Stanley Kubrick

por JLO

Debajo de esa coraza hay un hombre cariñoso y con unos valores muy definidos al que no le gusta el dolor y que no soporta el sufrimiento

«Seguramente es la persona más buena que jamás he conocido. Para él es duro haber nacido en el Bronx, y tener esa mentalidad de barrio, por lo que trata de ocultarse. Debajo de esa coraza hay un hombre cariñoso y con unos valores muy definidos al que no le gusta el dolor y que no soporta ver a personas o animales sufriendo. Me quedé muy sorprendido.» Matthew Modine

Nace el 26 de julio de 1928 en New York, en el populoso barrio del Bronx. De familia de origen judío, a pesar del barrio los Kubrick son una familia de clase media alta. Se convierte según los comentarios de sus amigos, en un niño introvertido, dependiente en gran parte de su madre que le brinda todos los gustos y en líneas generales, un chico con libertades y de carácter un tanto corriente.

Sus calificaciones hablan de un alumno mediocre, sin lograr destacarse en ninguna materia, solo atraído en ese momento por la música jazz, antes de la fotografía y el ajedrez. Todos elementos que serían importantes -agregando el cine- hasta el final de sus días. En algo más en lo que influye su padre de forma definitoria en su adolescencia es, a sus trece años de edad, en el regalo de una vieja cámara de fotos Graflex. Su gusto por la fotografía lo llevaron a un trabajo menor pero destacándose rápidamente, en una revista prestigiosa de esa época llamada
Look.

Introducido por su padre en el solitario mundo del ajedrez, llegó a destacarse y hasta competir en torneos barriales por pequeñas cantidades de dinero que ahorraba con ahínco. Esto rápidamente le trae prestigio y una buena cantidad de dinero como para autofinanciarse su inevitable y próximo paso como cineasta. Sus primeros cortometrajes fueron financiados por parte de ellos, ahorros de su propio padre, y la amistad incondicional de su primer gran amigo y socio: J. Harris. Datos conocidos pero no así su breve paso como baterista en una banda de jazz (su música preferida junto a la clásica). Todas labores y gustos análogos entre sí, con más de un punto en común.

La misma soledad/reclusión representada sentado detrás de un tablero de ajedrez, como detrás de una batería, al fondo de una banda de nueve músicos. La mirada de un voyeur tanto detrás de la lente de una cámara de fotos, como de una cámara de filmación. La espera del movimiento adecuado, la paciencia infinita, el ritmo y la elección minuciosa, la importante música de fondo. Son todos rasgos que fue moldeando en sus comienzos y que fueron cimentando, el arte y la visión del inminente futuro director de cine.

Comienza elaborando cuatro cortos entre los años 1951-1953, tres documentales y un episodio para televisión poco conocidos, todos de escasa duración, meramente comerciales y con la ayuda de su mejor amigo y ayudante de dirección en ese entonces: Alexander Singer. Lo demás es un tema conocido por todos los que amamos su cine.

«Imagine a un gran maestro de ajedrez al que le quedan apenas tres minutos y diez movimientos. Dedica dos minutos a una sola jugada porque sabe que, si no lo hace bien, perderá la partida y remata los otros nueve movimientos en un minuto. Y es posible que funcione. En el cine, te enfrentas a decisiones como ésta continuamente. Siempre estás confrontando el tiempo y los recursos con la calidad y las ideas» Stanley Kubrick

SU OBRA

Una filmografía variopinta y visualmente rica, como así también despareja y con grandes elipsis que separan una obra de otra, acrecentándose esto en sus últimas obras. Una primera mitad que conlleva su única concesión a la industria como Espartaco (1960), que no volvería a repetirse en esos términos y que sirviera de guía o puntapié inicial, para una nueva camada de futuros cineastas independientes influidos, por esta medida (Spielberg y George Lucas entre otros). Afianzándose su personal estilo en la segunda parte de su filmografía, ubicándolo por derecho propio en el panteón de los elegidos del séptimo arte.

Títulos como 2001, odisea del espacio (1968) fueron un hito desde lo técnico hasta lo conceptual, marcando a la ciencia-ficción hecha hasta el momento considerada un género menor. También un intento arriesgado y en el peligroso terreno del egocentrismo que tan común fuese a Kubrick y al derrotero de sus críticos.

Con un futuro profético en lo social y no tanto como se pensó en su momento en cuanto a lo estético, La Naranja Mecánica (1971) con un concepto de violencia feroz, provocó no pocas discrepancias y reacciones, colapsando entes de regulaciones donde quiera que se exhibiese y convirtiéndose por lejos, en su película maldita. Tuvo que suspender su exhibición en el reino unido por las constantes amenazas contra su familia y su persona, responsabilizando la prensa al director de la violencia imperante a comienzos de la década. También logró un repaso claro por el terror clásico y la guerra de Vietnam, desde un costado humano y con su particular estilo, mostrándonos la degradación progresiva del hombre por factores externos como en Senderos de Gloria (1957), El Resplandor (1980) y Nacido para Matar (1986), ésta última menos común por su particular disección de géneros. Una ópera final rozando lo onírico, hipnótica y en varios niveles psicológicos como Ojos Bien Cerrados (1999), gran película en un trato sobre la relación de pareja y el sexo infrecuente en todo su cine, a excepción de un intento tibio en la extrañamente fallida -en parte- Lolita (1962).

SUS COMIENZOS

Un detalle infaltable en la mayoría de sus films son sus increíbles
comienzos. Unas escenas poderosas que nos subyugan y adentran con sus particularidades en la propia trama. Según él, los títulos de comienzo no tendrían que sobresalir demasiado, ninguna idea ingeniosa que distrajese al público. Se presentan de forma sencilla -casi con desdén- y muy similar al estilo característico de Woody Allen y sus letras blancas sobre fondo negro con música jazz. En cambio, la primera escena debería ser impactante y vistosa, que atrajera al espectador a seguir interesado en la película sin perder atención. Eso es justamente lo que logra. Recordemos los inicios entonces. Cuidados, pretenciosos, funcionales y distintos, como también de una belleza pocas veces vista:

EL RESPLANDOR: La vista panorámica desde arriba del auto familiar de los Torrance, luego de recorrer y surgir la cámara desde el mar revela, con una sugerente música vacua, la próxima soledad. Introduciéndose lentamente el auto en un acantilado canadiense, extenso y solitario, es una referencia explícita a las características del film mismo.

DR. STRANGELOVE: Los aviones pasándose nafta en el aire, simulando una copulación, todo impregnado de un risueño tema de la época, nos revela el tono satírico de la película y el vale todo futuro.

LA NARANJA MECÁNICA: El rostro de Alexander DeLarge, que mediante un travelling hacia atrás se transforman en el Milk bar -en compañía de sus drugos- nos muestra con solo ello la ira y la futura enajenación del personaje. Siempre junto a el orden y la simetría Kubrickianas en una conjunción en verdad aterradora. Bellísima.

2001, ODISEA DEL ESPACIO: Los planetas perfectamente alineados de 2001, con la impactante música de Wagner de fondo, logran una conjunción mántrica. Un lento montaje hacen el resto. Uno de sus inicios más bellos.

LOLITA: La censura no quería saber nada con adaptar el libro de Nabokov. El film carece de lo jugado del libro pero en su primer escena, descolgada y lujuriosa, el protagonista embellece los pies de la niña/mujer con delicadeza no exenta del morbo permitido en ese tiempo.

NACIDO PARA MATAR: Cortes de pelo al ras, en una muestra sutil de la futura falta de personalidad y violencia física. Una vejación más del deshumanizado régimen militar. Todo bien condimentado con una horrible música country de fondo, en contraste, del predominio del rock en las futuras y fuertes escenas bélicas.

BARRY LYNDON: La primera escena es impactante y pictórica. El duelo del padre de Barry Lyndon, tomado desde lejos y con cámara fija, adornado por un cielo irreal con un arco iris en la gama de los violáceos, que se asemeja mucho a las virtudes y fallas del film. Imágenes más bellas inclusive que la propia naturaleza, pero sin nervio, levemente pretenciosa y lenta como la época retratada.

OJOS BIEN CERRADOS: El desnudo casual de la bella y apolínea Alice (Nicole Kidman) frente al espejo, con sensualidad y frialdad, junto a la búsqueda de la billetera «salvadora» de su ingenuo y conflictuado marido (Tom Cruise). En solo tres minutos sabemos junto al vals de la situación de pareja, de la económica, de la mutua indiferencia y de que será un gran film.

TEATRALIZACIÓN Y AUTORREFERENCIA

El teatro es otro punto de referencia constante. Los gladiadores en el circo romano en Espartaco. La coreografiada orgía y el enjuiciamiento como espectáculo, arropados de túnicas y máscaras, del personaje de Tom Cruise en Ojos Bien Cerrados. El acto escolar de Lolita frente a los expectantes Quilty y Humbert. La pelea de los drugos frente a la banda de Billy Boy en un teatro abandonado en La Naranja Mecánica. La canción entonada por la bella refugiada al final de Senderos de Gloria, en forma teatral frente a los soldados. El prestidigitador y mago entreteniendo al hijo de Barry Lyndon en la campiña familiar.

Son llamativos los puntos en común que conviven en toda su obra. Las infinitas auto referencias de película en película indican, aparte de un movimiento circular, la declaración singular y egocéntrica de que él mismo es su propia y única influencia. Los ojos del niño estrella de 2001 se fusionan con el comienzo amenazador de la mirada cínica de Alex en La Naranja mecánica. Quilty (Peter Sellers) envuelto en una sábana dice en Lolita: «Soy Espartaco ¿As venido a liberarme?…» Los hombres en frac y galera que festejan las andanzas sexuales de Alex sobre el final del film, son los futuros habitantes del siglo XVIII de la siguiente Barry Lyndon. La explosión final de Dr. Strangelove es un preludio de la cósmica 2001. Todo esto sin contar las semejanzas estilísticas, la alineación excesiva, el rigor de las tropas tanto de Senderos de Gloria como de Espartaco y hasta de Barry Lyndon. El niño vidente-profético de El Resplandor -recurso tan utilizado y desgastado en el cine de hoy día- es análogo del primogénito de Barry Lyndon, hasta con similitudes físicas evidentes.

CONSTRUCCIÓN DRAMÁTICA Y SEXO

Su cine en general trata de «personas» y su hábitat, de causa y efecto. Situaciones particulares más que personajes en sí. Este queda relegado ante sus propias acciones. Trata del viaje desde su crecimiento, agigantarse con sus ambiciones, para luego observar la inevitable y lenta declinación. En algunos casos de orden moral, física o social y en otros -Barry Lyndon, La Naranja Mecánica- se combina todo a la vez. También una característica «Kubrick» es la admiración por la muerte violenta, siempre aliada del buen gusto y una pétrea frialdad. El sexo en sus películas se emparienta con lo oscuro, lo sucio, lo poco claro. Casi una experiencia del no-goce.

Los ejemplos son muchos y van desde el sufrimiento de las mujeres violadas y del propio Alex en la cárcel por parte de sus compañeros en La Naranja Mecánica, a la ausencia exprofesa de éste en 2001, Odisea del Espacio -según palabras del propio Kubrick- «para no distraer».

Un rastro muy velado, homo-erótico se dejó ver en su anteúltimo film Nacido para matar. Ni hablar de las totalmente asexuadas El Resplandor y Lolita -mucho más grave en este último caso, ausente de todo erotismo serio- cuando en la novela es lo único atractivo y de relativa importancia, con el atenuante de una encendida y fuerte censura, siendo víctima de la moralidad imperante de aquella época.
Aunque la futura versión de Lolita de parte de Adrian Lyne -con Jeremy Irons en el protagónico- demostró que con más erotismo no se logró el cometido, infinitamente inferior a la versión de Kubrick y al parecer, un libro difícilmente realizable con aplomo.

ACTUACIONES DESTACADAS

¿Cuál es la mejor actuación de todas las películas de Stanley Kubrick? Una pregunta difícil y quizás de improbable respuesta, pero que se puede analizar objetivamente. El primer paso es separar los papeles protagónicos de los secundarios para facilitar la elección y no confundir.

Por intensidad y logro en cuanto al film mismo y su estructura y/o mensaje final, tenemos tres ejemplos que se llevan las palmas: Kirk Douglas en Senderos de Gloria -labor que no repetiría con la misma soltura en Espartaco-, un impresionante e ignoto Malcom MacDowell en La Naranja Mecánica, y el ya conocido Jack Nicholson en El Resplandor.

La actuación de Kirk en Espartaco es quizás demasiado solemne, afectada por el síndrome del héroe de película épica clásica. Podríamos considerarlo casi la contracara del papel y la actuación de Jack Nicholson, sobreexigido y demasiado expresivo para muchos, casi de forma desesperada y caricaturezca. Igualmente, en los dos casos son los requisitos exigidos por los mismos géneros, tanto el épico como el terror. Queda por decantación Andy McDowell en la piel de Alexander DeLarge como la definición máxima de una actuación ideal en una película Kubrick. Una creación más cercana al director que los otros casos. Esto se agranda a partir de la analogía que se puede trazar entre su actuación y la definición que hacen todos del mismo director: egocéntrico, patán, genio, creativo, todo regado de una buena dosis de locura.

El mérito sigue siendo por supuesto de McDowell, un rostro y gestos recordados para siempre. Pero también hay otro tipo de actuación en sus films. Algo más onírico y sutil. Los siguientes son los nombres de Matthew Modine y Tom Cruise. Dos papeles excelentes. Modine lleva el peso sobre sus espaldas del Joker, el soldado con conciencia y corazón de Full Metal Jacket. Tom en el conocido médico de Eyes wide shut. Los dos presionados por el director hasta el borde del llanto como le sucedió a Matthew. Los dos siguen al día de hoy con un buen recuerdo de Stanley.

No llegan a calificar ni Bowman de 2001 ni tampoco Ryan O’Neal, por quedar a mitad de camino y hasta ser eclipsados por otros personajes como la computadora HAL 9000 en el primer caso y por una real insuficiencia dramática para el papel requerido en el segundo. Ser actor de un film de SK no fue tarea sencilla. Todos mataban por estar en unos de sus elencos para luego de lograrlo, querer matarse litreralmente. Otro ejemplo es el de Scatman Brothers -el negro vidente de El Resplandor- en una muy buena labor secundaria. Se dice que la escena en la que muere de un hachazo se repitió caprichosamente sesenta veces, con un hombre que tenía más de sesenta años de edad. Un poco mucho…

GIRLS
Criticado por una relativa misoginia, tiene a su favor, un par de actuaciones femeninas destacadas que, viendo la cantidad, alimenta el calificativo. «La» figura femenina de su filmografía es sin dudas Nicole Kidman. Le da a Alice en su último film, la intensidad, peso y ambigüedad requeridas y además, volver importante un papel a todas luces secundario. Muy por encima de la demasiado cándida Sue Lyon de Lolita, otra referente por ser el mejor papel protagónico femenino de todos sus films. Se destaca también la aparición fantasmal, mínima e intensa de Vivian (luego Vivian Kubrick) en el ocaso sorpresivo y sentimental de la bélica Senderos de Gloria. Sí podemos observar igualmente como una gran falencia, la falta en su filmografía de buenos papeles femeninos.

28 abril, 2007
publicado por JLO
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