Clint Eastwood

Eastwood no es sólo el mejor director de su generación, es además un intérprete infravalorado, uno de los tipos duros de Hollywood, y un gran autor cuyas descripciones del pasado y presente de su país le emparentan directamente con John Ford.

Clint Eastwood, un nombre que durante mucho tiempo se consideró de forma unidimensional. Para la mayor parte de la crítica era un actor muy limitado y un director que imitaba mal a sus maestros. Para el público era el Hombre Sin Nombre, o el héroe de acción. Hoy en día, con la ventaja que da la perspectiva de los años, muchos hablan de él como el último cowboy, el último de los clásicos, el último gran autor norteamericano. El barbudo pistolero conocido como el Hombre Sin Nombre y el violento policía Harry Callahan marcaron el auge de su carrera y el acceso al estrellato. La sombra de ambos personajes le acompañó durante muchos años, mientras que película tras película Eastwood los iba dejando atrás, deconstruyéndolos poco a poco. El Harry de “La lista negra” poco tenía que ver con el de 1971, y en “El principiante” el prototipo de vigilante se convirtió en una parodia. En “Sin Perdón” Eastwood fue directo al grano y enterró para siempre al hombre del poncho.

Su carrera sigue siendo analizada por críticos y cinéfilos. ¿Es Eastwood realmente el último de una era? Para mí sí que es el último pistolero tal y como se ha conocido. Tal vez el tiempo me quite la razón, pero el western clásico morirá con él. Como director Eastwood ha conservado durante los años una forma de hacer cine que tiene mucho de los Ford, Hawks y otros tantos cineastas que hicieron de Hollywood la Meca del Cine, pero a su vez su estilo es personal y (obviamente) más moderno que el de sus maestros. Tal vez no sea el último de los maestros clásicos, pero muy bien pudiera ser que fuera el último de sus alumnos.
Uno de las constantes (y al mismo tiempo uno de sus grandes logros) en la carrera de Eastwood ha sido su independencia, así como una increíble manera de dejar su sello (sea como productor o director) hasta en sus proyectos más comerciales. Hablar de Eastwood es hablar de Malpaso, una productora independiente al margen de los grandes estudios (aunque por supuesto ha trabajado con casi todos ellos) de más de 30 años de antigüedad que quedará como ejemplo de cómo sobrevivir en Hollywood sin

Tan buen hombre de negocios como cineasta, Eastwood ha combinado títulos totalmente personales cuya rendimiento en taquilla ha sido por lo general desastroso (“Bird”, “El jinete pálido”, “Bronco Billy”) con títulos más comerciales (las secuelas de Harry, filmes de acción como “Firefox” o películas como “Duro de pelar”) con los que recaudaba dinero para sus películas menos comerciales. Aun así, en esos proyectos populistas siempre se puede encontrar algo interesante, no son ni mucho menos fiascos ni películas sin sentidos. Obviamente en una carrera de más de 30 años (50 como actor) encontraremos buenos y malos films, pero no creo que se pueda dudar de que ha tenido una de las carreras más coherentes y compensadas de la segunda mitad del extinto siglo XX.

Clint Eastwood nació un 31 de mayo de 1930 en San Francisco, California. Con los Estados Unidos inmersos en la terrible Depresión su padre se vio obligado a viajar de un lado a otro buscando trabajo para mantener a su familia. Finalmente se establecieron en una pequeña localidad californiana donde Eastwood acudió al instituto. De su padre, Clinton Eastwood Sr., aprendió el valor del trabajo y el sacrificio y a valerse por sí mismo, pues sus padres pasaban mucho tiempo fuera de casa. El joven Clint desarrolló una gran pasión por la música (un elemento muy importante en su carrera) y aprendió a tocar el piano y otros instrumentos. A los 13 años consiguió su primer trabajo y desde entonces trabajó en las más diversas ocupaciones, desde profesor de natación o pianista hasta obrero o camionero. En diciembre de 1953 se casa con Maggie Thomson, una joven modelo, trasladándose ambos a Nueva York.

Eastwood entra en el mundo del cine casi por casualidad. Necesitando un trabajo estable y animado por amigos como David Jansen se presenta a una prueba tras la cual consigue un contrato de formación con la Universal. A partir de entonces hará cameos o pequeños papeles en películas de serie B o filmes comerciales como los de la Mula Francis, llegando a realizar también spots publicitarios (impagable verle sonriendo estúpidamente en un anuncio de una marca de leche) y algún que otro trabajo para la televisión. Con su carrera cinematográfica totalmente estancada, su gran oportunidad le llegará con el western televisivo Rawhide, donde ejercería de co-protagonista desde 1958 hasta 1966.

Mientras todavía trabajaba en la serie le llega el papel que cambiará su vida: el de un cínico y sucio pistolero que ofrece sus servicios a dos familias rivales que tratan de controlar un pueblo. Eastwood marcha a Italia y España para rodar Por un puñado de dólares, el primero de la conocida como “Trilogía del Dólar”, a las órdenes del italiano Sergio Leone. Su interpretación del personaje conocido como “El hombre sin nombre” le valdría la fama mundial, salvo en los Estados Unidos, dónde la trilogía llegará más tarde. Mientras, en la segunda mitad de los 60, Eastwood trabaja en westerns que de algún modo tratan de capturar el espíritu de los “spaghetti western” (films como “Cometieron dos errores” o “Joe Kidd”) que alterna con películas dirigidas por Don Siegel, un director que será fundamental en la carrera del californiano. Para entonces ya ha creado su propia compañía, Malpaso. En 1971, con cuarenta años, Eastwood se convierte en una superestrella tras el masivo éxito de Harry el Sucio. Por entonces también realiza su debut oficial como director con el thriller Escalofrío en la noche. Es el primero de muchos proyectos de diverso género (acción, románticos, dramas, alguna comedia o road movie), aunque será en los westerns  donde despliegue sus mejores dosis de talento. A principios de los 80 la evolución de filmes como Bronco Billy o El aventurero de medianoche anuncian su definitiva explosión como autor en El jinete pálido, el mejor film de todos cuanto había dirigido hasta entonces. Aunque se había ganado al público hacía ya mucho, el sector crítico se había resistido a aceptarle como un grande , aunque eso es algo que nunca le importó. El jinete pálido marca el cambio de opinión de los especialsitas que se confirmará con Bird. El reconocimiento final de Eastwood como un clásico en vida llegará en 1992 con Sin Perdón, su western definitivo, y la mejor película que jamás haya rodado. Desde entonces Eastwood ha gozado de una cómoda posición en la industria mediante la cual ha seguido combinando títulos taquilleros con filmes más personales.

Para mí Clint Eastwood no es sólo el mejor director de su generación (junto a Stanley Kubrick) y uno de los últimos portadores de una manera de hacer cine que ya casi no existe, es además un intérprete infravalorado, uno de los tipos duros definitivos de Hollywood, y un gran autor cuyas descripciones del pasado y presente de su país le emparentan directamente con John Ford. Además, Eastwood, sus películas y sus personajes, me han acompañado desde la infancia. Para mí es tan de la familia como mi madre o mi gata. Eastwood es casi es una saga familiar: mi padre fue admirador de Clint, mi hermano mayor lo fue y yo lo soy. Además, su sólida trayectoria me hace sentirme orgulloso de declararme un “Eastwoodhead”. Desde que comenzara a trabajar con Leone no le conozco ningún film pésimo. Y si filmes como Duro de pelear o La gran pelea no sean precisamente obras llenas de matices y sutiles mensajes filosóficos, su deliciosa intrascendencia y estupidez al menos me entretienen; y cuando una película no busca pretensión alguna no hay que pedirle más.

Por todo esto y mucho más, Clint Eastwood es para mí uno de los grandes.

5 febrero, 2008
publicado por Moebius
Cargar más
muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.