Digan después que han visto cosas que nadie ha visto, que más allá de Orión naves en llamas se precipitan como lágrimas de dioses sobre la tierra quemada de la desesperación. O algo así.

★★★★★ Excelente

Blade runner

1. Una revisión breve del género

El cine vino a nacer con Julio Verne, lectura de cabecera de Mélies. La ciencia ficción, al menos la más poderosamente arraigada en el gusto popular, vino a nacer con el cine, aunque la literatura fantástica había entregado nobles entregas de aventura espacial y de épicas más allá de donde alcanzan nuestros ojos.

El viaje a la luna, película fundacional, auténtico ejercicio de prestidigitación fílmica a tenor de los rudimentos en uso y de la precaria tenencia de logística técnica, devino un breve, pero imaginativo milagro que revolucionó un modo de mirar que no había sufrido transformación alguna y que tenía a la pintura como casi único elemento referencial válido.

Esta ciencia ficción se armaba de pura serie B masticable y frívola para engolosinar a un público virginal que se embebecía con el muestrario mágico de la ficción. Pocos terrenos más abonados para la imaginación narrativa y para el lucimiento de la técnica que esta ciencia ficción.

El celuloide se revistió de documentalismo: se invistió de noticiario en imágenes. El cine, como entretenimiento, debe a la narrativa fantástica casi todo su primitivo ingenio. La carestía de montar un espectáculo cinematográfico de altura, que no pareciese ridículo y que restituyese en imágenes la potencialidad gigantesca de los argumentos escritos, de la pura y dura literatura, frenó en seco un auge del género.

Desde la película fundacional del cine hasta 2001, una odisea en el espacio, del maestro Kubrick, no hay una ciencia ficción verdaderamente colosal, con una altura de miras mayor,cuando otros géneros ( la comedia, la aventura, el terror, el thriller…. ) habían entregado obras maestras indiscutibles desde bien temprana abierta la carrera imparable de lo que hemos dado en llamar el séptimo arte.
Los artilugios de George Lucas rebajaron el género a divertimento con palomitas: habíamos entrado de lleno en la nueva era de las franquicias cinematográficas y el dinero, por vez primera, se convertía en el parámetro básico sobre el que pivotaría el éxito o el fracaso de un film toda vez que la propia ciencia ficción requería de esa magnificencia para evidenciar con nitidez y verosimilitud el vértigo absoluto de su literatura.

Ridley Scott había hecho Los duelistas y la vigorosa y rejuvenecedora Alien, el octavo pasajero, que reimpulsó con fabulosa eficacia el pulso de la ciencia ficción.
En 1.982 realiza Blade Runner.

2. Ovejas eléctricas, pastores divinos.

Blade Runner es la adaptación del cuento de Philip K. Dick “” ¿ Sueñan los androides con ovejas eléctricas ?””, escrito en 1.968. . Dick, Bradbury y Haxley son el triada de autores de culto en la literatura futurista.

Las reflexiones metafísicas y la lírica visual de la película es herencia del tono melancólico, casi bucólico, de la historia de Dick.

Blade Runner es una acendrada mixtura de ciencia ficción y de noir puro.
La acción se desarrolla en Los Ángeles, una ciudad devastada por la lluvia ácida que un neón plomizo ilumina con pereza.

El detective Rick Deckard ( Harrison Ford ) busca replicantes, androides amotinados que quieren ser humanos. Cual moderno Prometeo, Dick ( y Scott en la prodigiosa plasmación del cuento en imágenes ) nos remiten a la historia de Shelley, a su Frankestein surgido de la mano del hombre, que quiere emular a Dios. Dekcard se enamora de una replicante ( Sean Young, en el papel más relevante de su atípica y decepcionante carrera ).

La empresa de Deckard, retirar ( eliminar ) a los androides en rebeldía, cuyo deseo es encontrar a Tyrell, su demiurgo, su creador fantástico, el padre en la sombra, su Doctor Frankenstein encerrado en su castillo secreto. Una de sus obras más singular es Roy Batty, que recrea proverbialmente un inspirado Rutger Hauer, cuya carrera posterior tampoco ha tenido ninguna continuación digna.
Todo aficionado al cine ( y da igual qué edad siempre que haya tenido el placer inmenso de haber visto Blade Runner ) recuerda el monólogo de Batty. “” He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir “”. Recuerda su sacrificio, su vuelo redentor, su recitativo de William Blake, el poeta visionario inglés. El actor holandés aporta un físico inconmesurable: en cierto modo, Blade Runner es su rostro bajo la lluvia.

3. El universo Blade Runner: el ciberpunk místico.

La complejidad temática del film lastró su carrera comercial. Los casi treinta millones de dólares que costó dibujar el futuro y reescribir la fantasía de Dick, su ciudad devastada, su particular obsesión por la ética de la robótica, no tuvieron una contraprestación inmediata. El film fue vapuleado en la crítica de la época. Se esperaba que el recién encumbrado director Scott imprimiera un ritmo más ágil, más en consonancia con una obra de acción, pero Blade Runner es una indagación de primer orden sobre la naturaleza del alma humana y sobre la religión como motor de la existencia. El androide Batty busca a su Dios, al que sacrifica porque no le proporciona las respuestas metafísicas que reclama. Esta espesa consideración no entra ( ni con calzador de última generación ) en el libro de estilo de las películas de acción. Con el tiempo, Blade Runner se ganó una fama merecida. Supo presentar una serie de cuestiones morales que son ahora, dos decadas largas después de su estreno, objeto de reflexión en los foros culturales al uso.

La imagen de la muerte del replicante Roy dejando escapar una simbólica paloma constituye una de los iconos cinematográficos por excelencia, en mi muy modesta opinión, del cine contemporánea igual que han pasado a la esa memoria colectiva las escenas de Bogart y Rains en el aeropuerto de Casablanca, Cary Grant huyendo de un avión en un páramo desértico o Vivien Leigh jurando no volver pasar a hambre.

La voz en off de Deckart remite directamente a Raymond Chandler, al cine negro de los años 40. Las gabardinas con cuellos largos y las aspas de los ventiladores en la oficina del detective crean la ilusión de que estamos asistiendo a una película de John Huston y que Bogart puede aparecer en cualquier momento, desencantado de la vida y hastiado de ver tanto horror. Tampoco falta la femme fatal, que es la ya citada replicante Young.

La posibilidad de que el propio detective sea un replicante, manifestada en alguna ocasión por Ridley Scott, entrega un objeto más de culto. Apocalíptica y distópica, Blade Runner resiste múltiples visionados. Cinéfilos de pro coinciden en que hay películas con membrete de clásicas que difícilmente logran superar la prueba de ser vistas de modo continuo por el espectador. Tengo yo a un buen amigo que jura haber visto Blade Runner cuatro veces seguidas y haber encontrado en cada pase un motivo de gozo diferente. Me tengo yo por fan declarado. La he visto las veces suficientes como para odiarla, pero ha ganado en talla, en altura artística.

4. Noticias

La legión de fans de Blade runner estamos de enhorabuena: se anuncia para finales de Noviembre una versión limitada del disco con una restitución sonora más acorde a estos tiempos de sofisticación digital.
En 2007, el propio Ridley Scott cuidará del diseño y de los contenidos de un Final Cut edition, que promete ser un hito en la comercialización de dvd’s de cine clásico. Esperamos que la revisión de Scott no sea tan farrullera y poco atractiva como la que hizo de Alien.

El precio no será abusivo. Leo que rondará los quince euros y no contendrá ( para esa futura revisión en 2.007 ) de ningún disco extra con contenidos exclusivos adicionales. De cualquier forma, hay que celebrarlo por todo lo alto. Hagan por tanto cola, acudan al videoclub más cercano, guarden una noche de lluvia para reverla en esa prometida restauración sonora y cromática.

Digan después que han visto cosas que nadie ha visto, que más allá de Orión naves en llamas se precipitan como lágrimas de dioses sobre la tierra quemada de la desesperación. O algo así.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 21 noviembre, 2006

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