muchocine opiniones de cinedesde 2005

Una película para pasar el rato, sin excesivos entusiasmos. Al menos la versión original puede que sea más apreciada.

★★★☆☆ Buena

Los fantasmas de Goya

Resulta aterrador sentir tan palpablemente cómo la Inquisición Española hacía estragos en las vidas de muchas personas inocentes.

Asusta ver impotente cómo se valían de argucias deleznables y de imputaciones infundadas y esperpéticas para detener, torturar, acusar (tras la confesión para evitar el dolor), y, finalmente, en la mayoría de los casos, condenar a muerte en la hoguera o con el garrote vil a supuestos herejes enemigos de la ortodoxia católica.

Esa miserable labor de evangelización y sus consecuencias, incomprensible en nuestros días, es lo que se nos muestra mayoritariamente en esta película.

Es más, es el motor de la historia: un relato que transcurre a través de los ojos del maestro Francisco Goya (Stellan Skarsgard) desde los últimos años de la Inquisición Española en 1.792, pasando por la invasión del ejército napoleónico y terminando con la derrota de los franceses y la restauración de la monarquía española por el ejército británico de Wellington.

No es más que el triste episodio de la vida de Inés (Natalie Portman), una adolescente musa del famoso pintor español que es acusada de hereje por los inquisidores episcopales liderados por el padre Lorenzo (Javier Bardem), y encarcelada durante 15 años sin absolución.

Milos Forman ha conseguido hacer una película de Goya donde el pintor es el menos importante de la historia. Se trata al personaje como un mero observador, y, en algunos momentos, como un infructuoso mediador.

Se podría pensar que por esta premisa el filme defrauda de inmediato, teniendo en cuenta que el título le menciona con apariencia de ser su ‘leit motiv’. Sin embargo, la cinta no llega del todo al espectador por otros motivos muy distintos al explicado, y que son ajenos al ámbito de la dirección.

Los puntos fuertes son varios; entre todos, la ambientación del filme. Magníficas localizaciones, majestuosos decorados y cuidado vestuario y atrezzo hacen de ‘Los fantasmas de Goya’ una película de época visualmente creible, sobre todo en cuanto al azote de la Inquisición. Lo del rigor histórico en el resto de detalles, incluida la figura del pintor, es otro cantar.

Por otra parte, el guión funciona muy bien durante los tres primeros cuartos de la película, logrando que se mantenga una continuidad argumental que entretiene.

Y, por último, la interpretación que hace Portman del personaje de Inés después de estar encarcelada durante 15 años, está muy lograda y resulta realmente emotiva, especialmente en la escena final de la película. La increible caracterización de la actriz ayuda bastante.

Los puntos débiles también son varios; entre todos, el auto-doblaje de Javier Bardem, principalmente el de la primera parte de la película (en su etapa de inquisidor). Este actorazo tiene un porte, una presencia excepcional, lo cual se refleja en pantalla, pero su toque genial está en la naturalidad con la que representa a sus personajes, así que resulta excesivamente artificial verle interpretar en inglés al padre Lorenzo con una voz doblada por él mismo con un tono exageradamente pausado y suavón, que roza lo caricaturesco.

En la segunda parte de la cinta, por razones argumentales, su voz tiene que ser distinta, más enérgica y segura, así que en ese momento empieza a cuadrar con su imagen; pero no se te va de la cabeza que es un doblaje. El dilema de doblarse a sí mismo o dejarle el trabajo a un profesional se ha decantado, en mi opinión, por una opción desacertada.

Si a esto le añadimos la aparición a lo largo de la película de conocidos actores españoles (es una coproducción UK-España) cuyo medio habitual es la televisión, junto a personajes de la prensa rosa (¡Cayetano Martínez de Irujo y su santa esposa!) la atención a la trama se pierde. Todo ello provoca grandes altibajos en la credibilidad del relato.

Igualmente el guión en la parte final de la película se vuelve precipitado. La invasión napoleónica y la restauración de la monarquía gracias a Wellington pasan en un suspiro sin dar tiempo a asimilar los cambios.

En cuanto a la interpretación de Portman como Alicia, la propia hija de Inés, no es excesivamente brillante (por dios que dientes postizos más exagerados le han puesto) y su personaje descoloca un poco al unirlo temporalmente con la misma Inés, por mucho que digan que su parecido es asombroso.

De Stellan Skarsgard cabe decir poco. Pasa por la película como su personaje, haciendo poco ruido.

Si ponemos todo lo comentado en una balanza, el resultado, en mi opinión, sería una película para pasar el rato, sin excesivos entusiasmos. Al menos la versión original puede que sea más apreciada.
publicado por Yul B. el 13 noviembre, 2006

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