Correcta, con envidiable calidad técnica, pero que no se moja todo lo que pretende hacernos ver.

★★★☆☆ Buena

Gracias por fumar

Vivimos tiempos en los que el poder de la palabra lo es todo. Continuamente nos bombardean con mentiras que nos creemos porque nos las han contado bien o simplemente han sido amables mientras nos las decían usando bonitas palabras. La demagogia es uno de los mayores males de nuestro tiempo, por culpa de ella somos capaces de justificar asesinatos, violaciones o invasiones a un país. Un perfecto orador es el rey del mundo delante de una cámara diciendo grandes frases y poniendo pensamientos en las cabezas de los estúpidos que no saben ni quieren pensar por sí mismos. Claro que hay oradores buenos y otros malos, aquellos que dicen la verdad y aquellos que mienten. Todo esto podría ser el tema que trata ‘Gracias por Fumar’ pero enmarcado dentro de la Industria del Tabaco y su relación con las personas, con los consumidores potenciales y con los que no lo son. ¿Es bueno fumar? ¿es perjudicial para la salud? ¿dejaré que mi hijo fume? ¿demandaré a la compañía de Tabacos si descubro que tengo un cáncer por llevar toda mi vida fumando? ¿me veré mil veces ‘El Dilema’ para saber lo que tengo que hacer? Sobre estas estúpidas preguntas, salvo la última por supuesto, trata esta película con toques satíricos.

Nick Naylor representa a la Industria del Tabaco en los USA de cara al público. Él se trata de informar a la sociedad del resultado de los estudios sobre el tabaco realizados por las grandes compañías. Su trabajo no es mentir, sino disfrazar la verdad, filtrarla desviando la atención, algo que siempre se le ha dado muy bien saliendo triunfante de todos los problemas en los que se ha visto envuelto. Un día conoce a una periodista que quiere hacerle una entrevista para conocer todas sus armas secretas. Al mismo tiempo, un importante senador quiere presentar una ley que obligue a las compañías tabacaleras a poner una etiqueta en las cajetillas que ponga la palabra «»veneno»».

La película ha sido dirigida por Jason Reitman, hijo de uno de los directores más infumables de la década de los 80, Ivan Reitman, que pocas películas destacables tiene. Todavía es pronto para decirlo pero da la sensación de que el hijo no ha heredado el talento del padre afortunadamente. Reitman hace gala de un uso del ritmo realmente ejemplar. El film no tiene ni un sólo bajón y avanza tan rápidamente como el protagonista habla. Y es que estamos hablando de una película en la que la palabra lo es todo. El personaje central estaría perdido y no resultaría tan interesante si no fuera un maestro en el uso de los vocablos. Y a pesar de que es el típico charlatán nos es presentado de forma que nos cae bien y nos preocupamos por sus problemas personales, porque al fin y al cabo es una persona como otra cualquiera. Y he aquí uno de los aciertos de la película, aunque muchos dirán que no, un personaje que deberíamos odiar por lo que hace nos cae bien. La película logra lo mismo que su personaje principal, él convence a la gente de que el tabaco no es malo. El film nos convence de que él es una buena persona, un líder, alguien a quién necesitamos.

‘Gracias por Fumar’ está llena de caras conocidas, actores más o menos famosos los cuales realizan todos un buen trabajo, sobre todo Aaron Eckhart, protagonista absoluto y que compone a la perfección un personaje que sabe qué decir en todo momento usando siempre las palabras correctas aunque sepa de antemano que lo que defiende está mal. Maria Bello en un brevísimo papel también está muy bien, al igual que el resto de personajes, algunos de lo más curioso, como el agente de Hollywood interpretado por un divertido Rob Lowe (quién iba a decir que este actor pudiera hacer algo bien); William H. Macy como un senador obsesionado por destruir la reputación de Nick, Katie Holmes como una reportera que se lía con Nick sería el único punto débil de todo el reparto, y es que la señora Cruise nunca ha estado muy bien dotada para la interpretación; Robert Duvall mostrando toda su experiencia en un personaje un pelín desaprovechado, Cameron Bright como el hijo del protagonista y que vez primera este actor no interpreta a un niño raro, Sam Elliott que hace del vaquero que salía en un anuncio de tabaco enfermo de cáncer, y que efectivamente es el que todos pensais, pero con el nombre cambiado y la marca de tabaco también, y J. K. Simmons que está espléndido como el jefe del protagonista.

Pero el film no es ni mucho menos perfecto. A pesar de su excelente ritmo, sus cuidadas frases en el guión y su casi acertado reparto, la película se queda a medio camino en su intención de ser distinta, atrevida y mordaz. Podría haber sido mucho más fuerte de lo que es, haber metido el dedo en la llaga hasta el fondo y no quedarse en la superficie hurgando un poco. Por otro lado, la historia peca un poco de previsible en su parte final y de algunos tópicos que le hacen inclinarse hacia lo de siempre: personaje con profesión dudosa pero con increíble talento para ello y que se cuestiona sus principios morales. Creo que el film no debía de haber seguido ese camino y sí indagar más en la parte de la historia en la que se nos muestra de qué es capaz una empresa de tabacos para defender su negocio.

Una película correcta, con envidiable calidad técnica, pero que no se moja todo lo que pretende hacernos ver. Aún así, es un producto interesante y muy entretenido dentro del actual panorama cinematográfico en los USA, y por supuesto nos hace tener la mirada atenta en su director, que espero no se dedique a las payasadas que hacía su padre, quien por cierto ha estrenado entre nosotros ‘Mi Super Ex-Novia’, que si me acerco a verla será unicamente por ver a Uma Thurman.

Lo peor:

publicado por Red Stovall el 25 septiembre, 2006
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