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No me alcanza, de allí mi sentimiento de culpa. Edward Norton con esa mirada adusta y concentrada me recuerda más a un astigmático que a un excelso ilusionista.

★★☆☆☆ Mediocre

El ilusionista

¿Hasta cuándo tener que hacer la vista gorda por no pecar de soberbia? Es cierto que en este blog he tratado muy mal a varias películas porque me resultaron cómicas a un grado superlativo cuando su misión inicial no era justamente la comedia (como prueba de ello basta con darse una vuelta por la categoría No la vean). Pero la meta de cualquier visita al cine por lo general es la satisfacción de la misión cumplida y el placer que genera ver una buena película, sensaciones que por una razón u otra no siento desde hace bastante (al menos en lo que respecta a las reseñas en este blog).

Cuando publiqué mi opinión sobre El gran truco hace unas semanas lo hice con las mismas ideas dando vueltas en mi cabeza pero en aquella oportunidad, quizás sólo por ser la primera de dos realizaciones similares, no era tan fuerte la sensación de misión no cumplida.

Con El ilusionista no puedo más que sentir algo de culpa al declarar que no me gustó. Porque existen muchos factores que suelen llevar a una pelicula a la calificación de “Buena” o “Muy buena” en algunos casos, factores que en esta oportunidad para mi no han sido suficientes.

Música compuesta por Philip Glass, pocas veces tan acorde y sutilmente dosificada, la fotografía de Dick Pope (El secreto de Vera Drake) con delicados sepias que no hacen más que sumergirnos profundamente en la Viena de 1900 maravillosamente ambientada con el diseño de producción del checo Ondrej Nekvasil.

Como siempre, un placer ver a Paul Giamatti pudiendo calzarse no sólo cualquier zapato que le alcancen sino también el vestuario (elegante no ostentoso) de Ngila Dickson (la saga de El señor de los anillos).

¿Entonces? Entonces no me alcanza, de allí mi culpa. Eduard Norton con esa mirada adusta y concentrada me recuerda más a un astigmático que a un excelso ilusionista, a Jessica Biel poco le falta para ganarse el mote de Señorita hiel. Si su personaje está perdidamente enamorado del protagonista, es un secreto bien guardado porque no hay química alguna con Norton.

Y finalmente Rufus Sewell como el Príncipe Leopoldo tiene tantos detalles de tirano y dictador como la película misma de grandiosa y sorprendente ilusión.
publicado por Lara Croft el 14 noviembre, 2006

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