Valoración de Todos estamos invitados
Buena
por Emilio Calvo de Mora
Lo mejor de "Todos estamos invitados"...
Coronado, Jaenada, Miramón.
Lo peor de "Todos estamos invitados"...
Que se fractura en exceso, que pierde su fuelle narrativo y queda, al final, en una (eso sí, meritoria) fuerza social.
Sus favoritas:
Olvídate de mí (2008-01-14)
No recomienda:
Retratos del más allá (Shutter) (2008-06-16)
Critica Todos estamos invitados
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"Todos estamos invitados puede pecar, cinematográficamente hablando, de cuantos errores queramos, pero eleva su vuelo cuando se atreve, con dignidad, honestamente, a plantear preguntas y fomentar el diálogo en un tema tan terrible..."
Manuel Gutiérrez Aragón aborda la cuestión vasca, muy escorada y eufemísticamente dicho, en Todos estamos invitados con la renuncia expresa a formular un panfleto sentimental o un libro de actas sobre la violencia o sobre las consecuencias de esa violencia en la vida de un pueblo. El vasco las sufre desde hace algunas décadas y esta película, aún hurgando en donde debe, tan sólo esboza alguna de las cuestiones más palpitantes, quedando su declarada honestidad a ras de tierra, sin perforar las muchas capas de esta cebolla infame (valga la metáfora) que es el terrorismo etarra. De hecho Gutiérrez Aragón renuncia también a más cosas: evita caer en ese exceso de romanticismo metafórico al que ha abocado siempre su buen cine. Su propuesta estilística roza el documentalismo de ficción al construir un armazón sólido, fiable, cercano a la realidad que todos podemos entender o incluso conocer de cerca, pero aquí lo que prima es la verificación del dolor más que la narración en sí.
Todos estamos invitados posee dos estructuras literarias afínes, pero que se alejan al final por más que el director cántabro desee hermanarlas. Una es la historia del profesor universitario amenazado por la banda. Otra, más escorada a lo lírico, a lo susceptible de abordarlo bajo algún prisma poético, es la del etarra que sufre una amnesia disociativa y regresa a la realidad sin saber casi nunca dónde está realmente la bondad y la maldad, el perdón, la culpa y la conciencia del daño hecho. Estos dos largometrajes discurren en paralelo, se tocan en capítulos puntuales y se enfrentan al final. Mientras tanto Gutiérrez Aragón y Ángeles Gónzalez-Sinde, los autores del emotivo guión, sostienen la teoría de que la fractura social en el País Vasco no puede erradicarse enteramente porque el mal, su pandemia, su cáncer invisible, está excesivamente anidado al modo de vivir vasco y de nada valen valientes ni cobardes cuando ejércitos ciegos de jóvenes azuzados y de viejos enquistados en el odio patrullan las calles al acecho de cualquier sabotaje que justifique las palabras. (No son afínes, insisto, a su final, porque chirría un poco el esfuerzo por hermanar lo que perfectamente podría haber sido separado de forma absoluta.)
Todos estamos invitados esboza un punto de vista de hondo calado moral, vaciado de épica, contenido en unas interpretaciones sobrias y arrojado al espectador casi como una piedra. Anómala en algunos tramos, la película de Gutiérrez Aragón se antoja necesaria, fácilmente conducible al territorio del activismo político. En este sentido es loable (y tal vez justa) la decisión de evitar cualquier tipo de referencia política. Aquí no hay carteras, ministerios, taquígrafos ni incendiarios titulares de prensa. Esa postura acomoda lo contado a lo conocido y no cae en victimismos, aunque los protagonistas absolutos son las víctimas, ni en el facilón recurso de intentar explicar lo inexplicable: las razones de la bestia, el ideario bárbaro del que empuña un arma para hacerse notar. La figura del desmemoriado Jon Josu (Óscar Jaenada, en un papel enorme) facilita que Gutiérrez Aragón despliegue con más desparpajo lo que sabe y tal vez lo que el cinéfilo cómplice espera: bosques hermosísimos lejanamente timbrados de edificios urbanos, largas carreteras alfombradas de coches que no parecen ir a ninguna parte ni regresar de ningún sitio.
Resuelta precipitadamente, en mi opinión, reducida en algunos tramos (la escena onírica) a un simplismo más que elocuente, la cinta eleva vuelo en su capacidad de formular preguntas y en su innegable belleza plástica. Contiene escenas memorables (la reunión gastronómica, todo lo que se dice y todo lo que calla), que dan al espectador un entusiasmo falso, que luego decae hasta que acepta la derrota de la narrativa y comprende el soporte fundamental de la propuesta: su esmerado dibujo de personajes, su fiable y noble capacidad de democratizar el dolor ajeno. Que parece a veces que el problema eterra no nos incumbe del todo y vemos en los partes informativos la infamia y la locura terrorista como el que oye un lejano rumor de tambores y sabe que el sonido (por fuerte que sea) jamás toma cuerpo y nos da una patada en la puerta. Al etarra amnésico de la película le viene a pasar esto: que la realidad, al llegarle limpia, descontaminada, le abronca y le pone en el disparadero de ser un mártir del enemigo.
Recomendada por ...
Critica Todos estamos invitados 
Francisco Bellón "Todos Estamos Invitados es una película cuya mayor virtud es mostrar con gran realismo el sufrimiento y el horror de las personas amenazadas por la banda terrorista ETA, pero sin embargo no logra llegar al corazón del espectador con la fuerza que se le podría presumir al film." 
Critica Todos estamos invitados 
Tomás Diaz "Una obra punzante, sin concesiones, profundamente ética, que oscila con absoluta maestría entre la comprensión y el desconcierto, entre el coraje y la desolación, entre la condena y una posible redención." 
Critica Todos estamos invitados 
Rafa Ferrer "Ante la barbarie terrorista todos (sin excepción) estamos invitados a ella, y es que, cualquier de nosotros puede perder la vida ante un atentado de ETA." 
Critica Todos estamos invitados 
Federico Casado Reina "Merece la pena destacar la brillante partitura de Illarramendi, que trufa el film de una grandiosidad que sin duda merece. Una valiente y profunda semblanza sobre la vida y la muerte, en un difícil contexto histórico, político y social. " 
Critica Todos estamos invitados 
Emilio Calvo de Mora "Todos estamos invitados puede pecar, cinematográficamente hablando, de cuantos errores queramos, pero eleva su vuelo cuando se atreve, con dignidad, honestamente, a plantear preguntas y fomentar el diálogo en un tema tan terrible..." 
No recomendanda por...
Critica Todos estamos invitados 
Iñaki Bilbao "En mi opinión, la cinta deja que desear en más de un aspecto, aunque sí que es clara y determinante en el fondo. En el plano técnico es sobria pero eficaz en su discurso. Pero el guión alterna aciertos y graves fallos." 
Critica Todos estamos invitados 
Jokin García "Una película que trata de describir una parte del llamado conflicto vasco demostrando que o no conoce muy bien el asunto o directamente se lo inventa, en una película que, además de ser cinematográficamente pobre, ofrece una visión muy irreal." 
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