Valoración de El tren de las 3:10
Muy Buena
por Emilio Calvo de Mora
Lo mejor de "El tren de las 3:10"...
La confirmación, aunque aquí estrenada con mucho retraso, de que Hollywood vuelve a interesarse por un género fundamental en la Historia del Séptimo Arte.
Lo peor de "El tren de las 3:10"...
Su trompicada, y no sólo por la acción expuesta, escena de desenlace...
Sus favoritas:
Olvídate de mí (2008-01-14)
No recomienda:
Asesinato Justo (2008-10-04)
Critica El tren de las 3:10
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"El tren de las 3:10 es, junto con El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik), la demostración de que la industria de Hollywood es, cuando quiere, nostálgica y da cuartelillo a estas pequeñas andanadas de cinefilia."
El western, a pesar de las puyas de las tecnología y del auge de otros géneros que engolosinan más al público semiadulto, que es el que hace caja y el que dirige los patrones narrativos en boga en el cine, sobrevive como puede. Entendido como un viaje iniciático, como una especie de mapa de la épica de la construcción de un país, ha escrito página memorables en los anales de la industria del entretenimiento. Algunas de las mejores películas jamás hechas son westerns y su legión de fans se abastece de la nostalgia y tira de Samuel Fuller, de Sam Peckinpah, de Budd Boetticher, de John Ford o de Anthony Mann, por citar sólo cinco grandes, para ajustar su deseo con la realidad y no sentir que la cartelera le desprecia. En realidad es así.
El último gran film del Oeste, la grandiosa Sin perdón de Clint Eastwood, era (a su modo) un epitafio a la crónica del género. Eastwood rendía cuentas pendientes y tributaba el homenaje de un cineasta fascinado por la poética de un modo de contar historias indisolublemente afincado en el paisaje en que suceden y en la gesta primordial de los hombres que conquistan ese paisaje. De hecho el western clásico, el que sitúa al héroe en su periplo topológico, manifiesta sus códigos y sus vicios, su iconografía adusta y brutal, con pasmosa eficiencia. Sabemos, con muy sucintos elementos, qué nos van a contar con sólo ver al jinete acercándose al pueblo y se nos informa, con también minúsculas claves, la empresa a la que debe entregarse a costa de su vida, pero sin que salga perjudicada su dignidad o su rectitud. Da igual que el héroe haya sido un mercenario o un modesto granjero (casi como en esta película de James Mangold).
Lo que sustancia el relato es la arquitectura moral de su empeño. El viaje que el héroe realiza no suele incluir regreso: siempre hay praderas que fatigar, hogueras que prender en la noche. El héroe del western, como una especie de Quijote, no busca el conflicto, pero es incapaz de renunciar a su participación en su desenlace. Esta trascendencia, en ocasiones, las más, precisa de su bizarro despliegue de violencia, pero a diferencia de la que recorre el cine negro o los blockbusters de acción pura al estilo La Jungla y derivados, la violencia que explicita el western se asienta en razones convincentes, en principios arquetípicos universales como la venganza limpia y sin saña o la supervivencia en un medio hostil, sin dueño, expuesto a la barbarie que supone el nacimiento de toda sociedad. El No man's land. El vestigio fragmentado de un mundo que está creciendo y cuyos novicios habitantes crecen con él. Se entiende que existan ciudades sin ley, pueblos en los que la justicia se manuscribe siempre con caligrafías torcidas, reducidas a litigios sobre menudencias y, sobre todo, donde todo el mundo está dispuesto a medrar y a hipotecar su vida en ese legítimo empeño.
El cine encuentra en el western un material noble y muy digno: enseña valores humanos y combina, sin rubor, la concesión comercial, que es un reclamo indiscutible del género, con la fabricación de un subgénero que, escorado o interno, siempre a la vista si el espectador es cómplice de su semántica, busca el melodrama, el tormento del alma, como le gustaba a Dostoievski, esa desazón dulcísima que conduce al hombre a perderse por amor o por codicia, por la justicia que no se cumple o por la salvaguarda de un código al que jamás renuncia.
El western es un género tan rico que cuando un cineasta mete la pata lo hace estruendosamente. Ahí tenemos fiascos recientes como Rápida y mortal o la incomprensible reivindicación en clave de chanza titulada Wild wild west. Pienso, no obstante, sin mirar a los clásicos de John Ford o del propio Delmer Daves, que hizo este tren a Yuma por primera vez, en Bailando con lobos, la pieza magistral de Kevin Costner, pero tampoco olvido los spaghetti-westerns, inflados de clichés, relamidos de soberbia cinematográfica y al que los lectores de Marcial Lafuente Estefanía se entregaban con absoluto ardor. En mitad de todo este barullo teórico está esta película. Y además lo está con cierto orgullo de producto muy bien hecho.
El tren de las 3:10 es, junto con El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik), la demostración de que la industria de Hollywood es, cuando quiere, nostálgica y da cuartelillo a estas pequeñas andanadas de cinefilia militante. Mangold confía en las convenciones del género. No sólo confía: administra su pulso narrativo conforme al catecismo de la ortodoxia más reconocible. Filma con entusiasmo la grandilocuencia del paisaje y, al tiempo, afina en la voluntad de no perder de vista las relaciones entre personajes. Así Bale y Crowe, entre el estupendo recital de escenas de acción, tienen tiempo para reflexionar sobre la redención y la culpa, sobre el amor y sobre la insobornable capacidad del ser humano para reconocer la valentía y el buen corazón de los demás. Incluso cuando nada incite a buscar ese limbo de buenos sentimientos y de actitudes honradas. Y ese cuidado en la profundidad psicológica de estos dos personajes, el criminal de imposible redención y el granjero responsable que sólo busca dinero para sacar a su familia del fracaso, posibilita que el final del film sea, en su ya demasiado estirada lógica, creíble y uno salga de la sala de cine con la idea (publicable, eso hacemos) de que no ha visto ningún western digno de figurar en hipotéticas listas de clásicos, pero que la película de Mangold es una aire fresco y muy limpio. Puestos a exhibir prejuicios, El tren de las 3:10 es una película más del Oeste. No albergo duda alguna a ese respecto. No enseña nada nuevo, pero hace tiempo que, a falta de novedades, me he propuesto disfrutar con lo que ya conozco.
Recomendada por ...
Critica El tren de las 3:10 
Ana Belén Pacheco "Es un buen film del oeste, tiene todos los elementos para serlo, tiene buenos actores, buen guión, algún secundario agradable pero se centra tanto en la figura de Ben Wade que a veces ni con grandes esfuerzos pueden robar una escena a Crowe." 
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Ivan Villamel "Estupendo film, un western a contracorriente en el cine actual, que sabe encontrar el punto justo de equilibrio entre acción y desarrollo interior de los personajes." 
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Emilio Martín Luna "Destacar la parte final de la película, muy emocionante y frenético y la química entre los dos protagonistas interpretados por Russell Crowe y Christian Bale es absolumente genial. Gran Película." 
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Ramón Balcells "Funciona como cualquier otro western (de los buenos), y es, en resumidas cuentas, una magnífica demostración de que aún puede volverse tiempo atrás para revivir un género “muerto” con personalidad y moral incluida. No engaña al espectador." 
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José Antonio Bermúdez "Mangold demuestra que se puede hacer muy buen cine de género superando, incluso, al original. Y que el género sigue "sobreviviendo" en cuanto proporcione al cine los recursos necesarios para contar historias. Y el western, sin lugar a dudas, es uno de ellos.
" 
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Andrés Pons "Aquí no hay trampa ni cartón, desde un principio se ofrece lo que se espera del producto sin ambigüedades ni medias tintas en una celebración a la vuelta de los origines del género dorado de antaño." 
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Jorge Alejandro Pirro "Un western que estaba esperando hace mucho tiempo y que cuenta con excelentes actuaciones tanto de Russell Crowe como de Christian Bale y que no defraudará a los amantes del género, o bien, a los amantes del buen cine en general." 
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Tomás Diaz "Que sí, que el western no ha muerto, que aún nacen obras como ésta, puro espectáculo de género, revisión gozosa y vibrante de los patrones clásicos, gran sentido del ritmo y densidad moral en los personajes. Crowe y Bale aportan carisma a la función." 
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David Lizana "A nivel muy personal creo que desde Unforgiven de Clint Eastwood que no se veía tan bien retratado este género." 
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Federico Casado Reina "Intensa, pero algo sosa." 
Critica El tren de las 3:10 
Iñaki Bilbao "Ameno western, que se degusta sin ninguna dificultad, pero que está bastante por debajo de su predecesora (y es que los clásicos por algo lo son)." 
Critica El tren de las 3:10 
Emilio Calvo de Mora "El tren de las 3:10 es, junto con El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik), la demostración de que la industria de Hollywood es, cuando quiere, nostálgica y da cuartelillo a estas pequeñas andanadas de cinefilia." 
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Natalia Eseverri "Queda demostrado con esta película, que el señor Russell Crowe se defiende de maravilla en los duelos interpretativos.
" 
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Victor Bilbao "No alcanza el lirismo ni la fuerza psicológica de aquélla, siendo mucho más física y violenta, al estilo del cine que se hace hoy en día, con más impacto visual y menos intento de forzar la mente del espectador, que suele estar para otras cosas." 
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Leo A.Senderovsky "Medio siglo más tarde, el western está lejos de ser sepultado por completo, y aún puede servir de base para loables muestras de buen cine." 
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Francisco Menchón "El jardín de las delicias." 
No recomendanda por...
Critica El tren de las 3:10 
Yojimbo "Un remake que propone un western con la típica arena y el siempre visto Saloon, pero ahora visualmente estilizado, sin la pasión, la suciedad, lo rastrero y valiente de aquella época." 
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