Valoración de Expiación: Más Alla de la Pasión

Emilio Calvo de Mora Muy Buena
4 estrellas

por Emilio Calvo de Mora

lo mejor Lo mejor de "Expiación: Más Alla de la Pasión"...

El sobresaliente guión

lo peor Lo peor de "Expiación: Más Alla de la Pasión"...

Cierta frialdad

Sus favoritas:

  • Olvídate de mí (2008-01-14)

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  • 88 Minutos (2008-05-07)

  • Expiación: Más Alla de la Pasión

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    "Cine clásico en el siglo XXI: Expiación es un ejemplar y pasional amor hacia un libro maravilloso (Ian McEwan). De nuevo vemos la literatura y el cine cogidos de la mano. Hacía tiempo..."

      

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    Director: Joe Wright
    Estreno: 2008-01-11
    Genero: Drama

    Hay un cine predictivo: uno avanza por delante de la trama, discurre razonamientos que los personajes alcanzan siempre más tarde y da con la clave resolutoria con facilidad pasmosa. No es que uno sea un prodigio o que haya visto ya tantísimas películas que el talento y la nigromancia hayan hermanado sus causas a beneficio nuestro.
    Hay otro cine anómalo, desconcertante: uno está desubicado y no acierta a encontrar un punto en la trama desde donde retomar el interés. Cine experimental o cine pésimo disfrazado de cine experimental.
    Luego está el cine bueno, el inspirado, ése en el que uno contempla la serena armonía de las proporciones clásicas y tiene la certeza de que años después recordará cuándo vio la película, con quién disfrutó de ese placer tan enorme y qué cara de bobo (la cara con la que uno admira la inteligencia y la belleza) se nos quedó cuando la oscuridad desapareció y la gente, abrumada, feliz, abandona las butacas.

    Expiación hurga en el concepto cristiano de culpa. Se adentra con lentitud (tal vez excesiva en su premioso y casi exasperante arranque) en la vida de quienes crecieron alrededor de una mentira y cómo esa mentira condiciona su existencia al punto de que no podrán escapar a su infinita capacidad de destrucción.
    Fascinante desde el punto de vista de ir levantando el edificio formidable de su argumento desde una premisa bien sencilla (la vida ociosa y aburrida de una adolescente de la alta sociedad la obliga a formular un testimonio enteramente falso) y de una plasticidad encomiable, Expiación es una historia de amor. Tal vez una poco ortodoxa, pero amor (al fin y al cabo) es lo que mueve todos los pequeños nudos argumentales que McEwan y Hampton (autor de la novela y guionista del film respectivamente) establecen para ofrecer emociones, un caudal enorme de ellas, emociones que enturbian un más nítido estudio de la hipocresía de la sociedad que retrata, pero hasta eso es perdonable habida cuenta del (casi, ya me explicaré) satisfactorio resultado final del film.
    La aristocracia inglesa no soporta el calor: hasta un comensal comenta que la calina exaspera el carácter y incita a perder la bonanza de los ánimos. Esa subida de la temperatura detona la alambicada y preciosista trama: la molicie absoluta de quien todo lo tiene requiere en ocasiones juguetes nuevos que engolosinen su tedio. La niña rica acostumbrada a inventar mundos (ya desde el principio advertimos el carácter eminentemente literario de la historia: metaliteratura pura) no puede resistir la tentación de escribir en la realidad en lugar de en el invisible limbo del folio en blanco. Lo que su traviesa prosa consigue es que un inocente (una especie de lacayo, un miembro de casta inferior) cargue con la culpa de un abuso sexual. Esa delación aborta lo que podía haber sido una extraordinaria historia de amor entre el acusado y su hermana. En ese momento Joe Wright empieza con sus piruetas temporales, su inteligencia y también su más que sensible sentido de la música, que se adueña del tempo del film y marca con concisos ruidos de tecla de máquina de escribir los sobresaltos, la conexión entre lo que está pasando y aquéllo que sucedió y que, de alguna arcana forma, gobierna todo los flecos de la historia. Sin excepción.
    La culpa amasada en el espíritu de la niña, secretamente enamorada del hombre al que destroza con su niñería malsana, es el hilo conductor: todo se deja acariciar por esa expiación lentamente macerada, regalada de odio callado, mecida por el dolor, transmutada en un instrumento bélico más en esa Segunda Guerra Mundial que sirve de atrezzo salvaje.
    El melódrama típicamente inglés no afecta a significados más profundos: Expiación se aleja del pintoresco cuadro de costumbres a lo Retorno a Brideshead o las cintas de James Ivory porque lo que pretende es hacer ver al espectador (al lector, primero) un propósito bien sencillo: vivimos a cuestas con nuestros pecados, crecemos con ellos y nos entierran. La única diferencia, el elemento que la niña de imaginación delincuente estipula como antídoto para el dolor es la literatura, la ficción pura, la escritura como asidero en el que abismar la tristeza infinita. Eso es lo que hace la escritora de éxito Briony Tallis: revivir a sus condenados en el siempre mullido reino de la imaginación. Allí, a salvo de guerras y de injusticias, de errores y de desmanes, les deja crecer en su casita junto a la playa y allí, en el libro que crece en su interior, es donde la escritora borra la escena que dinamita su adolescencia caprichosa y hedonista, ésa en la que los futuros amantes reconocen su idilio junto a una fuente, en un english garden de empaque victoriano y olor a té y conversaciones galantes. La poética de esta imágen sostiene toda la historia posterior. De alguna forma, ese momento encadena la vida de muchas personas.

    Aprendemos en Expiación que el destino es un bicho cabrón, uno capaz de acallar el esplendor de una vida en base a susurros, a levísimos tics del azar. Aprendemos también que el romance se deja contaminar de tragedia o que tal vez es imposible deslindar el apasionamiento (un breve momento de ardor en una biblioteca frente a los ojos quemados por la curiosidad de una niña) de la fatalidad. Toda Expiación emana fatalidad, fatalidad y miseria moral. La felicidad imposible se convierte en fatalidad.
    Esta historia de redención se abastece de un presupuesto formidable, cómo no. No basta que sea una buena película sino que está obligada a más. Esa vorágine de la industria es la que recrea una de las escenas más fascinantes que estos ojos míos han visto en una pantalla en muchísimo tiempo: la playa de Dunkerke, el pulcro y barroco y delirante barrido de cámara por un paisaje alucinante, el de los soldados devastados, el de los locos que miran el horizonte y entonan himnos que los hermanen en la tragedia, el de los acróbatas de su destino que burlan a la muerte haciendo unas risas frente al mar mientras todo alrededor se derrumba, literalmente. Y no es (además) gratuito este barroquismo visual: todo lo que vemos, esa guignol fastuoso, empuja la historia hacia donde sus creadores desean, aportando material útil para que lo que nos espera sea más íntimamente asimilado.
    No hay aquí final feliz: no es posible que lo haya. Traicionar el espíritu de McEwan podría tirar de un extra de espectadores (el boca a boca a veces es un arma cargada de mala leche) pero lo precioso de la historia es su tramo final, la entrada triunfal de una Vanessa Redgrave arrebatadoramente plena, que explica cómo su novela (la que hemos visto en pantalla en los últimos ciento y pico minutos) es una farsa, una invención aliñada para expiar la culpa y el pecado y el peso de todos los demonios que te comen el corazón cuando sabes que no hay forma de devolverlo al estado de inocencia en el que nos fue entregado.
    No es una obra maestra. Aquí viene el correctivo que me impongo para no perder el sueño esta noche y poder dormir. No lo es porque el material narrativo es tan magnífico que su conversión a fotogramas genera pérdidas irreparables. También hay momento de una gelidez desconcertante. Fría y astuta, así me pareció la película cuando había transcurrida su primorosa y fundamental primera parte. Esa frialdad conviene, se ajusta como guante al propósito que guía su sencilla vocación de historia de amor. Amor truncado, amor roto, amor convertido en melodrama de novelita rosa, pero el fondo es lo que importa, el imponente fresco de la condición humana. Oí en una tertulia de radio, una no excesivamente dispuesta a retirarle encanto al taquillazo, que Wright pecaba de artificioso. No llego a tanto, aunque me esfuerzo. Veo artificio en todo lo que sea ficción. Inevitablemente.
    Hay mucha belleza en la película. Mi prosa precisa una inspiración que ahora no poseo para atajar las dudas del amable lector que crea que me excedo y que simplemente estoy vendiendo emociones personales en exceso.
    Expiación tiene la elegancia suntuosa del cine clásico, parte de un libro sencillamente magnífico (la novela de Ian McEwan) y tiene el suficiente apoyo de la industria como para que nada la lastre y, sin embargo, algo me aparta de considerla la joya que probablemente es. A lo mejor falta David Lean al mando.

    Publicada el 2008-01-26
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    Txapulin Txapulin "Atonement significa literalmente expiación, o sea, es el concepto católico por el cual uno se purifica, limpia sus pecados. Con la excusa de una confesión se nos explica una historia muy cuidada en una película con varios toques de originalidad y con una factura impecable." 


    Ana Belén Pacheco Ana Belén Pacheco "Los que consigan superar su audancia en el montaje podrán perdonar esos excesos y disfrutar de una película muy cuidada, con una fotografía impecable y un par de ideas lanzadas al aire que funcionan decentemente." 


    Francisco Bellón Francisco Bellón "Expiación: Más Alla de la Pasión es una película, que bien llevada, podría haber dado mucho más juego gracias al potencial de su historia y a la calidad de sus actores, que dicho sea de paso, son lo más notable de ella." 


    Rafa Ferrer Rafa Ferrer "La cinta no es perfecta, pero desde luego, estamos ante una de las grandes películas del 2008." 


    Iñaki Bilbao Iñaki Bilbao "Buena, aunque poco emotiva adaptación de la exquisita novela de Ian McEwan." 


    Monica Jordán Monica Jordán "Expiación es una película interesante que remueve a la sensibilidad pero que sobretodo lleva a la reflexión sobre el arte y sobre una forma de contar historias que está ya agotada. Metaliteratura expiatoria. " 


    Oscar Martínez Oscar Martínez "Técnicamente perfecta, pero totalmente carente de alma." 


    Bruji Bruji "Jugando a ser Stanley Kubrick, Joe Wright aborda una tragedia en tres actos con el pulso de los Grandes." 


    Carles Carles "Joe Wright no se limita a crear imágenes tan bonitas como superficiales (para-que-queden-bien), o a una mezcla barata de poesía y romanticismo de anuncio de perfume, sino que están repletas de sentido y contenido en este portentoso film." 


    José A. Peig José A. Peig "Estamos, otra vez, ante una de esas películas que poseen una gran fuerza y vigor narrativo que ocultan una mirada endeble. " 


    Emilio Calvo de Mora Emilio Calvo de Mora "Cine clásico en el siglo XXI: Expiación es un ejemplar y pasional amor hacia un libro maravilloso (Ian McEwan). De nuevo vemos la literatura y el cine cogidos de la mano. Hacía tiempo..." 


    Jefe Dreyfus Jefe Dreyfus "Buena película, gran director. Si el señor Joe Wright sigue con esta evolución le espera una carrera muy prometedora. Deseo que lo consiga, sin duda será una muy buena señal." 


    Ramón Balcells Ramón Balcells "Me quedo con la sensación de haber visto un largometraje excepcional, original (aunque a veces se vaya por las ramas de lo tópico) y con un pulso desgarrador, tratándose de la segunda película de Joe Wright, un director del cual estoy seguro que nos brindará con una verdadera obra maestra muy pronto." 


    Rafa Delgado Rafa Delgado "Estaríamos hablando de una de las mejores películas del año, si no fuera porque el espectador paga pacientemente el peso de las grandilocuencias de un director que le ha dado un ataque de inspiración egocéntrica." 


    Emilio Martín Luna Emilio Martín Luna "La verdad, es que tiene muchos elementos positivos este film, pero con la sensación de ser una historia muy tocada en el cine, con muchos aspectos ya repetidos, un film cuyo fin es emocionar al espectador, con el amor difícil, la adversidad y buena música de fondo." 


    Ethan Ethan "Para contar con imágenes –y sonidos- una trama como la de “Expiación...”, en la que distintos protagonistas configuran la acción, Joe Wright toma -con buen criterio- una serie de decisiones." 


    Sandra Ríos Sandra Ríos "En la historia reciente, Atonement se quedará clavada como la mejor versión que se ha hecho de un libro hasta que Joe Wright con su genialidad para este tipo de dramas nos conquiste con una nueva historia. " 


    Felix Felix "Una digna representante de ese tipo de cine elegante, emotivo y perfectamente ambientado, en el que no caben fuegos de artificio o efectos especiales, sino únicamente sentimientos y emociones humanas en su faceta más extrema." 



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