Sutileza en los detalles, soberbia interpretación y una magnífica ambientación que demuestran que el talento ni se compra ni se vende.

★★★★★ Excelente

El extraño

La verdad es que me siento un poco intimidado cuando pienso en que voy a realizar una crítica de una película dirigida y protagonizada por quien forma junto a Joseph Cotten y Jack Nicholson mi particular olimpo del celuloide. Orson Welles era un tipo extraño, bohemio, inconformista, que acabó peleado con toda la industria del cine americano, de la que fue prácticamente expulsado por su ideología ultraprogresista en unos Estados Unidos dominados por el capital semita y conservador. El Extraño pertenece a su época dorada, próxima en el tiempo a Ciudadano Kane y El Tercer Hombre (siento escalofríos sólo de escribir estos títulos), poco antes de que su entusiasmo por España le llevara a pasar grandes temporadas en nuestro país junto a uno de sus grandes amigos, Antonio Ordóñez, en cuya finca reposan los restos del genial cineasta.

En El Extraño, Welles encarna a un nazi que tras la guerra lleva una vida tranquila bajo nombre falso en un pueblo de América, y al que un “cazador” localiza en gran parte gracias a la afición a los relojes del antiguo SS, que ocupa su tiempo libre en arreglar el reloj del campanario del pueblo. Charles Rankin es el nombre bajo el que se esconde Franz Kindler, y al que tratará de atrapar el Señor Wilson, al que da vida otro monstruo de la interpretación, como fue Edward G. Robinson.

Las caracterizaciones de los personajes alcanzan cotas insuperables en la apariencia oscura y sombría de Welles o la afabilidad del detective Wilson, que llega a entablar cierta amistad con el orondo y agradable dependiente del almacén, al que a su vez utiliza para obtener algo de información. Ello contribuye a que el tempo de la película sea lento, pero a la vez dinámico, en una difícil conjunción de factores que pocas veces se ven. El simple detalle de la manera en que el perseguidor de nazis se convence de la identidad real de Kindler es de una sutileza sin par. Todo ello sin olvidarnos del resto del reparto que también brilla a un gran nivel (especialmente Loretta Young, la ignorante e ingenua esposa del despiadado criminal). Pero en cualquier caso, y siendo sobresaliente en este apartado, la interpretación no es lo más importante de esta película.

Desde el punto de vista técnico también es impecable, y utiliza frecuentemente picados y contrapicados de imágenes, que junto a un manejo soberbio de la iluminación y las sombras, crean una atmósfera de tensión y suspense de una enorme intensidad. Estos “atrevimientos” junto a una profundidad de guión plagado de segundas lecturas y mensajes políticos son los que convierten a El Extraño (también conocida en España como El Extranjero) en una verdadera obra maestra y en referencia inevitable para posteriores producciones de similar corte, encuadradas en lo que se dio en llamar Film Noir (cine negro).

Soy consciente de que he hecho de un entusiasmo desmesurado en estas líneas, pero la fascinación que desde siempre ha ejercido sobre mí Orson Welles me impiden moderarme cuando de él se trata. Y sobre todo si hablamos de una maravilla como esta película.
Lo mejor: La aplicación de técnicas de filmado incipientes pero poco utilizadas en la época que se rodó.
Lo peor: Que no haya demasiadas películas como ésta.

publicado por Oscar Cantero el 15 diciembre, 2006
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