"Deja con esa amarga sensación del quiero y no puedo (o no quiero), ya que prácticamente todas sus aspiraciones caen en saco roto a medida que pasan los minutos, por mucho que emocione en su primera toma de contacto."
El (semi)desconocido Mark Herman ("Little Voice") ha sido el encargado de escribir y dirigir la adaptación cinematográfica de "El Niño con el Pijama de Rayas", novela homónima de John Boyne que poco a poco se ha ido convirtiendo en un best-seller, traducido en más de 30 idiomas desde su primera publicación en 2006.
Pese a ello, debo reconocer que me enteré de la existencia de dicha novela solo un par de días antes del visionado del film, así que ignoro cuán fidedigna ha sido su traslación en imágenes, y por tanto este comentario se ceñirá única y exclusivamente a valorar la cinta en sí, independientemente del universo que la rodea.
De buenas a primeras cabe reconocerse un interés más que notable ante la propuesta de Herman. Por todos es sabido que pese a la acumulación de cintas centradas en la Segunda Guerra Mundial, éste sigue siendo un tema muy atractivo para el público, sobretodo cuando se demuestra una y otra vez que sigue habiendo un enorme abanico de posibilidades aún por explotar (como demuestran las recientes "El Hundimiento" y "Los Falsificadores", por ejemplo). Sin embargo, donde sí puede palparse cierto agotamiento es en el subgénero dedicado exclusivamente a la recreación del infierno que fueron los campos de concentración, tema tratado en infinidad de ocasiones, desde prácticamente todos los ángulos, y con películas inolvidables muy recientes como son "La Lista de Schindler", "La Vida es Bella", o "El Pianista". Por tanto, para atreverse a añadir más leña al fuego (y querer buscar algo más que mero beneficio económico, claro está), uno debe proponer algo realmente novedoso, capaz de aportar si no argumentos, por lo menos sensaciones desconocidas al espectador. Y mucho me temo que, pese a contar con el aprovechable punto de partida que ofrece la novela de Boyne, el Holocausto desde los inocentes ojos de un niño alemán desconocedor de la realidad, "El Niño con el Pijama de Rayas" carece de dichos requisitos.
A la hora de la verdad, la película no es más que una superficial revisión de la obra maestra de Roberto Benigni, tratada con el único propósito de arrancar lágrimas al público, siendo ésta (obviamente) una meta a la que llega a la perfección. No cabe ninguna duda de que Bruno y Shmuel lograrán conmover al espectador con sus diálogos a través de las electrificadas vallas que los separan, por no hablar de ese final tan emocionante como sofocante. Por consiguiente, en ese sentido no hay nada que objetar, aunque si cabría preguntarse hasta qué punto resulta lícito (o por lo menos, meritorio) atacar a los sentimientos del espectador mediante el sufrimiento de niños... Rencillas personales a parte, a ello se le debe sumar un reparto literalmente exquisito (con mención especial para los dos niños, capaces de gritar con tan solo una mirada), una banda sonora estudiada para estallar en los momentos precisos y sobrecoger (aún más) al espectador, y la dirección sobria y elegante de Herman, constantes que dotan al film de una perfección formal impecable.
Ahora bien, todo el que quiera ir más allá no podrá sino quedar más que decepcionado al descubrir lo que se esconde tras las primeras capas de aparente perfección (formal y emocional). Y la triste verdad es que no se esconde prácticamente nada. "El Niño con el Pijama de Rayas" es una película previsible y demasiado superficial, un mix de infinidad de ejemplos mejores que nada tiene que aportar. Personajes esquematizados, simples y excesivamente maniqueístas pueblan un film de claras intenciones: en vez de oprimir al espectador mediante el desasosiego (mucho peor) al que deberían llevar ciertas situaciones realmente devastadoras si uno se para a pensar en ellas, se opta por el lagrimón fácil provocado por efectistas golpes de guión de tres al cuarto. Así, en vez de ahondar en momentos como la conversación/relación entre Bruno y Pavel (médico reducido a la condición de esclavo de la familia), o en el punto de vista de la hermana de Bruno, idolatrando a su padre y su nuevo trabajo, se opta por volver una y otra vez a las desoladoras escenas del niño al otro lado de la valla, a las explicaciones de lo que llega a sufrir recluido, o a ciertos twists innecesariamente melodramáticos, impactantes sí, pero olvidables al poco rato.
Por consiguiente, "El Niño con el Pijama de Rayas" deja con esa amarga sensación del quiero y no puedo (o no quiero), ya que prácticamente todas sus aspiraciones caen en saco roto a medida que pasan los minutos. Por mucho que emocione en su primera toma de contacto (a quien no se le empañen los ojos ni una sola vez en toda la película carece de sentimientos), en realidad solo puede llegar a afectar profundamente a todos aquellos que aún no hayan visto ninguna otra película de temática semejante, o desconozcan ese punto negro en la historia mundial. Básicamente, a un público infantil. Y quién sabe si, en el fondo, instruir precisamente a esta franja de espectadores sea la verdadera finalidad del film (o del libro). Aún así, yo me quedo con el buongiorno, principessa! de "La Vida es Bella"...
Critica de "El niño con el pijama de rayas" publicada el 2008-09-10 Más críticas de Carlos Giacomelli Puig