Lenny Bruce, un nombre que fuera de la cultura anglosajona es prácticamente desconocido, pero que especialmente en los Estados Unidos es venerado y admirado por una legión de fans que leen su autobiografía, compran sus discos y buscan cualquier material del cómico que puedan encontrar.
Lenny Bruce, un mártir para la causa de la libertad de expresión, un humorista que en un breve lapso de tiempo arrasó con todas las barreras que encontró a su paso y transformó la comedia americana para siempre.
Lenny Bruce, un cómico que iba más allá de las risas para atacar la hipocresía de toda una sociedad y denunciar las perversidades de políticos y religiosos.
Lenny Bruce, el enemigo del
establishment, un ser humano imperfecto como cualquier otro al que se dio caza hasta que finalmente acabaron con él.
Probablemente pocos podrían haber llevado la vida de
Lenny Bruce a la gran pantalla de una forma tan magistral como lo hizo
Bob Fosse. El moderno hombre renacentista que fue
Fosse era de ese raro tipo de personas, como el propio
Lenny, que dejaron una huella indeleble tras de sí gracias a un talento fuera de lo común y mucho trabajo. Echando la vista atrás a veces da la sensación de que apenas hubieran pisado la Tierra durante unos cuantos segundos. Sin embargo, su obra parece estar destinada a durar siglos.
La carrera como director de cine de
Bob Fosse es tan breve como inquietantemente brillante. Da la sensación de que
Fosse fuera una de esas personas que era incapaz de hacer algo mal. Tres títulos destacan en su corta filmografía como director:
Cabaret,
Lenny y
All That Jazz. ¿Cual es mejor? Difícil decirlo. Con todo, cabe recordar también la deliciosa adaptación que hizo el director de la famosa obra
El principito.
No es de extrañar que
Lenny comience con el primer plano de una boca (una introducción parecida a la de
El padrino de
Coppola, que curiosamente compitió y perdió con el
Cabaret de
Fosse), ya que la palabra es el arma que utiliza
Lenny Bruce para denunciar todo aquello que le parece corrupto, falso o realmente obsceno. El concepto de obscenidad de políticos, jueces y moralistas desde luego no era el mismo que el del cómico. Contemplar un desnudo no era obsceno para él, pero sí lo era el que hubiera religiosos que vivieran en el lujo mientras que hubiera gente muriéndose de hambre o malviviendo en tantas partes del mundo. Aun así, el propio Bruce (el personaje) no se define como un moralista o un aleccionador. Hablando de una noticia en el periódico que refiere la expulsión de dos profesores de una escuela por ser homosexuales, el humorista no duda en afirmar que no donará la recaudación de esa noche a la causa de los maestros expulsados. Lenny es un observador: nunca irá a una manifestación en contra de la guerra de Vietnam, pero desde su particular púlpito se llevará por delante a dirigentes y gobernadores, al Papa de Roma o a cualquier otro estamento corrupto. Tal vez pueda parecer contradictorio, pero el humorista, a pesar de ser más que un simple contador de chistes, no se considera el adalid de una gran causa, ni parece que pretenda cambiar el mundo. A un entrevistador de la revista Life le confiesa que sólo trata de ganarse la vida. En el escenario admitirá que es un
taker; un hedonista que por supuesto no rechaza el lujo, pero que tratará de derribar con sus incendiarias actuaciones a aquellos que mientras viven para enriquecerse hablan de servicio público y amor al prójimo.
El Lenny más humano y privado sí parece un cúmulo de contradicciones. En su tormentosa relación con la
stripper Honey Harlow, Lenny acaba traicionando el amor de la que será su esposa y el amor de su vida. Tras sufrir un aparatoso accidente su mujer yace en cama en el hospital. Una guapa enfermera se cruza en el camino del cómico, y lo inevitable acabará sucediendo. En la película su mujer admite que las infidelidades de Lenny se deben a su complejo de inferioridad y a una necesidad de probarse siempre a sí mismo. Sin embargo, el matrimonio de los Bruce no hace aguas sólo por un lado. Las drogas y las infidelidades de ambos acabarán destruyendo su matrimonio, del que aún así quedará un afecto mutuo y una pequeña hija.
A medio camino entre el
biopic y un documental ficticio,
Lenny ofrece una inolvidable panorámica de la vida de
Lenny Bruce y de su carrera como artista. La poderosa dirección de
Fosse es simplemente brillante. Entre contínuos saltos temporales,
flashbacks, entrevistas ficticias y fragmentos de actuaciones de
Lenny el director nos ofrece en casi dos horas un completo retrato de la legendaria leyenda cómica. Obviamente
Fosse introduce algunas licencias artísticas, pero la esencia del personaje real se encuentra ahí. Dado que la barrera del idioma puede ser insalvable para comprender lo que significaron las actuaciones de
Bruce, el film de
Fosse servirá para que aquellos que desconozcan su existencia se familiaricen con una figura imprescindible de la comedia norteamericana y una figura revolucionaria como otras que aparecieron en aquella caótica década de los 60.
Desde sus comienzos como un humilde humorista en un tugurio de
strip-tease tratando de encajar en la comedia estándar de la época contando chistes malos y haciendo imitaciones de famosos, pasando por sus días de gloria cuando media América estaba rendida a sus pies, hasta finalizar con sus tristes últimos días donde las autoridades le acosaban y en sus actuaciones se dedicaba a leer extractos y actas de sus múltiples juicios por obscenidad,
Lenny es una de las mejores biografías cinematográficas que se hayan podido ver en la gran pantalla. Además, es interesante el uso que
Fosse hace del
jazz en el film. Que haya fragmentos de la música negra y suene
Miles Davis no es casual, ya que no sólo es que
Lenny se formara en clubs exóticos donde las bandas de
jazz acompañaban los desvestimientos de las bailarinas sino que el cómico podía llegar a improvisar de tal forma como lo hubiera hecho algún loco
bopper de color.
A la figura de
Lenny Bruce y el gran trabajo de
Fosse tras las cámaras hay que añadir la extraordinaria interpretación que
Dustin Hoffman hizo del cómico norteamericano. Como era habitual en él, el actor se preparó a fondo, y en la pantalla podemos ver una de las transformaciones más impresionantes que haya podido realizar un actor al encarnar a un personaje real. Resulta difícil creer que ese mismo papel se lo hubieran ofrecido a
Neil Diamond. En aquella época
Dustin Hoffman era casi imbatible, estaba en su mejor momento y siempre ofrecía grandes actuaciones, pero su labor en
Lenny es de lo mejor que nos ha dado ese hombre. Por lo tanto es también justo reconocer la labor de la sexy actriz
Valerie Perrine, quien no se deja engullir por el talento de
Hoffman y nos ofrece también una gran interpretación como la mujer de
Lenny.
Suele decirse (y es algo que suscribo) que los films es mejor verlos en versión original. En esta ocasión creo que es totalmente imprescindible que
Lenny sea contemplada en inglés, debido no sólo al trabajo de los actores sino además a la particular manera que tenía
Lenny Bruce de dar rienda suelta a sus gags y sus bromas ácidas. Prácticamente todas las frases que suelta
Hoffman en las actuaciones están sacadas de actuaciones y grabaciones reales del cómico. Por ello insisto en el visionado en el idioma original.
Bellas chicas que beben copas de alcohol, humoristas que susurran palabras licenciosas en el oído de una stripper, músicos de jazz que fuman marihuana... son imágenes de una fiesta tras una noche de trabano en un club de
strip-tease, espléndidamente rodadas por
Fosse, y son también el entorno de donde un buen día surgió
Lenny Bruce, azote de políticos, curas y rabinos, y también de esos cómicos estándar que basaban sus repertorios en imitaciones étnicas y típicos chistes sobre homosexuales. Trataron de acabar con él, y antes que afrontar la cárcel
Lenny Bruce decidió suicidarse inyectándose una sobredosis de heroína. Sin embargo, su legado perduró hasta nuestros días. En un gesto simbólico y tras una campaña promovida por la mujer y la hija de
Lenny el alcalde de Nueva York indultaba hace cinco años al cómico de sus condenas por obscenidad. Mientras un cómico o cualquier persona pueda decir palabras como
fuck o
cocksucker en público, el espíritu de
Lenny Bruce vivirá. Todo esto y más es lo que encontrarán en
Lenny.