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Critica Los invasores de marte
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"Pobre, limitada, mal montada y soporífera. Sin embargo, ese característico toque naif tan típico de los inicios de la ciencia ficción, y la hilaridad de sus últimos quince minutos la convierten en...en...no, para qué engañarnos, en una mierda."
"Los Invasores de Marte" supuso en su día toda una revolución, pues no solo se trató de la primera película de ciencia ficción (en su vertiente de extraterrestres) rodada en color, sino que además se estrenó en cines en su versión en 3-D, formato para el que fue específicamente rodada como puede apreciarse en numerosos planos imposibles, que resultan visualmente chocantes en su versión bidimensional aún a día de hoy.
Pero no adelantemos acontecimientos, y vayamos por pasos.
Sobre su argumento, poco que decir. Como cabía esperar dadas las circunstancias, se trata una vez más de la invasión y ataque sin motivo aparente por parte de una escuadra de alienígenas a territorio americano, con el consiguiente despliegue armamentístico de una nación volcada en su salvación. Así pues reaparecen las dobles lecturas, la amenaza exterior que puede ser vista como la de la ideología comunista, el miedo a lo extraño, los peligros de la carrera del espacio, todos ellos temas que son una constante más o menos explícita en el género y la época.
Aquí, la diferencia radica en que todo gira al rededor de un niño, que es quien avista por vez primera la nave extraterrestre y el encargado por tanto de poner en alerta a las autoridades (con el consabido recelo por parte de éstas en cuanto a la autenticidad de los hechos). Para dificultar aún más la situación, los marcianos basan sus ataques en la introducción de un control remoto en los cuerpos de los humanos a los que secuestran, para poder controlar sus actos y pensamientos una vez son devueltos a sus vidas. En cierto sentido, es el mismo tema de la suplantación física al que hace referencia con mayor atino la inmediatamente posterior "La Invasión de los Ladrones de Cuerpos".
Esta es principalmente la línea que sigue la primera parte de "Los Invasores de Cuerpos", un claustrofóbico relato de terror (si se quiere) contado de manera intimista y austera, en que los sentimientos de impotencia y agobio son los protagonistas absolutos, secundados por el misterio que supone no ver en ningún momento a la amenaza (pese a que sepamos perfectamente que ahí está), camuflada inteligentemente.
Todo cambia en la segunda mitad. Cuando por fin se demuestra que algo está pasando, el ejército hace su aparición y el tono de la película varía radicalmente convirtiéndose en una grandilocuente demostración de la fuerza americana. Grabaciones inmensas de tropas, tanques, camiones blindados, se suceden en continuación, ocupando minutos y minutos de una cinta que de repente detiene completamente su ritmo hasta convertirse en un tedioso ejercicio de repetición, y no solo argumental, sino más grave todavía, visual. Y es que dichas grabaciones en las que los tanques y tropas marchan y empiezan a disparar (a ningún objetivo en particular ya que nadie sabe decir con precisión dónde se esconde la nave extraterrestre) son a lo sumo cinco, que se repiten una y otra vez durante como mínimo veinte minutos, intercalándose con escenas de los protagonistas en que nada ocurre más que un cúmulo de diálogos vacíos e incongruentes. Para rematar la faena, resalta en demasía la diferencia de escenarios, pues mientras que las operaciones militares suceden todas en enormes explanadas de campo abierto, las de los actores (que están en la misma zona en la que el niño afirma haber visto el aterrizaje) se dan en un bosque (¿o es una playa?) pequeño situado a pocos metros de un pueblo.
Con todo, se llega al tramo final, en que por fin sucede el esperado enfrentamiento entre ejército y marcianos. Curiosamente, todo pasa bajo tierra, donde los invasores han construido una red de túneles increíble con sus poderosas pistolas de rayos X. Sin duda este tramo se lleva la palma. Técnicamente es tan ridículo que rivaliza directamente con cualquier película de Ed Wood. A los marcianos, enfundados en un traje pijamesco y tapados con una áscara de, como mucho, plástico, se les vea tranquilamente la cremallera a lo largo de toda la espalda; el escenario está construido con globos de fiesta de cumpleaños (que simulan una especie de erosión en el terreno, supongo) que vibran y bailar con el paso de los figurantes; durante muchos minutos asistimos a una persecución por los túneles entre soldados y aliens, que vuelve a ser una sucesión de imágenes repetidas, mientras una casposa bomba de relojería (colocada dentro de la nave por el propio ejército americano) hace su inexorable cuenta atrás transformando la persecución en una búsqueda desesperada de una salida de los túneles (o eso creo); y a todas estas un ser a medio camino entre "Basket Case" y el maloso de "Las Tortugas Ninja", que se supone es el cabecilla de los marcianos, se dedica únicamente a mirar de un lado para otro, inmóvil dentro de su burbuja de cristal.
Pues bien, pese a todas estas aberraciones, o mejor dicho debido a ellas, hay que reconocer que uno se lo pasa en grande en este tramo final, riéndose a carcajada limpia cuando una y otra vez siguen pasando personas y marcianos por la pantalla sin dirección ni orden alguno, tropezándose entre ellos, actuando deplorablemente, disparando rayos X, y demás. Incluso la conclusión de la película (que no desvelaré porque la recomiendo encarecidamente) resulta de lo más hilarante, un guiño entre realidad y sueño del que ha bebido más de uno en los años posteriores, tan torpemente realizado como tiernamente primitivo.
En resumen, no cabe duda de que "Los Invasores de Marte" es una de las peores (si no la peor) películas que un servidor ha visto. Pobre, limitada, mal montada y soporífera. Sin embargo, ese característico toque naif tan típico de los inicios de la ciencia ficción, el asombroso efecto que crean las extrañas proporciones y profundidades de plano (alteradas notablemente para su correcto visionado en 3-D), y el total despropósito de sus últimos quince minutos, tan cómicos como para desencajar mandíbulas y destrozar abdómenes, la redimen totalmente y la convierten en... en... no, para qué engañarnos, en una auténtica mierda. Pero más que visible para pasar un rato surrealista en compañía de amigos, eso sí.
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