
Mediocre
por Ivan Villamel
Lo mejor de "El último asalto"...
Su primer tercio y la labor de sus dos intérpretes principales.
Lo peor de "El último asalto"...
El tono moralista y manipulador de su final (¿¿hacía falta incluso lo del hijo pandillero??).
Sus favoritas: No recomienda:
Haciendo suya aquella reflexión del filósofo estadounidense William James que rezaba algo así como que no hay mayor mentira que la verdad mal entendida, este nuevo filme de superación interna y reconciliación emocional con lastres paterno/filiales de por medio, intenta superar esa importante criba que supone para todos los filmes de estas características la elección premeditada de una concesión almibarada de efectos gratuitos y nula consistencia dramática. Por desgracia, como veremos a continuación, pese a sus reiterados esfuerzos todo vuelve a caer en saco roto, algo que viene siendo costumbre habitual dentro del cine norteamericano y de lo cual alguien debería tomar nota para futuras producciones.
El argumento del filme toma prestada una historia real (aquí de nuevo con ciertas licencias creativas) basada en un artículo publicado en el año 1997 sobre la relación de amistad entre un reportero (L.A. Times en la historia verídica, Denver Times en la ficticia) y un vagabundo que aseguraba ser una antigua estrella del boxeo. Entre ellos nace una relación que corre paralela entre la amistad y la necesidad mutua de reafirmarse interiormente, acabando por surgir la verdad sobre el caso y con ello, el conflicto que arrastra el relato a una espiral de desconocidas dimensiones.
El semidesconocido Rod Lurie se encarga de mostrarnos el recorrido moral y emotivo al que deben sobrevivir tanto Erik (Josh Harnett) en su afán de conseguir asentarse en ese puesto de periodista deportivo en el cual parece tener los días contados, como la supuesta ex-estrella del boxeo al cual él mismo llama "Campeón" (Samuel L.Jackson), recurriendo para ello en su primer tramo a un retrato cercano, minimalista y especialmente emotivo donde el discurrir de los acontecimientos transcurre de una forma poco usual en el actual cine norteamericano (pese a dejar ciertos golpes de efecto gratuitos ya en su primer tercio), prestando atención a detalles que hacen bastante creíble la relación entre ambos personajes (que no así la evolución narrativa, carente de verosimilitud por mucho que proceda de una historia real),y utilizando para ello una más que decente labor visual, donde el encuadre positiva aún más si cabe la apuesta cercana al espectador, en un tono visual que permanece intacto a lo largo del metraje, pero que por contra, no encuentra apoyo durante todo ese camino en un guión tremendamente descompensado.
Este hecho resulta de una evidencia aplastante si obviamos por un momento la exaltación de la emotividad presente en la historia, creándose un shock rupturista entre los tres actos de la historia, donde por desgracia solo resulta ganador el planteamiento, titubeando en su exposición del conflicto interno de toda la película en su nudo, y naufragando en un desenlace que esconde lo peor del cine americano a la hora de afrontar este tipo de historias, donde los clichés entre padres e hijos, la superación personal de manual y la manipulación emocional se dan de la mano para recurrir a un almibarado final que cicatriza de manera absolutamente inverosímil una serie de conflictos de manera absurda.
Y eso que el filme cuenta en su haber con dos interpretaciones dignas de elogio, algo de esperar en Samuel L.Jackson (rotundo, tierno y deprimente a partes iguales), pero bastante más sorprendente en el caso de Josh Harnett, un actor que en contadísimas ocasiones ha dado muestras de calidad interpretativa, pero que aquí acaba por resultar de lo más cercano y convincente, un hecho que compensa la realidad palpable de la inconsistente labor del resto del reparto, que constituyen en si mismos meras comparsas sin atisbos de personalidad en sus caracterizaciones, algo atribuible también a ese esquemático y descompensado guión (de hecho, Teri Hatcher no puede hacer nada por dignificar un papel horroroso de esquematizar hasta el extremo la codicia de los altos cargos, y el resto de intérpretes son una excusa como cualquier otra para provocar acciones/reacciones en sus personajes principales, sin personalidad alguna incluso en los papeles asignados a actores de la valía de Alan Alda o David Paymer).
Con todo, el filme transcurre con cierta fluidez y no se atranca en el discurrir narrativo a nivel de acción, pese a ese rupturismo de tono que acaba por evitar que "El último asalto" se convierta en una buena película, algo que cuanto menos permite tomarse el producto como un ligero entretenimiento para todos aquellos espectadores que hacen caso omiso a cualquier análisis pormenorizado de lo que no vemos con insultante evidencia en pantalla. Y es que el filme se queda en tierra de nadie cuando busca crear unas reflexiones fallidas sobre la vida , el amor o el espíritu de reivindicación invidualista, haciendo especial énfasis en dos aspectos que marcan todo el relato, el conflicto entre padres e hijos y la descompensada intención de triunfar en el medio profesional de cualquier manera.
En la primera de esas dos corrientes, su director opta por el camino más fácil, recurriendo a la lágrima oportunista que justifica el todo por el todo a la hora de crear una falsa sensación de orgullo hacia la figura paterna, revistiéndolo además de manipuladora conciencia moralista (cuando vean el final y la manera de resolver los conflictos internos/externos de los protagonistas, entenderán la acusación y les resultará de evidencia aplastante), algo que acerca más el filme a la típica historia de superación personal de sobremesa. Pero es que el tono soterrado de su segunda corriente principal aún resulta más pronunciada si cabe, ofreciendo una moraleja de marcado carácter moralista en su atropellado e ilógico final, dando a entender que el prestigio ganado mediante la mentira no solo consigue solucionarse mediante el camino de la bondad y la sinceridad, sino que además sales indemne de todo ello, algo muy típico de este tipo de producciones americanas donde un serio conflicto que requería un realismo deprimente en su aplastante verosimilitud, deviene al fin y al cabo en una exaltación de la bondad maniquea y tan afín a la falseada esencia del espíritu americano. El gran problema no es la resolución bondadosa, sino el contexto a partir de la cual se tergiversa el tono para llevar la historia hacia el terreno más liviano posible.
Un filme simpático en su intrascendencia, de agradable transcurrir y apropiado para necesitados de falseada esencia emotiva, pero que no puede esconder pese a sus esfuerzos, la apuesta desvergonzada por un tono maniqueo y azucarado.
Critica de "El último asalto" publicada el 2008-06-04
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Oscar Martínez "Notable interpretación de Samuel L. Jackson, en una película que combina la biopic pujilística con un consistente retrato de sus personajes." 
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Yojimbo "Bonita historia que deja al periodismo y al periodismo-espectáculo al descubierto. Buenas interpretaciones de Harnett y Jackson, además de una adorable Morris." 
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Ivan Villamel "filme simpático en su intrascendencia, de agradable transcurrir y apropiado para necesitados de falseada esencia emotiva, pero que no puede esconder pese a sus esfuerzos, la apuesta desvergonzada por un tono maniqueo y azucarado." 
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Andrés Pons "La simpatía hace presencia en una forma demasiado agradable, quitando la garra y el dramatismo que la historia necesitaba." 
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