Nos vislumbra aquelllo que nos puede salvar la vida, sea en forma de “matices, anomalías y sugerencias” o de una película como ésta a descubrir.

★★★☆☆ Buena

Más extraño que la ficción

Una tragedia siempre da empaque y profundidad a una obra. Y si no que se lo pregunten a Shakespeare, a los clásicos griegos o a Harold Crick, este tercero un individuo para nada reconocido ni popular, más bien un solitario y anodino inspector de hacienda, un burócrata entregado a miles de rituales diarios que se repiten constantemente en su existencia gris.
Y de hecho, nunca le conocerán si no ven “Más extraño que la ficción”. Pero lo que importa aquí es destacar que Harold Crick (un ajustado Will Ferrell) también suscribiría esta opinión a píes juntillas, aunque ello le suposiera poner fin a su propia vida.
La segunda apreciación es que al guionista Charlie Kaufman, y a sus comedias filosóficas, aficionadas al metalenguaje, originales y reflexivas del tipo “Olvídate de mí”, “Adaptation (El ladrón de orquídeas)” o “Como ser John Malkovich”, le ha salido un imitador, Zach Helm, quien por cierto no lo hace nada mal con “Más extraño que la ficción”.
Su disparatado argumento, convenientemente aliñado con notables dosis de romanticismo, empieza por elevar a la máxima potencia la idea del escritor, o artista, como creador y demiurgo. Una suerte de Dios que puede jugar, alegremente o no, con el destino de sus criaturas.

Como salvar la vida.

En este caso una depresiva escritora, Karen Eiffel (Emma Thompson), con crisis de inspiración y una musa, Penny Escher (Queen Latifah), impuesta, por decreto de su editorial. Y Karen, sea por el azar o por una inexplicable intervención divina-creadora, dará un vuelco a su existencia, junto a su personaje, menos ficticio de lo que desearía. Probada la certeza inexorable de la muerte, verán que la vida también puede tener otro lado más luminoso.
Tal vez ello no sea del agrado de otro ilustre colega, el profesor, literato y psiquiatra Jules Hilbert (Dustin Hoffman), pero por lo menos la pasional y rebelde propietaria de un humilde restaurante, Ana Pascal (Maggie Gyllenhaal), seguro que agradecería que no toda obra maestra esté fatalmente marcada por lo fúnebre.
En fin, que ni siquiera deben preocuparse por tratar de descifrar esta crítica, pero si desean ver una película original y distinta, además de notable y de ser la mejor película de Marc Forster (“Monster’s ball”, “Descubriendo Nunca Jamás” o “Tránsito”), no la dejaría escapar.
Nos habla de obras y personajes, de realidad y destino, de lo sublime y lo terrenal, incluso de relojes de pulsera y de guitarras eléctricas, y por mucho que la sombra negra de la Muerte planee sobre sus encuadres, también nos vislumbra aquelllo que nos puede salvar la vida, sea en forma de “matices, anomalías y sugerencias” o de una película como ésta a descubrir.
publicado por Carles el 27 enero, 2007

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