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Critica Vixen!
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"Vixen! es una película mítica, y por mala que sea, que lo es con alevosía, uno no puede hacer otra cosa que guardarla en su memoria para recordarla más adelante con cariño y simpatía."
No cabe duda de que "Vixen!" es todo un clásico de esa corriente cinematográfica denominada cariñosamente como sexploitation, y seguramente se trate de la película más conocida (al menos en cuanto a título se refiere) en la filmografía del incombustible Russ Meyer, que nos dejó hace ya cuatro años. Protagonizada por la voluptuosa y mareante Erica Gavin, hablar de un argumento propiamente dicho sería engañar al lector, puesto que la película no cuenta absolutamente nada, y las situaciones que se dan sirven como mera excusa para que la actriz se destape y cabalgue sobre cualquier hombre que se le ponga a tiro.
Y eso que aparecen temas como el incesto, el racismo, el comunismo, la infidelidad o la libertad de opinión, pero todos ellos tratados en apenas dos líneas de guión, desde un punto de vista sumamente superficial y despreocupado, con un humor desenfadado, y que por tanto resulta imposible tomarse en serio por mucho que, si uno se detiene a pensarlo, pueden llegar a darse situaciones totalmente perturbadoras (violaciones incluidas).
Lo que uno podría preguntarse es si la superficialidad general y la total falta de argumento en pos de generosas (pero torpes) escenas de sexo sin demasiado sentido se deben a que realmente era esa la voluntad de Meyer, o más bien a que, en el fondo, esta es una de las peores películas que pueden verse hoy en día, dicho con todo el cariño del mundo.
Porque de hecho, la mayoría de los momentos más desternillantes de la cinta son debidos a un montaje cochambroso, unas actuaciones infumables, o unas tomas como mínimo desafortunadas que de plantearse un visionado serio de la misma provocarían la desesperación de más de uno. Pero claro, quien se acerque a ella con esos ánimos estaría cayendo en un terrible error. Ver "Vixen!" hoy en día necesita alejarse de juicios críticos y simplemente prepararse para poco más de 70 minutos de cine erótico-festivo vacío, en que cada escena tiene una connotación sexual más o menos explícita y más o menos agradable (el ejemplo más claro, el momento en que Vixen juega con un pescado crudo como si fuera un miembro viril, restregándolo entre sus enormes senos y metiéndoselo en la boca), y en que los protagonistas deambulan por la pantalla más tiempo desnudos que vestidos.
Es cierto que algunos momentos sí parecen buscar algo más, y que por consiguiente un par de pasajes están realmente logrados (a la del pez hay que sumarle la corrosiva escena de la ducha y los hermanos... y hasta aquí puedo leer), pero se trata de apartados, apartadísimos destellos que desde luego no sirven para equilibrar la balanza.
Y como decía antes, a todo esto hay que sumarle actuaciones más bien limitadas, por parte de unos actores que parecen embutidos en una película X sin más, que es lo que sería "Vixen!" de no ser por cierto autocontrol a la hora de rodar las escenas sexuales. Y es que por mucha y muy grande ubre que brinque, Meyer se muestra muy contenido a la hora de mostrar otros aparatos reproductores, ya sean masculinos o femeninos, algo que espero que cambie en las posteriores "SuperVixens" o "MegaVixens".
Con todo, durante los primeros 60 minutos la película es un auténtico divertimento carnal, tan picantón como inocente, plagado de surrealistas destetes, botes, gritos y orgasmos desenfrenados. Vista con voluntad rememorativa, camp si se quiere, o simplemente curiosa, la cosa tiene mucha gracia, hasta llegar a los últimos 10 minutos.
Entonces todo cambia, el sexo desaparece en favor de la búsqueda de una profundidad y discurso social que no acaban de cuajar no solo por la forma en que se integran sino más bien porque, en realidad, son protagonistas que no tienen cabida en una película tan marcadamente distinta hasta ese momento (huelga decir que, a nivel técnico, sigue siendo todo tan patoso como había sido hasta el momento). Todo ello significa una inesperada bajada de ritmo e interés, pues quién iba a decirlo, se echan mucho de menos los alegres bailes de ingentes pechos al desnudo y líos de ésta con aquél, aquél con la otra, etc.
Aún así, "Vixen!" es una película mítica, y por mala que sea, que lo es con alevosía, uno no puede hacer otra cosa que guardarla en su memoria para recordarla más adelante con cariño y simpatía. Eso, y volver a verla cada cierto tiempo para disfrutar una vez más de los portentosos bustos de las protagonistas.