Muy Buena
por Ivan Villamel
Lo mejor de "Mad Detective"...
Su brillante puesta en escena y el tratamiento habitual del genial Johnnie To.
Lo peor de "Mad Detective"...
En ocasiones de dispersa un poco y los actores secundarios están tratados con cierta desidia.
Sus favoritas: No recomienda:
Director: Johnnie To
Estreno:
2007-11-29
Genero: Acción
Durante los últimos años, Johnnie To se ha convertido en un asiduo habitual en los festivales de cine europeos, quizás una moda extendida desde que algunos de sus últimos filmes fueron premiados. Este hecho, no debe suponer un contratiempo para reconocerle el mérito en cada uno de los proyectos que aborda este privilegiado cineasta, dando muestras en su madurez, de una capacidad extraordinaria para el thriller policiaco urbano.
En una de sus últimas obras, "Mad Detective", presente entre la lista de candidatas al León de Oro en Venecia 2007, To (en colaboración con Wai Ka-Fai, algo habitual en su filmografía) se atreve a rizar el rizo una vez más, obviando una resolución convencional y acudiendo al territorio del tratamiento original (que no argumento), para mostrarnos la historia del inspector Ho (Andy On), que acude como último recurso en su nueva investigación sobre la muerte de un policía y la desaparición de su arma, a Bun (Ching Wan Lau), un antiguo inspector, dado de baja de la policía debido a sus problemas mentales, y es que este último asegura que su habilidad para resolver los casos de manera sistemática uno tras otro cuando formaba parte del cuerpo, se debe a su capacidad para ver las distintas personalidades de los sospechoso (de manera literal, en el plano visual).
La labor visual de Ka-Fai y To, se muestra en concordancia a lo que ha sido su obra con el paso de los años, consiguiendo crear una puesta en escena magistral, con un dominio del encuadre vigoroso y cuyo artificio siempre acompaña, cogido de la mano, a los brillantes argumentos que orquesta. Su puesta en escena es cada vez más estilizada, con un dominio creciente a lo largo de los años del equilibrio entre fondo y forma, y que le augura un lugar de honor dentro de la cinematografía de Hong Kong. Una vez más, en "Mad Detective", la labor en la dirección se muestra como brillante, fresca, hasta cierto punto original y sobretodo, buscando siempre la exaltación de los elementos en escena, que consiguen ir a la par de las segundas lecturas que nos ofrece To siempre en su obra.
Desde la misma base del guión, el tratamiento sorpresa deviene en un virtuoso tour de force acompañando a estos dos antagónicos detectives a lo largo de su investigación, con un libreto que se detiene incluso en los momentos intimistas, sin caer en el ridículo (la escena de la cena entre las dos supuestas parejas está narrado con una ternura encomiable, cuando corría el riesgo de resultar excesiva y romper el tono del relato), cosa que realmente era harto difícil teniendo en cuenta el argumento y la elección de mostrar el mundo de la locura de Bun desde una perspectiva cercana plasmándolo en pantalla. Mención aparte, como viene siendo habitual, a la labor actoral, en un género, donde el exceso y el efectismo del cine reciente americano (quitando loables intentos de recuperar un tono setentero), ha banalizado las propuestas hasta resultar carentes de todo interés. La labor de los dos personajes principales, sobretodo el demente Ching Wan Lau, es brillante, resultando tierno, excesivo o apasionado cuando lo requiere la historia. Una vez más, el cine hongkonés demuestra que incluso dentro de los géneros populares, no tiene porque existir una renuncia al desarrollo interno de los personajes.
El filme se detiene de manera efectiva en el devenir personal de cada uno de los personajes, sin recurrir al exceso o la parafernalia visualmente efectista de la mayoría de thrillers de acción occidentales, y además, repite una constante habitual en la filmografía de su director, el acontecimiento casual e insignificante que convierte un grano en una montaña de arena, una onda expansiva de acontecimientos que poco a poco van convirtiendo las rutinarias vidas de sus protagonistas en algo parecido a una tragedia griega en toda regla, un destino ineludible y despiadado donde ninguno de los personajes puede estar seguro de lo que le deparará el futuro.
Este hecho, se muestra de manera brillante desde un principio, tan impactante que mantiene al espectador pegado a su asiento pendiente de la siguiente locura de su protagonista (probablemente, desde Reservoir Dogs, nunca una oreja fue tan protagonista de un filme), un personaje que asegura ver las distintas personalidades de cada uno de nosotros, un protagonista que demuestra que aún existe la originalidad en los tratamientos de argumentos trillados. Escenas que además van acompañadas de un sutil sentido del humor, que se aleja de la burda comedia hongkonesa (infantil y carente de la menor gracia más allá del público localista), para ofrecernos un tratamiento sarcástico de la mente de su protagonista (la escena del baño o la del entierro son clarividentes al respecto).
Dentro de esa puesta en escena, y ese notable tratamiento de la acción, no hay que dejar de lado ciertos aspectos importantes que sus directores utilizan a modo de reflexión metafísica sobre la verdadera esencia de la locura, ya que pese a asumir su desequilibrado lugar en el mundo, su personaje principal deja de lado su vida para asumir una obsesiva dedicación a resolver casos que nadie es capaz de resolver (que un demente sea capaz de tal hecho ya es de por si de un humor negro considerable, no muy optimista con respecto al papel policial en la época que vivimos). Y este hecho se muestra de manera notable también, pese al defecto que supone una cierta dispersión cuando la mente del Inspector Bun empieza a divagar, poniendo como ejemplo la brillante secuencia final, con ese espacio cerrado repleto de espejos, donde las distintas personalidades se difuminan entre realidad e imaginación, haciendo una brillante metáfora sobre la fragilidad de las personalidad que cada uno de nosotros demostramos en según que ocasiones.
Un film estupendo, que pese a estar un peldaño por debajo de las grandes obras de To y Ka-Fai, demuestra una notable apuesta por el tratamiento original del thriller policiaco, recurriendo a una visión cercana y realista de la acción, en contraposición de su argumento, que juega entre realidad y locura de manera efectiva y apasionante.
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