Se queda a medias entre criticar el mundo de la moda o defenderlo como movimiento artístico-cultural, cambiando de postura de una escena para otra.

★★☆☆☆ Mediocre

El diablo viste de Prada

Por si alguien cree que en esta película puede haber alguna sorpresa aviso que en las siguientes líneas encontraréis algún ligero spoiler sobre la primera media hora.

Esto va de una chica rebelde (Anne Hathaway) que sale con un cocinero que es rebelde y con unos amigos algo bohemios (y rebeldes). La chica acude a una entrevista de trabajo en la revista más importante de moda del mundo (los rebeldes de hoy en día son así) donde es aceptada pese a que no sabe nada de moda ni de la revista ni de su famosísima y despótica jefa (Meryl Streep).

Al principio las cosas no le van bien y, por algún motivo que se me escapa, todo el mundo se empeña en decir que está gorda pese a que resulta evidente que es bastante delgada. El caso es que la chica comienza a vestirse a la moda y de repente el éxito profesional le sonríe (hasta la ven delgada, al fin). Como sus amigos y su novio son muy rebeldes le dan la espalda ante su éxito profesional demostrando que, además, son un poco memos. La chica rebelde tendrá que enfrentarse a todos esos problemas y encontrarse a sí misma (sea lo que sea eso).

Este es el tema de “El Diablo viste de Prada” (The Devil Wears Prada), película de David Frankel que fue presentada fuera de competición en el Festival de Venecia de este año (que la vergüenza caiga sobre ellos) y que ha contado con ciertas críticas positivas. El exceso de alcohol en sangre durante la proyección no ayuda a apreciar una película y así salen las críticas que salen (eso si es que esos críticos la habían visto, claro, que de todo hay).

El caso es que la película se queda a medias entre criticar el mundo de la moda (un mundo patético en el que la apariencia es lo único importante y que es, al menos, parcialmente culpable de miles de depresiones y problemas de autoestima en todo el mundo) o defenderlo como movimiento artístico-cultural, cambiando de postura de una escena para otra.

La película funciona como entretenimiento muy muy básico para una tarde tonta delante de la tele pero nada más. Lo único destacable es la presencia de Stanley Tucci y, sobre todo, de Meryl Streep que en un par de escenas deja unas pinceladas de su infinito talento para llenar la pantalla y transmitir emociones hasta en la más hueca de las producciones. Espero que podamos verla pronto en una película a su altura y no en un producto como éste, que es de lo más convencional que se puede ver hoy en día en los cines.
publicado por Jeremy Fox el 31 octubre, 2006

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