Una buena película llena de altibajos, con excelentes raciones de gran cine de acción, pero que no deja de ser una pequeña decepción para los que sabemos de lo que es capaz el señor Mann.

★★★☆☆ Buena

Corrupción en Miami

Dirigida por Michael Mann. Esa simple frase ya es un motivo más que suficiente para que todo buen aficionado al cine se pase por taquilla a ver ‘Corrupción en Miami’. El director norteamericano era el principal responsable de la famosa serie de televisión y ahora se ha encargado de llevarla al cine, en una adaptación bastante libre, más de lo esperado. De hecho, si le ponen otro título y a los personajes protagonistas otros nombres, esto habría funcionado igual y nadie habría notado la similitud con la serie televisiva. A mí, que la serie ni me iba ni me venía, me parece que Mann acierta haciendo esto, pero igual muchos lo vean como una jugada comercial decepcionante. De cualquier forma, lo importante es la película y no en qué se basa. Y la película no es todo lo buena que se podía esperar de un cineasta que ha filmado dos absolutas obras maestras como son ‘Heat’ y ‘El Dilema’ (su mejor película). Es un notable film de acción mezclado con tontas escenas románticas. Afortunadamente, los aciertos de la película son mucho más potentes que los patinazos.

‘Corrupción en Miami’ se centra en los detectives James ‘Sonny’ Crockett y Ricardo ‘Rico’ Tubbs. Tras la llamada de un infiltrado a Sonny, los elegantes protagonistas se enteran de que una banda de criminales ha destapado toda una operación encubierta de la policía, acabando con la vida de varios agentes. Convencidos de que hay un pez muy gordo detrás de todo el asunto, Sonny y Rico prepararán una gran operación para atraparle, cuyo primer paso es la infiltración en el negocio de los narcotraficantes. Lo que no esperan es que la ‘chica del gángster’ vaya a cruzarse en el camino de Sonny y ponga en peligro la misión.

La película comienza casi sin aviso, situándonos de lleno en una discoteca de lujo al ritmo de Jay Z & Linkin Park (un temazo que, por cierto, está mucho mejor sin la participación del rapero). Pronto veremos a los dos protagonistas y nos sentiremos inmersos en el mejor cine de Michael Mann: gran virtuosismo técnico, bellísimas imágenes acompañadas perfectamente por grandes temas musicales y llamativos relámpagos de extraordinaria acción. Lo mejor del comienzo es que te deja poco margen de maniobra. O entras o entras. Lo que hace Mann, como diría Billy Wilder, es agarrar al espectador por las solapas y (esto ya lo digo yo) tirarlo sin alternativa a la sala de baile. Con unas pocas pinceladas nos enteramos de lo que está ocurriendo y de quiénes son los protagonistas. Todo está en marcha. El arranque es de lo mejor de la película pero pronto dará paso a un inquietante cambio de ritmo, a raíz de la llamada a Sonny, que será la tónica del resto del excesivo metraje. Momentos de acción extrema con otros de extremo aburrimiento.

Porque Mann no sólo hace gala de su grandioso estilo sino que lo hace llevándolo al máximo nivel, con sus ventajas y sus inconvenientes. Las ventajas ya las he comentado, y, realmente, es lo que sobrevive al final: la belleza de las imágenes y las atronadoras escenas de acción. Especial atención, hablando de la acción, al realismo que desprenden, no sólo por el formato visual al que opta Mann sino, sobre todo, por la brillante planificación y puesta en escena. Como he dicho, estos aciertos de la película son los que quedan tras su visionado, pero… también hay evidentes deficiencias. Un argumento pobre, diálogos generalmente vacíos y una exagerada duración, para lo que cuenta. Por supuesto, se trata de una película de acción y asuntos como el desarrollo de personajes o el argumento no deben ser mirados con lupa ni afectar al disfrute de la sesión. Desde luego, aquí uno que se apunta a eso. Pero el propio Mann quita un poco de razón a lo planteado y se convierte en su mayor oponente. Y esto lo digo porque existe un peliculón del mismo director titulado ‘Heat’, que debemos tener muy en cuenta a la hora de valorar ‘Corrupción en Miami’. Incluso podemos poner sobre la mesa la reciente y notable ‘Collateral’, donde Mann demostraba que los personajes son tan importantes como una buena escena de espectacular acción. En ‘Corrupción en Miami’ no se le da la más mínima importancia a los personajes y se los maneja como si fueran los habituales títeres de una tópica cinta de acción de serie B protagonizada por el Van Damme o el Seagal de turno. ¿Vale la excusa de la serie en que se basa para ahorrarse este aspecto? Ni de coña. El espectador no tiene porqué haberse empapado de la serie televisiva para poder disfrutar plenamente con la adaptación cinematográfica. Además, aún así, la excusa carece de fuerza cuando se ve el tratamiento de los personajes a lo largo de la película, sin profundidad alguna. A esto hay que sumar unos diálogos que dejan muchísimo que desear. Los encuentros entre los ‘buenos’ y los ‘malos’ son un buen ejemplo del gran vacío de las conversaciones. De hecho, hay escenas en las que los personajes están hablando y, cuando le toca responder a uno, se queda callado y, unos segundos después, cambiamos de escena. Da la sensación de que Mann ha intentado dar un toque espontáneo a los diálogos y el tiro, por esta vez, le ha salido por la culata. Por no hablar de escenas ‘cómicas’ como el ‘gatillazo’ fingido de Rico, más propio de otro tipo de película (y cada uno que piense la que quiera).

Como digo, en sus más de dos horas de duración hay momentos para todo. Tanto para el sobresalto como para el bostezo más involuntario. No se entiende la excesiva duración de la película y más cuando la historia carece de todo tipo de complejidad. Ya podían haber dejado los momentos de telenovela barata en la sala de montaje. Porque si antes he mencionado la de los diálogos, hay que hacer referencia al tonto y forzado romance entre los personajes de Collin Farrell y Gong Li. Se encuentran, se miran, se vuelven a encontrar, se miran, se vuelven a encontrar, se miran. Por fin, él le pide el ‘favor’ de invitarla a una copa y ella, sin pensárselo mucho, se lo lleva a Cuba en una lancha. Lo más normal del mundo, desde luego. Lo que allí ocurre también es normal. Beben, bailan y follan. Ella llora. Él queda como un campeón. Se duchan y vuelven al ataque. Al poco tiempo, están hablando de sus padres y enseñándose fotitos. Pero deciden que no pueden estar juntos… y vuelven a la cama. En realidad, los momentos románticos protagonizados por Jamie Foxx y Naomie Harris tampoco es que estén mejor narrados, pero como tienen menos tiempo en pantalla se nota menos. Curiosamente, ambas parejan tienen una escena de ‘encuentro’ en la ducha; ya podía haber buscado Mann otra forma de hacer palpable la pasión en las dos parejas y no repetir la escena.

Por cierto, no menos curioso es que Foxx desaparezca de la película durante bastantes minutos para que Farrell se quede como absoluto protagonista. Había leído en algún sitio (como diría Alatriste, mi memoria es nefasta… para algunas cosas) que Foxx no estaba nada contento con lo que Mann había hecho con su personaje y su participación en la película. Ahora (sin saber si eso es cierto o no, ojo) lo veo más comprensible. Que a una de las dos estrellas, en concreto al mejor actor de los dos (por algo tiene un Oscar y el otro no), lo saquen de la película, sin motivo razonable alguno, debe ser poco menos que mosqueante. Dejando eso a un lado, y volviendo a lo importante, al verdadero problema de ‘Corrupción en Miami’, la película habría ganado muchísimo y podría haber sido esa gran película que se esperaba de Mann si las escenas románticas no parecieran filmadas por el ‘director’ de alguna telenovela que suelen emitir después de la hora de comer, sino por el mismo que hizo ‘Heat’ o ‘El Dilema’ o ‘Ali’, donde había momentos para la parejita de turno y, al contrario que en esta ocasión, estaban muy logrados y emocionaban. Muy posiblemente, la razón de esto haya que buscarla en la frialdad que desprende la película en todo momento, una frialdad que está bien relacionada con los protagonistas de la historia y con el hecho de que sea en la noche donde más cómodo se siente el director.

El mejor ejemplo para resumir la frialdad de la película es el gran villano de la película, un tipo llamado Arcángel de Jesús Montoya, papel que interpreta (es un decir) Luis Tosar, recuperando el ‘toque español’ de ‘Collateral’. Tosar representa a un tipo tan frío e inexpresivo que a veces parece que el actor es una estatua de cera. No sé qué le habrá dicho Mann para que el español resulte tan hierático, quizá le enseñó fotos de Seagal y le dijo: ‘imítale’. Lo que está claro es que Tosar es un gran actor y tiene presencia, carisma, con lo cual su helado personaje, con la ayuda de la cámara de Mann, se convierte en una figura de poder, de cierta amenaza. No en vano, el personaje más terrible es el que transmite su poder sin llegar a ejercerlo. De una forma nada gratuita, José Yero, el otro jefazo ‘malo’ de la película, subordinado de Montoya, es mucho más activo, nervioso, directo. El ‘desconocido’ John Ortiz tiene buenas escenas en las que se luce y donde demuestra que su elección ha sido muy acertada. A destacar, quedándonos con el conjunto y dejando a un lado la verborrea inútil, el primer encuentro con Farrell y Foxx, donde los tres ponen sus cartas sobre la mesa.

Del dúo protagonista, como ya he indicado, Jamie Foxx, con menos minutos en pantalla y algo menos de protagonismo, le gana le partida (de forma nada sorprendente) a Collin Farrell, quien, por otra parte, no lo hace nada mal. Farrell aún tiene mucho que ofrecer para justificar su fama (al margen de eventos de prensa rosa o rumores sobre su anatomía) pero nadie debe olvidar, a la hora de valorarle como actor, algunas interpretaciones suyas de excelente nivel, como en ‘La Última Llamada’ o ‘Alejandro Magno’ (imprescindible, obviamente, verla en versión original). Posiblemente, también influya la caracterización de los dos actores, porque no es lo mismo llevar una simple perilla que el pelo descaradamente teñido y un gran bigote pasadísimo de moda (si es que en algún momento o lugar de la Historia, lo ha estado). Mención aparte merece Gong Li, una actriz bellísima por la que parece que no pasan los años. Si en ‘Memorias de una Geisha’ estaba totalmente irresistible, aquí no lo está menos. Una lástima que su personaje sea tan acartonado y tenga que basarse tanto en su gran físico para destacar en pantalla.

En cuanto al resto del reparto, casi todos secundarios con poco tiempo en pantalla, sólo puedo decir que cumplen con creces y uno desearía que les hubieran dado algunos minutos más para desarrollar un personaje algo decorativo. Hablo de Naomie Harris (prometedora actriz a la que vimos, muy maquillada, en la secuela de ‘Piratas del Caribe’), Justin Threoux (que apenas hace nada), Barry Shabaka Henry o el propio Luis Tosar, por citar a los más conocidos.

Por tanto, una buena película llena de altibajos, con excelentes raciones de gran cine de acción, pero que no deja de ser una pequeña decepción para los que sabemos de lo que es capaz el señor Mann. Con un guión más trabajado, estaríamos ante su tercera obra maestra. No me extraña que haya tenido una muy tibia acogida en EE.UU. y que se repita en todo el mundo. La primera semana consigue una buena suma por el tema de la publicidad y los protagonistas, y luego para abajo, sin remedio. El público no está para un cine tranquilo, se considera una pérdida de tiempo. Si no consigues que los chavales que llenan las salas estén pegados a la pantalla, no hay nada que hacer. Un sms y a darle caña al emule. La verdad es que hay que estar un poco loco (¿quién no lo está?) para pretender que esta ‘Corrupción en Miami’ sea un éxito. Parece que su sitio es otro, de aquí a un tiempo, cuando salga en dvd y se pueda situar junto a sus hermanas mayores, ‘Heat’ o ‘Collateral’, en las estanterías de muchos de nosotros y de otros que ahora prefieren productos de consumo rápido (la televisión, sobre todo) y dejan el cine para una sesión más cómoda en casita. Nada que objetar, por cierto, no se me malinterprete. Y hablando de dvds, esperemos que Mann haya decidido hacer un retoque a la película y nos ofrezca la posibilidad de contemplar un montaje alternativo. No estaría nada mal.

Lo peor:

publicado por Red Stovall el 12 septiembre, 2006
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