Salimos un tanto decepcionados porque, sinceramente, esperábamos más de Clint, el último clásico del cine americano, cuya “Cartas desde Iwo Jima” ya ansiamos, en la confianza de que, esta vez sí, dará la verdadera medida de lo que él es capaz.

★★★☆☆ Buena

Banderas de nuestros padres

Razones por las que “Banderas de nuestros padres” ha terminado decepcionándonos a Jorge y a mí, aún siendo una buena película y partiendo de la base de que íbamos cargados de ilusión, ganas y buenas vibraciones:

Primero.- Porque no es lo que nos habían prometido.

Y es que desde hace tiempo, nos vienen diciendo que ésta era la película sobre lo que pasó en Iwo Jima. Y que, después, Clint Eastwood nos iba a contar la misma historia, sólo que desde el punto de vista japonés. Y ello no es así. Porque en “Banderas de nuestros padres”, Iwo Jima no es sino el escenario, el Mc Guffin, que diría Hitchcock, que sirve como punto de partida para contar otra historia, que realmente es la de la famosa foto de los soldados alzando la bandera americana y, sobre todo, la del regreso a casa de los héroes, convertidos en cracks mediáticos, utilizados por el gobierno para recaudar fondos con que sostener los esfuerzos de guerra.

Segundo.- Porque la película se dispersa en diversos hilos argumentales.

Y, por tanto, la película no tiene la cochura, solvencia y solidez de “Mystic river”, “M$B” o “Sin perdón”, por ejemplo. Tenemos, por un lado, los recuerdos de guerra, excelentemente filmados, como era de suponer con un director del oficio de Clint, que bebe directamente del estilo de Spielberg en su “Salvar al soldado Ryan”, pasado por el tamiz de fotografía quemada de “Jarhead”.

Por otro lado tenemos todo el episodio del alzamiento de la bandera, la fotografía, etc. En tercer lugar, lo mediático del asunto, la relación de los tres supervivientes que volvieron a casa convertidos en héroes por el Departamento de Estado y su gira por todo el país recogiendo dinero. Y, por último, el resto de la vida de los tres personajes, sus relaciones familiares, sus éxitos y, mayormente, sus fracasos vitales.

Tercero.- Por los personajes.

Sinceramente, Clint y su estupendo guionista se podrían haber quedado con el personaje del indio-americano, que es el mejor ejemplo de lo que la película quiere transmitir. Un tipo corriente que, muy a su pesar, fue convertido en héroe y puesto como modelo de mil ideales distintos, cuando él sólo quería ser un tipo anónimo. Y toda la pulsión autodestructiva que le acompaña. Los otros dos personajes son más insulsos y, sinceramente, llegan a aburrir un poco. O, cuando menos, te dejan totalmente indiferente.

Cuarto.- Por la confusión de intenciones (y, por ende, de resultados)

¿Querían una película antibelicista, que echara pestes sobre la guerra? ¿Querían una película que denunciara esta sociedad de la imagen en que vivimos? ¿Querían una película que hablara sobre la utilización que hace el poder de los ciudadanos cuando les resultan útiles para luego olvidarse de ellos y dejarlos en la estacada? De todo ello hay en “Banderas de nuestros padres”, pero nada de ello queda bien resuelto.

Dicho lo cuál, Jorge y yo salimos un tanto fríos del cine, aún a sabiendas y en el convencimiento de que habíamos visto una buena película, rodada con oficio y con secuencias magistrales. Salimos un tanto decepcionados porque, sinceramente, esperábamos más de Clint, el último clásico del cine americano, cuya “Cartas desde Iwo Jima” ya ansiamos, en la confianza de que, esta vez sí, dará la verdadera medida de lo que él es capaz. Es decir, otra obra maestra incontestable. Quedamos citados.
publicado por Jesus Lens el 22 enero, 2007

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