muchocine opiniones de cinedesde 2005

Tengo la impresión de que se trata de una gran película. Fui al cine a ver algo “”conocido””. Cuando salí del cine, acababa de ver algo “”nuevo””.

★★★★★ Excelente

United 93

Hoy hace 5 años de los terribles acontecimientos a los que alude esta película. Sobre todo en Norteamérica, se ha discutido mucho acerca de la conveniencia o no de la misma. No obstante, vista la acogida que en los mismos Estados Unidos ha tenido, parece obvio que ha llegado en buen momento, tanto en cuanto obra cinematográfica, como en calidad de recuerdo de quienes murieron en aquella triste, desconcertante e inolvidable fecha.

United 93 es una película cuyo desenlace conocemos. No cabe, pues, el juego del director con el espectador para ver si acierta el final. Así, solo caben dos posibilidades. La primera, que se trate de una especie de docudrama: un relato notarial de hechos dramáticos acaecidos. La segunda, algo parecido a lo que entiendo como la “”esencia”” del cine: contar una historia por medio de elementos predominantemente visuales.

Cuando se apagan las luces de la sala, casi sin más preámbulo, nos hallamos en la habitación de un hotel en la que unos musulmanes rezan. Son jóvenes. Sus rostros manifiestan tensión. Obviamente, el espectador, como ellos, sabe el porqué de la tensión… Pero el mundo, el mundo fílmico, todavía no lo sabe. Es de noche.

Tras amanecer, los jóvenes se encaminan hacia el aeropuerto de Newark. En el recorrido, en un muro, se ve un gran rótulo: “GOD BLESS AMERICA”. “”Los otros”” también rezan…

A mi modo de ver, toda la película gira en torno a un gran contraste entre el antes y el después, entre el antes de iniciarse el vuelo 93 y el después, cuando, recorrida la pista, ya no hay vuelta atrás.

Las primeras escenas muestran a hombres y mujeres que van a lo suyo. En el fondo, rutinas, comentarios sin mayor importancia, el mundo interior de cada uno y lo que tiene a bien mostrar a los otros. No hay héroes; no hay ni buenos ni malos. Tampoco son abstracciones ni caricaturas; solo gente corriente. Todo cambia, pero en el horizonte de lo previsible.

Se desconoce gran parte de lo ocurrido en el avión que realizaba este vuelo. Se sabe que a las 9:24 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, el comandante del vuelo 93 de United Airlines pedía confirmación de un mensaje de alerta que había recibido. Se sabe también que dos minutos después, los secuestradores irrumpían en la cabina y tomaban el control del avión, asesinando probablemente a los pilotos y a una azafata. Se sabe que, a las 10:03, después de que los pasajeros rompieran la puerta de la cabina, el avión, un Boeing 757-222 se estrelló en un campo de Pensilvania, muriendo todos sus ocupantes.

Greengrass, basándose en diversas fuentes, entre ellas el informe oficial y los testimonios de familiares, sigue el curso del informe, dedicando la mayor parte del tiempo de pantalla al período que media entre el despegue y los terribles momentos inmediatamente anteriores a la caída del avión.

Si, hasta el momento del despegue, el ritmo ha sido el suficiente para mantener la atención: saltos de unos personajes a otros, a modo de presentación de esos seres anónimos, con sus preocupaciones, intereses, ilusiones, más o menos menores, por lo habituales, apuntándonos ya magistralmente el carácter de algunos de ellos, el despegue marca la gran transformación. Evidentemente, los que vemos en la pantalla todavía no saben nada, pero Greengrass y nosotros sí y, en consecuencia, impone un cambio de ritmo evidente. Es como si la carrera de despegue del Boeing 757 indicara simbólicamente esa aceleración, hasta hacerse trepidante. El espectador espera que ocurra “”algo”” que ya conoce, pero el director mantiene la tensión del espectador, invitándole a que participe en los hechos, haciendo que deje de lado lo que sabe para introducirse en la acción, de manera que transforma la pregunta por el “”qué”” por la pregunta por el “”cuándo””. Ese nuevo ritmo ya no cesará hasta el final del filme. La cámara, que salta rápidamente de unos personajes a otros, los fragmentos de diálogos naturales, entrecortados, que se solapan unos a otros, hacen que la narración cobre una verosimilitud de reportaje, sin perder, no obstante, su calidad de “”película””.

Pero United 93 no solo presenta lo ocurrido en el avión; muestra también el desconcierto, el pánico y el caos que embargaron a todos los responsables del tráfico aéreo esa mañana, símbolo -tal como se me antoja- del desconcierto, el pánico y el caos que se apoderaron del “”primer mundo””. Puede que el director pensara que sería demasiado encerrarnos en la cabina del avión durante los 35 minutos que median entre el secuestro del aparato y su final. Bien porque resultara difícil mantener la tensión narrativa en un entorno tan mínimo o quizá porque quisiera darnos una visión más general de lo ocurrido ese día, emplea una estrategia narrativa que siempre ha dado juego en el cine: la historia del “”United 93″” es la historia de todos los que intervienen, mediante cortes continuos y cada vez más rápidos, que van y vienen del avión a los controles de tráfico aéreo, al puesto de mando de la Administración Federal de Aviación (F.A.A.) y al centro de mando del Mando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (NORAD), donde las personas que allí se encuentran (como todo ese primer mundo) tratan de entender lo que está ocurriendo.

Mientras la cámara salta de un lugar a otro, hay algunas caras que destacan: Ben Sliney, el director de operaciones que dirigía en centro de mando de la F.A.A. el 11 de septiembre de 2001, una de las nueve personas de la F.A.A. y de las Fuerzas Armadas de los EE.UU. que se interpretan a sí mismas en la película; el mayor James Fox, del sector nordeste del NORAD, que pregunta una y otra vez dónde están el presidente y el vicepresidente, poniendo de manifiesto la falta de liderazgo que se hizo patente aquel día.

Hay, por supuesto, imágenes de los dos aviones que se estrellaron contra las dos torres del World Trade Center, pero, en mi opinión, creo que son apuntes marginales de los que podría haberse prescindido.

En resumen, tengo la impresión de que se trata de una gran película. Como decía al principio, fui al cine a ver algo “”conocido””. Cuando salí del cine, acababa de ver algo “”nuevo””, hasta cierto punto, una muestra de cinematógrafo: siendo importantes los hechos narrados y manteniendo una verosímil fidelidad a los sucesos reales, no he tenido la impresión de ver un documental, sino una obra construida de manera que el espectador entre en la función, conviva con los que en ella intervienen, mantenga la atención constantemente y se introduzca en la atmósfera de tensión que rodea toda la obra.

United 93 dura 115 minutos y ha sido escrita y dirigida por Paul Greengrass. Barry Ackroyd es el, en mi opinión, excelente director de fotografía. La música, en todo momento ajustada a la acción, corrió a cargo de John Powell. Tim Bevan, Eric Fellner, Lloyd Levin y el propio director han sido los productores.

Una curiosidad de la traducción: En una escena correspondiente al centro de mando del NORAD (se preparan para un ejercicio táctico ficticio), una oficial se refiere a que los “”osos rusos van a entrar por Alaska””. Obviamente, alude a los bombarderos rusos Tupolev TU-95, cuyo nombre en código OTAN es Bear.

Espectador recomendado: Es fácil, cualquier persona a la que le guste el cine.
Lo mejor: La creación del ambiente interior del avión. El reflejo de la tensión del momento que ha sabido imprimir el director, jugando con todos los elementos y con los mismos espectadores.
Lo peor: No se me ocurre nada que pueda catalogarse de peor.
publicado por Illaq el 11 septiembre, 2006

Enviar comentario