Valoración de El Cebo
Excelente!
por Ivan Villamel
Lo mejor de "El Cebo"...
Dualidad mundo adulto vs mundo infantil.
Lo peor de "El Cebo"...
Que no tenga el reconocimiento que merece.
Sus favoritas:
La Cosa (2008-04-16)
No recomienda:
Rubia y explosiva (2008-05-14)
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"Film con muchas y notables influencias, con multitud de capas a analizar que darían para un estupendo debate cinéfilo y que supone, por méritos propios, una de las mejores películas de la historia de nuestro cine."
A lo largo de toda la historia del cine español, se han dado casos de obras que pasan desapercibidas de forma completamente injusta, y el caso que hoy nos ocupa es precisamente uno de esos casos, una película que pese a ser reivindicada con el paso de los años, sigue siendo una gran desconocida para gran parte del público español. Se trata del extraordinario thriller criminal "El Cebo", un retrato sobre la maldad y la bajeza que puede alcanzar el ser humano, visto desde la perspectiva de varios personajes, la mirada adulta contrapuesta a una visión idílica del mundo infantil, y como la intromisión del primero en la segunda crea absolutas aberraciones.
La trama del film nos situa en la piel de un policia de provincias suiza llamado Matthai, que es avisado por parte de un vendedor ambulante, el cual por cierto tiene condenas anteriores por delitos menores, de la aparición del cadaver de una niña en un bosque cercano a una pequeña población. Lo que sigue a continuación es el testimonio de dicho vendedor, y como ciertas evidencias parecen implicarle en el asesinato de la niña, pese a haber sido él quien lo denunciara a la policía. Después de cierto acontecimiento, todo el cuerpo de policía cree haber cerrado el caso, excepto Matthai, que aún cree que el asesino de niñas, que ya había actuado unos años antes, sigue libre.
En la dirección del film tenemos a Ladislao Vadja, un cineasta húngaro asentado en el cine español y que incluso concluyó su vida en nuestro país. Autor de varias populares películas a finales de los años 40 y principios de los 50, dirigiendo a uno de los niños prodigio del cine español como fue Pablito Calvo en películas como "Mi tío Jacinto" o "Un ángel pasó por Brooklyn", o con la seminal "Marcelino pan y vino". Pero su cumbre creativa la alcanzó con esta excelente obra de suspense que supuso "El Cebo", en coproducción con Alemania y Suiza.
Mucho se habrá hablado de esta obra, pero nunca está de más recordar los puntos maestros de esta pieza de orfebrería con multitud de sutiles capas en su desarrollo. Probablemente lo que más destaque en ella, además de la excelente y minuciosa investigación para encontrar al verdadero asesino, sea las dos principales constantes que recorren todo el film de principio a fin, en forma de intromisión en un mundo idílico y que se presupone como impoluto y carente de maldad de elementos amenazantes para dichos mundos, principalmente el tema del asesino en un lugar como los pequeños pueblos suizos, los cuales uno se imagina ya de por si como ideales para una vida plácida y sencilla, y el mundo cruel, corrupto y manipulador de los adultos en la mirada limpia y sin maldad de la infancia.
Constantemente se recurre a ese enfrentamiento, siendo en el caso adulto vs mundo infantil, el más marcado. Brillantes escenas como la de los policias en la escuela, donde aleccionan a los niños sobre la gente mala y que a su vez se convierte en una lucha por descubrir más sobre el asesino a los ojos de los niños, se vuelven frustrantes para la policía al comprobar como la mejor amiga de la niña asesinada recuerda la historia que le contó su mejor amiga en forma de cuento de hadas, considerando al asesino como un "gigante" que le regaló unos pequeños erizos, los cuales luego comprobaremos como se descubre que se trataban de trufas de chocolate, y como el "gigante" no era más que un hombre corpulento. No acaba en esa escena, ni mucho menos, la visión de una historia tan macabra como un cuento de hadas perverso (cual Harry Powell en la obra maestra absoluta "La noche del cazador"), dando pie de manera significativa a la cruzada de Matthai por encontrar al verdadero asesino con un dibujo realizado por la niña asesinada y su visita a un psiquiatra para poder entrar en la psique del asesino mediante ese simple dibujo repleto de imaginación, un apunte de humor negrísimo que se convierte en la clave a seguir para dar con la resolución del caso. A partir de ese momento cada insignificante detalle de ese dibujo, se convertirá en una pista para dar con el, supuesto, verdadero asesino, en una titánica lucha en la cual incluso Matthai dejará de lado sus obligaciones de policia para actuar de incógnito regentando una gasolinera en la carretera, a través de la cual el asesino escogía a sus pequeñas victimas.
El mundo adulto se nos muestra de manera corrupta y con poca moralidad, empezando por el acusatorio interrogatorio al vendedor ambulante, que acaba de manera trágica, dando pie a una visión de la vida muy provinciana, carente de todo sentido lógico y guiados más por la ignorancia que por el verdadero sentido de la justicia, sin estar a salvo de ello los lugareños (la escena de la taberna o el comentario acerca de la madre soltera son especialmente significativos). Incluso sin librarse de dicha visión el personaje principal, arriesgando en cierta manera la vida de la niña que acoge en la gasolinera junto con su madre, a modo de cebo para el posible asesino que recorre esa carretera a menudo. Otro arranque más de humor macabro y muy negro que supone por ejemplo la escena de la construcción de la casita para jugar la niña, a escasos metros de la carretera.
Todo ello narrado con eficaz y encomiable pulso por Vadja, con un ritmo narrativo en su desarrollo sencillamente fantástico, en el cual se van introduciendo estos detalles de forma escalonada dando pie a un climax final excelente y revelador, cuando por fin Matthai comprende, en una escena de precioso lirismo, que el mundo infantil debe permanecer incorrupto y limpio de miradas oscuras, preservar la inocencia, sin poder afirmar si sale de él mismo o de la conversación a modo de leve reprimenda del dia anterior con la madre de la niña cuando descubre todo el asunto. En cualquier caso un final de nuevo que junta lo macabro con lo bello en una escena extraordinaria.
La parte actoral se muestra en estado de gracia, un acierto más del film, empezando por Heinz Rühman en su papel de Matthai, mostrando unos matices extraordinarios, pasando de la ternura a la sequedad de forma prodigiosa, de una escena de tierna conversación infantil, a momentos realmente oscuros en su mirada (citar esa reveladora escena de cuando descubre en el dibujo posibles pistas para descubrir al supuesto asesino, con una mirada al vacio que denota satisfacción sin resultar en ningún momento sobreactuado). El resto del elenco se muestra no menos excelente, tanto la disfuncional familia formada por la madre y su pequeña hija que comparten esos dias con Matthai (excelente escena, de nuevo, la que supone el intento de averiguar de la niña quien es el "mago" que le regala chocolate en el bosque), como el vendedor ambulante en su eterna desesperación, que resulta desgarradora, o el, a la postre, protagonista verdadero de la historia, el verdadero mcguffin de toda esta excelente obra, el asesino, interpretado por Gert Frobe, que se vió encasillado en ese papel durante gran parte de su carrera.
A todo ello contribuye una gran puesta en escena en todas y cada una de las escenas, citando por ejemplo, aquella en la que la niña juega con su barquito en el rio del bosque, y acto seguido aparece el misterioso asesino haciéndose pasar por un mago, en una escena repleta de lecturas en forma de influencias, desde Frankenstein al Flautista de Hamelín, atrayendo a la niña al bosque no con la música de su flauta, pero si con la magia que , a ojos de la niña, es capaz de hacer nuestro asesino despiadado. También añadir que todo resulta deudor en ocasiones del cine de Fritz Lang, o al menos un servidor ha visto la sombra alargada del maestro Lang en ello, desde los primeros planos de los personajes, que recuerdan en la forma y el contenido a aquel film falsamente acusatorio también que fue "Furia", hasta a "M", con aquella extraordinaria interpretación de Peter Lorre como un perturbado aún mayor que éste del film de Vadja.
En definitiva, film con muchas y notables influencias, con multitud de capas a analizar que darían para un estupendo debate cinéfilo y que supone, por méritor propios, una de las mejores películas de la historia de nuestro cine. Imprescindible.
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