Hermanos Coen

Joel y Ethan Coen, los hermanos más famosos de Hollywood, agricultores de su propio huerto de películas, labrándose a toda una legión de fans que ha convertido al término.

Sangre, dos amantes, un detective con botas y un marido celoso; una historia de matones y una silla eléctrica para un tal Sam; un cartoon de carne y hueso con una pareja sin hijos que se fabrican su propia adopción; una guerra entre dos bandas mafiosas tan enredada como una hiedra; un dramaturgo metido a guionista de Hollywood desesperado en la habitación de un hotel infernal; un tonto con suerte que casi por arte de magia à là Capra asciende rápido en su empresa; un enrevesado secuestro que no sale según lo previsto; un fumeta sin trabajo y aficionado a los bolos que acaba como investigador privado para un millonario paralítico; un barbero tranquilo que acepta el destino tal y como viene; una divorciada pareja que pelea en los juzgados; una poco musical banda de ladrones; París; un maletín lleno de dinero, un oportunista, un asesino y un viejo sheriff; un CD y una trama de espías amateur… y lo que queda por venir.

Casi culminada la primera década del nuevo milenio Joel y Ethan Coen, los hermanos más famosos de Hollywood han cultivado durante años su propio huerto de verdes guiños metacinematográficos y poderosas flores visuales, impresionando a propios y extraños y labrándose a todo una legión de fans que ha convertido al término “de culto” en un culto verdadero. El 18 de enero de 2009 se cumplían 25 años del estreno de su primer largo, Sangre Fácil, primero de varios títulos en lo que ha conformado una carrera casi perfecta, repleta de películas fascinantes.

Es posible que últimamente hayan tropezado más de lo deseado, pero para aquellos que hemos crecido empapándonos de su particular realidad de Looney Tunes, rock, film noir y otros motivos que poner en cursiva, cada nuevo estreno de los dos hermanos es motivo de alegría.

Me enganché a la droga de los Coen con Arizona Baby, una road movie que tenía buenos trazos de El Coyote y el Correcaminos. Su cine era fresco y original, pero dejaba un regusto de algo que ya habíamos visto. Era revisionista, y a través de la revisión, y homenaje al mismo tiempo, los Coen se han labrado una carrera que ha hecho de ellos una singular pareja artística, tanto por su parentesco como por toda su imaginería de personajes barrocos, alocados o simplemente malvados y sangrientos. Han cultivado la comedia clásica, la comedia negra (prácticamente presente en cada uno de sus films), el drama policíaco, el cine negro, las películas de gángsters, los dramas veintinuevescos, y una en definitiva olla podrida de varios géneros cinematográficos a la que han cocinado siempre según su particular gusto salpimentado. Si fueran cocineros, su restaurante estaría hoy de ultimísima moda.

Podría seguir tratando de definir el cine de los Coen hasta el infinito, pero en este caso, como en tantos otros, una imagen, o más bien una imagen que sale de la pantalla y le abofetea a uno, vale más que mil palabras. Si quieren creer, vayan al cine, al videoclub, “videen bien”, hermanitos, contemplen y asimilen, arrodíllense, y den gracias al Gran Lebowski por ser testigos de tan buen cine contemporáneo.

The Dude abides. Los hermanos Coen, también.

23 enero, 2009
publicado por Moebius
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