de Disney atraviese los corazones, un pequeño “minimoy” sugiere a mis espaldas que “éste es un cuento muy largo”. Quizás sea ésa la esencia de la crítica que estuve buscando.
Más criticas de "Encantada: La Historia de Giselle"
Critica Encantada: La Historia de Giselle 
Sandra Ríos "La historia de la princesa Giselle es algo así como la versión de Barbie y Ken, un mundo penetrable y entendible al ciento por ciento por las creadas a través de la costilla de Adam." 
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Rafa Delgado "Disney se ríe de sí misma de una forma elegante, entretenida y divertida, sin despeinarse, y con mucha modestia." 
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Heitor Pan "Una película navideña 100% que se disfruta, pero que deja con el sabor de boca de que podría haber dado bastante más de sí." 
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Francisco Bellón "Encantada: La Historia de Giselle es una película que hará las delicias de los más pequeños, y que se deja ver para los adultos, que en algún momento puntual se reirán con su particular sentido del humor, o por la chispa y gracia natural de Amy Adams." 
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Bruji "Tras un intereante planteamiento, los guionistas aparecen tan perdidos como la princesa de cuento en el Nueva York actual. " 
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Ana Belén Pacheco "Ninguna gracia y ningún interés este cóctel disneliano para las fiestas navideñas. " 
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Calaf "Mucho azúcar y poca sonrisa. Sólo para adolescentes o para los que hemos estado en Nueva York. " 
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Rafa Ferrer "Ellas disfrutarán, nosotros aguantaremos, y ya tendremos otra cinta más de la que hablar en navidad ¿verdad?" 
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