
Muy Buena
por Ivan Villamel
Lo mejor de "Harry el sucio"...
Más allá del apego ideológico o no, el filme es un impecable ejercicio de estilo cinematográfico.
Lo peor de "Harry el sucio"...
A veces da la sensación de estar demasiado pendiente de dar golpes de efecto.
Sus favoritas: No recomienda:
Director: Don Siegel
Estreno:
1972-05-29
Genero: Acción
Año 1971. Dentro de la nueva corriente del cine americano de ofrecer un tratamiento más nihilista y cercano a una realidad desoladora en ciertas grandes urbes americanas con respecto a la creciente violencia, la historia de un rudo, obtuso y antisocial inspector de policía llamado Harry Callahan, apodado El Sucio debido a su predisponibilidad a aceptar todo aquel trabajo que cualquiera en su sano juicio rechazaría, se acabaría convirtiendo no solo en un filme mitificado, y revalorizado con los años, sino en el punto de partida iconográfico de un tipo de personaje alejado de toda imposición moral o apegada a unas reglas que parecían ajustarse con desigual eficacia a la realidad palpable de la época en la cual transcurría el relato.
Como es bien sabido por todo neófito en la materia, la creciente carrera de Clint Eastwood (recién salido del éxito de la trilogía del dolar) tomaría un rumbo de popularidad evidente no solo con la saga sobre este cínico inspector de policía, sino con la inclusión de Eastwood en el reparto de multitud de producciones que le dieron su tan ganada fama durante los años 70. En esta ocasión Eastwood interpretaba al ya mencionado inspector de policia Harry Callahan, un paladín de la justicia desprovista de moralidad en la ciudad de San Francisco (el traslado de la acción de una ciudad como Seattle a San Francisco fue imposición del propio actor), algo bastante chocante y que perjudicaría en parte el contexto de la acción tratándose de la ciudad más abierta a nuevas tendencias y pensamientos liberales, creándose por ello la tan cacareada sensación de producción cercana a una tendencia fascistoide del género. El uso de este término, casi cuarenta años después de la fecha de producción del filme, sigue generando una cierta controversia, una división de corrientes de opinión que no hace más que otorgarle mayor interés y riqueza al mensaje interno.
Si bien es cierto que durante ciertos tramos de la acción las resoluciones argumentales, y sobretodo dialogadas, hacen pensar de inmediato en esa apología del pensamiento único con respecto a la violencia y su alejamiento de unas reglas morales (sobretodo algún chascarrillo popular dirigido a maleantes o las conversaciones con el alcalde de la ciudad y su liviana respuesta a la violencia creciente), no es menos cierto que el tratamiento de la caracterización del personaje de Callahan da muestras claras de un tono desencantado, irónico y repleto de nihilismo, lo que deja a su personaje en un limbo de intenciones y repleto de contradicciones personales, ofreciendo por ello un retrato hiperrealista del sentir popular de una nación demasiado golpeada por contradicciones sociales y violentas (la guerra de Vietnam se encontraba en su apogeo máximo), en el cual el sentimiento de contradicción entre deber moral y resolución nerviosa formaba parte del colectivo social. Este hecho marca claramente todo el tono del filme, optando por un cinismo imperante y creciente durante el discurrir de la historia, desmitificando ciertas figuras (la escena de Harry espiando por una ventana, la del mismo Harry atendiendo a una rutinaria llamada de suicidio) en beneficio de una narrativa tan pendiente del impulso nervioso como su propio argumento, recurriendo a un estilo visual marcadamente setentero donde el punto de vista subjetivo o incluso el nervio de una cámara en movimiento, conseguía una lógica comunión con el ya mencionado sentir popular de nerviosismo colectivo.
Basando parcialmente su argumento en un caso muy popular de la época, el asesino del zodiaco (motivo de recuperación con la reciente "Zodiac" de Fincher), esta nueva colaboración del artesano Don Siegel con uno de sus actores fetiche, nos ofrecía un retrato sórdido y decadente de las grandes urbes americanas, de esa ya mencionada tendencia a la visión descreída de los estamentos oficiales dentro de la sociedad americana (desde los jefes de Harry, hasta el alcalde, padecen de una visión repleta de humor negro e ironía devastadora). Por otra parte, es evidente que Siegel asumió de inmediato ese retrato de personaje incomprendido, algo cerrado de mente y carente de mucha formación personal (su enfrentamiento con los vacíos legales de las enmiendas en los juicios lo retrata como un personaje descreído y sin el menor interés en solucionarlo), para ofrecer un fresco violento y sórdido de esa condición puntual del americano medio, sin principios ni valores ante la avalancha de convulsos cambios sociales (la escena de la paliza del personaje de raza negra para el engaño o el secuestro del autobús escolar demuestran además que Siegel pasaba de toda actitud condescendiente) que se avecinaban.
Quedan para el recuerdo ciertas secuencias de brillantez evidente, en un alarde considerable de saber hacer por parte de su director, solucionando una persecución con el único sonido de los pasos acelerados de víctima y verdugo (finalizando además en una espiral de degradación física y personal) o planificando una brillante escena final al milímetro (el plano de Harry esperando el autobús cual depredador al acecho de su víctima es de una sugerencia aplastante), reforzando aún más si cabe ese aire de ambigüedad que preside todo el relato.
Lo que queda para el recuerdo es una película de un interés evidente, un filme policíaco filmado de forma impecable por su director, donde la palabra confusión ideológica ante los convulsos golpes sociales vendría a ser la gran hipótesis soterrada bajo una capa de amoralidad despreocupada de sus propias consecuencias y secuelas en el espectador, se la podrá acusar de muchas cosas, pero probablemente la mayoría de ellas jamás enturbiarán lo que queda como resultado final, un notable filme que marcó el género y que creó escuela con su retrato de agente de la ley nihilista y violento.
Pelicula incluída en el especial Clint Eastwood
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Critica Harry el sucio 
Moebius ""Harry el Sucio" constituyó uno de los mejores momentos en la carrera del director Don Siegel, y consagró definitivamente a Clint Eastwood como estrella cinematográfica y tipo duro de la pantalla." 
Critica Harry el sucio 
Ivan Villamel "Lo que queda para el recuerdo es una película de un interés evidente, un filme policíaco filmado de forma impecable por su director, donde la palabra confusión ideológica ante los convulsos golpes sociales vendría a ser la gran hipótesis soterrada." 
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