Una de las obras menos afortunadas de Hitchcock, a la que salvan de la mediocridad la genialidad de Cary Grant y la encantadora Joan Fontaine.

★★★☆☆ Buena

Sospecha

Siempre se ha dicho que hubo dos Hitchcocks: el primero, el de su etapa británica, antes de cruzar el charco; y el segundo, evidentemente, el que durante años trabajó en la por entonces rutilante meca del celuloide.
Conocido por su predilección por determinadas actrices con las que llegaba a obsesionarse, es sin duda su maestría en la recreación de ambientes y entornos cargados de suspense lo que le ha llevado a pasar a la historia con la categoría de mito.

Sospecha no es precisamente uno de sus títulos más afortunados. El hecho de tener que haber visto una versión coloreada (parecía por momentos escenas de un videojuego), tampoco ha ayudado, pero la copia que ha caído en mis manos tenía ese “regalito” incorporado, y por más que rebusqué en las opciones del DVD, no hubo manera de quitarle el tinte.

Básicamente, es una película que tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera es más comedia que otra cosa, ya que simplemente nos muestra la cara amable de un vividor, un viva la vida de esos que subsisten a costa de dar sablazos a unos y otros, escudándose en un buen apellido y una presencia más que correcta. Después, empieza a dejarse entrever otra persona distinta que subyace bajo la apariencia de frivolidad, y que genera desconfianza en su propia esposa, hasta el punto de hacerla temer por su vida.

Sin ser, como he dicho antes, una de sus obras más afortunadas, destaca la magnífica interpretación del siempre fabuloso Cary Grant y la tremendamente emotiva Joan Fontaine, especialista en dotar a sus personajes de una enorme intensidad emocional y expresiva. Joan recibió el Óscar por su trabajo en Sospecha en el año 1941, venciendo curiosamente a su hermana, la también conocidísima actriz Olivia de Havilland, que optaba al galardón por su interpretación en “Si no amaneciera”. Esto motivó una enemistad entre ambas que duraría muchísimos años. Joan Fontaine, que en la actualidad vive totalmente retirada de la vida pública (tiene más de noventa años) es una de mis actrices favoritas, y en mi opinión siempre ha gozado de un reconocimiento muchísimo menor del que se merece. Aunque eso es arena de otro percal.

Volviendo a la película, llama la atención la combinación un tanto extraña de escenas más o menos solemnes con otras de carácter más liviano, o la incursión de ciertos chascarrillos no del todo afortunados en momentos inoportunos. También choca un poco la alternancia entre diálogos vibrantes, rápidos, y cargados de energía con otros excesivamente lánguidos.

La productora impuso a Hitchcock un determinado final que no desvelaré para aquellos que no hayan visto la película, que distaba del que el director deseaba darle al filme, según confesó el propio director años más tarde a otro genio de la pantalla, Truffaut.

Reitero que no es de sus títulos más afortunados, pero aun así merece la pena verlo, y el simple hecho de ver en pantalla a sus protagonistas es todo un deleite para el espectador.
Lo mejor: La interpretación de dos gigantes de la pantalla, como son Cary Grant y Joan Fontaine.
Lo peor: No está a la altura de la mayoría de la obra de su director, y adolece de defectos impropios de un hombre como Hitchcock.

publicado por Oscar Cantero el 16 enero, 2007
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