Sus imágenes ahora nos parecerán quizás obsoletas, pasadas de moda, pero también nos atraparán en su tiempo porque “Lola Montes” contiene una esencia muy especial. No dejaría escapar su visionado.

★★★★★ Excelente

Lola Montes

Antes de la crítica de “Borat”, una recomendación im-pres-cin-di-ble. Seguro que todos hemos oído hablar cien mil veces de obras maestras como “Psicosis”, “2.0001, una odisea del espacio”, “Casablanca”, “Lo que el viento se llevó”, “Ciudadano Kane”, “Con faldas y a lo loco”, “Al final de la escapada”… y podríamos seguir así hasta abarcar cientos, miles de títulos.

Pero pocos han visto una de las más olvidadas y grandes películas de la Historia del cine, esa “Lola Montes” que el alemán Max Ophüls, más recordado por clásicos indiscutibles del romanticismo como “Carta de una desconocida” (1948), “La ronda” (1950) o “Madame de…” (1953), rodó de manera póstuma.

Precisamente, ayer, martes día 21, se reeditó en DVD “Lola Montes”, que fue durante su estreno, en 1955, la producción más cara del cine europeo, y también un sonado fracaso de taquilla.

Recrea la vida de una famosa cortesana del siglo XIX, de origen cubano, y dotada de una belleza y sensualidad irresistible. Desengañada del amor decidió vivir libremente, desafiando las normas de su época. Se convertió en una celebridad debido a sus múltiples amantes, que incluyeron a sultanes, zares o reyes, y su vida acabó siendo exhibida en un espectáculo de circo donde ella misma es la estrella principal.

Amor y poder en un trapecio.

Con Lola Montes (1820 – 1861) erigida en fenómeno circense da comienzo la película de Max Ophüls. Narrada de manera poco convencional, barroca, exquisita, elegante, a todo color y que… jamás llegó a atraer a demasiado público. Sin embargo, si buscan cualquier otro comentario también leerán maravillas de esta película.

¡Y no es para menos! Ophüls traza un paralelismo de proporciones grotescas entre el espectáculo de la vida de Lola y el que se desarrolla bajo una carpa llena de enanos, funambulistas, trapecistas, bailarines, caballos, escenas teatrales o de sombras que se proyectan trás unas cortinas. ¡Es el circo de la vida!

Leyenda y realidad se entremezclan en la agitada historia de una fémina irrepetible que llegó incluso a sacudir gobiernos. Y a medida que el maestro de ceremonias (Peter Ustinov, ‘irreconocible!) va relatando las acrobacias amatorias y el ascenso social, y político, de la heroina (Martine Carol, ¡impagable!), más peldaños va subiendo Lola en el número de trapecio de su función.

El humor es siempre sútil y con gusto. Por ejemplo, cuando el Rey Luis I de Baviera (Anton Walbrook) debe elegir el pintor del retrato de Lola lo hace según el criterio de “lentitud” del trabajo del artista, y lograr de este modo retenerla más tiempo en su país.

Las 12 perfecciones.

O al reflejar el divertido vaivén, la cadena de órdenes y el movimiento, que puede desencadenar entre sus vasallos la simple orden de un personaje influyente. Por ejemplo, en “Madame de…” era un collar de perlas perdido en un teatro de la ópera, y en “Lola Montes” es la orden de Luis I a sus criados de traerle, lo antes posible, hilo y aguja para coser el vestido de la dama.

Y lo dicho, tanto Martine Carol como Peter Ustinov están absolutamente memorables.

Igualmente destaca la letra de la canción que el maestro de ceremonias dedica a la meretriz y que dice algo así como: “Lola tiene 12 perfecciones. 3 dulzuras: corazón, puños y manos. 3 locuras: ojos, cabellos y píes. 3 brevedades: brazos, orejas y nariz. 3 curvas: figura, boca y pechos. Los hombres se condenan para ofrecerte fortunas. Y tú ofreces tu cuerpo, pero te reservas el alma”.

Sus imágenes ahora nos parecerán quizás obsoletas, pasadas de moda, pero también nos atraparán en su tiempo porqué “Lola Montes” contiene una esencia muy especial. No dejaría escapar su visionado. ¿No me creen? Se sorprenderán.
publicado por Carles el 22 noviembre, 2006

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