Charles Chaplin

por JLO

Chaplin visto de espaldas es más famoso que el rostro de cualquier hombre público artista o político del siglo XX y de cualquier otra época.

Vivió 88 años. De ellos estuvo 78 ligado al espectáculo y 58 al cine. 79 films entre cortos y largos, mudos y sonoros. Mito y leyenda. Vagabundo, tirano, genio, enano, poeta, pederasta; mimo sensible y original. Ídolo de la clase obrera y dueño del mejor y más reconocido personaje. En suma, el mejor actor de la historia: Charles Chaplin.

«Es un caso excepcionalmente sencillo y transparente. El siempre se interpreta a sí mismo, tal como era en su sombría juventud. No puede deshacerse de las humillaciones de ese período pasado de su vida. Sigmund Freud

Este verdadero pequeño/gigante del cine mundial -llamado Charles Spencer Chaplin-, debe ser sin lugar a dudas, uno de los que más artículos a originado y en casi su totalidad favorables. Alguien con una vida plagada de dificultades que enriquecen la fábula y su dualidad de víctima/victimario. Se podría empezar a hablar de cualquier cosa. Hablemos entonces de sus films y personajes.

Menos famosas y más severamente criticadas por lo político son las películas «habladas»: El gran dictador, Monsieur Verdoux, Candilejas, Un rey en Nueva York y La condesa de Hong Kong. Menos espectaculares y circenses, menos naif si se quiere, con más para perder en comparación con sus films anteriores. Luces de la Ciudad es en verdad la primera película sonora de Chaplin. Pero lo es musicalmente, sin ningún rastro de diálogos que la hacen más interesante por el tema tratado.

Desorientado por el avance del sonido, se vio en la obligación de repensar la totalidad de su obra, que no era pequeño sino transformar todo su estilo tanto en forma como contenido. Un acierto fue el de no obligar al vagabundo a hablar y por ello mutar en un híbrido sin conformar a nadie. Un malogrado final (Tiempos Modernos) en el que sí lo hace, no llega a ser definitorio.

Al perder Chaplin ese personaje/máscara adquiere casi por enojo toda su intensidad, perfeccionando esa mezcla casi exacta que siempre realizó entre comedia y drama; delineando a la vez, un personaje nuevo, lleno de idealismo y furia. Uno más odioso, menos reconocible y mucho más politizado, personificado por el dictador Hinkel como por el asesino Verdoux, por el lacónico Calvero como por el snob conde Shadov. Todos, con su perfil artístico: gran comediante y actor dramático (¿el mejor actor de la historia?).

«Chaplin visto de espaldas es más famoso que el rostro de cualquier hombre público artista o político del siglo XX y de cualquier otra época. Su personaje clásico ingresó hace varias décadas a la mitología de la cultura popular, y hasta un niño en un rincón apartado del mundo podría identificar fácilmente a esa figura.» Homero Alsina Thevenet

El perfeccionismo y la repetición infinita de tomas, las indecisiones que llegaban a retrasar meses los rodajes, su libertad e independencia económica, sus cambios repentinos en la elección de actores, todo ello conforman una filmografía de raras características (creación y control total, constancia y brillantez) que salvo raras excepciones (Kubrick, Buster Keaton, Woody Allen, quizás Hitchcock) es casi inigualable.

Elegir una lista de las cinco mejores películas de Chaplin es una tarea imposible, una quimera. Todo fanático del mimo tiene una preferida y que casi nunca coinciden en la misma. Es innegable la fama que tiene El Pibe entre sus obras. Tanto por el tema tratado -la dura niñez, la paternidad y el abandono- como por el mismo Jackie Coogan. Si alguien conoce algo de Chaplin, conoce inevitablemente El Pibe.

Muchos libros biográficos, fans y hasta las mismas recaudaciones de ellas, postulan a Luces de la ciudad, La Quimera del oro y El Gran Dictador como las obras más logradas. La preferida por el propio Chaplin es nada menos que Monsieur Verdoux, como lo afirmara en su famosa autobiografía. Sus últimos dos films -Un Rey en NY y La Condesa… son debidamente dejados de lado por todos al notarse a un artista cansado, vencido por la vejez y con solo destellos de su genio.

No en vano su estrella siguió brillando cuando contemporáneos y exitosos artistas del cine mudo como Ben Turpin, Harold Lloyd o el mismísimo Buster Keaton (para algunos hasta superior al mismo Chaplin en todo), vieron tristemente apagarse la suya con la llegada del cine sonoro, que el mismo Chaplin combatiera ferozmente hasta lograr una unión a la fuerza. Francois Truffaut, en el prólogo del libro realizado por André Bazin; comparaba la popularidad de Charlot «cuyas proporciones hoy son difíciles de imaginar» con el culto hacia Eva Perón por parte del pueblo argentino. Curiosa analogía para dar la justa medida del mito.

8 mayo, 2007
publicado por JLO
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