
Buena
por Ivan Villamel
Lo mejor de "Chocolate"...
Sus últimos 30 minutos
Lo peor de "Chocolate"...
Sus primeros 30 minutos y la sensación de deja vu constante ante la despreocupada intención de dotar de seriedad al desarrollo narrativo interno
Sus favoritas: No recomienda:
Director: Prachya Pinkaew
Estreno:
sin fecha
Genero: Acción
Si antaño el cine de artes marciales parecía un coto exclusivo para producciones hongkonesas o japonesas, el nuevo cine tailandés se ha sumado a la corriente extendida por todo el continente asiático (la India o Corea del Sur se apuntaron también a la moda con mayor o menor fortuna) de potenciar en cierta manera una vuelta a los orígenes de este tipo de producciones, dejando de lado ciertos efectismos que convirtieron el género en un espectáculo grandioso en sus inicios, para caer en la reiteración gratuita de los efectos de cable dentro de la acción marcial. En esa tesitura de realismo en el combate cuerpo a cuerpo, la dupla formada por el director Prachya Pinkaew y el espectacular Tony Jaa hicieron su agosto con dos filmes que insuflaron un vitalismo considerable a un género necesitado de nuevas estrellas con las imprescindibles (para los amantes del género) "Ong Bak" (de la cual el propio Jaa prepara una continuación en su doble labor de actor/director) y "Tom Yum Goong" (conocida en nuestro país por el oportunista título de "Thai Dragon").
Su marca de fábrica eran unos argumentos ligeros que sirvieran de pausa intrascendente hasta la llegada de la siguiente escena de acción, cada vez más inverosímil y espectacularmente imposible, y con esos elementos tan básicos alcanzaron un triunfo popular como hacía mucho tiempo que no se recordaba, situando a Tailandia como la nueva punta de lanza del género, sin sutilezas ni cortapisas morales para suavizar ciertas escenas violentas.
Después de dejar libre a su "dragón", el director Prachya Pinkaew nos ofrece su nuevo trabajo dentro del género que le entregó la popularidad que hoy le precede, "Chocolate", extraño nombre occidentalizado para una historia donde dicho elemento solo consiste en una alusión puntual dentro de la trama.
Una trama que nos situa en la piel de dos grupos mafiosos enfrentados por el control de una zona, uno de ellos lo lidera un yakuza con honor y clase, y el otro un grupo de tailandeses encabezado por un exagerado lider que se hace acompañar de un grupo de travestis criminales (algo de lo cual todo conocedor de la cultura thai no debería sorprenderse en absoluto). Un lío amoroso entre el jefe yakuza y una de las lacayas del amanerado lider thai, acaba en problemático conflicto con la huida de ambos amantes y su separación por el bien personal de ambos. De dicha relación nace una niña con una extraña enfermedad mental, similar al autismo, que potencia sus constantes y percepciones, desarrollando sus sentidos hasta límites insospechados pese a su deficiencia mental. Cuando el conflicto estalla de nuevo, las habilidades para el arte del Muay Thai que la extraña niña ha desarrollado, se convertirán en un arma imparable de venganza y violencia desatada en contra de todo aquel que amenace a su enferma madre.
En varios momentos de la acción, vemos a la protagonista absoluta del relato, JeeJa Yanin, revisar en video los momentos clave de varios filmes que nos resultan familiares, descubriendo en ellos las mejores escenas de acción de los filmes anteriores de Pinkaew con Tony Jaa, en una clara demostración de intenciones por parte de su director, sin excusas ni coartadas, nos da a entender que ya tenemos ante nosotros a la sucesora de Jaa. No esconde este hecho, y lo potencia homenajeando sin rubor no solo a sus anteriores filmes (en una nueva demostración sutil de autohomenaje ególatra pero efectivo), sino incluso ciertos ademanes y sonidos típicos del gran maestro Bruce Lee o una escena que recuerda al "Kill Bill" de Tarantino. Estamos ante la demostración evidente del talento marcial que está surgiendo en el antiguo reino de Siam, en este caso una jovencita que se muestra tan frágil en las escenas contemplativas como letal cuando la furia se desata.
Sortea su director los considerables baches narrativos con una despreocupada confianza tan típica de la acción tailandesa, aquella que confía a ciegas en el desarrollo poderoso de escenas de acción que quitan el hipo, habitualmente in crescendo hasta llegar a un tramo final donde la belleza plástica de las coreografías marciales compensa la infantil historia que se nos estaba narrando, algo que de hecho, es muy habitual en las producciones tailandesas de género (otro cantar son las producciones de auteur destinadas a mostrar la dura realidad de ciertos sectores maltratados de su sociedad), donde el primer tramo de la narración, cuando deben sentarse las bases narrativas que potenciarán el dramatismo de la historia, se muestra recubierto de incoherencias y argumentos verdaderamente inverosímiles, donde incluso ese estilo críptico en el cual se omiten ciertos tramos de la narración (algo muy habitual en el cine de acción asiático) provoca una calma algo tediosa hasta la llegada de la siguiente escena de acción (sus últimos 30 minutos son un festín alocado y exacerbado para los amantes del género).
Poco importa que el guión esté repleto de absurdas decisiones por parte de los personajes, que ciertos recursos sean gratuitos y forzados, o incluso que el elemento fantástico justifique lo injustificable a nivel de lógica interna, porque lo que verdaderamente valida una opción como ésta es el derroche de virtudes físicas y la espectacularidad de la mayoría del reparto a la hora de jugarse el cuello por lograr finalizar su trabajo de la manera más llamativa posible. Un filme carente de consistencia dramática en el retrato de los personajes pese a los intentos por parte de su director en sus primeros treinta minutos (probablemente lo más tedioso del filme aunque parezca mentira), que acude a ciertas resoluciones visuales más típicas de un estilo televisivo que su director no había empleado en demasía hasta el momento y un embellecimiento falseado de la realidad tailandesa, pero repleto de diversión marcial en su tramo final, una despreocupada apuesta por un estilo lúdico donde el más difícil todavía se erige en el protagonista absoluto de la función. En definitiva, una obra totalmente recomendable para los amantes del cine marcial, y probablemente, evitable para todo aquel que el cine de artes marciales le suene a cultura de otro planeta.
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