La trama flojea en todo momento y parece circular a modo de vodevil barato y carente de emoción

★★☆☆☆ Mediocre

Tirante el blanco

De poco le ha servido a su director haber acariciado este proyecto durante casi 4 décadas y contar con un presupuesto de 15 millones de euros para su realización. Salvando Alatriste, ésta una de las producciones más caras de la historia del cine español, y ya que hemos mencionado el título de Agustín Díaz Yanes, parece que tendremos que esperar a su estreno para ver una correcta película ambientada en el pasado con personajes de peso.

Después de 24 películas, Tirante el blanco vuelve a ser una adaptación, esta vez de un clásico de caballerías publicado en valenciano en 1490 por Joanot Martorell. Vicente Aranda lo encuentra irónico y sensual, algo que ha intentado trasladar mediante imágenes y un guión pobre que se centra en la correrías de la corte y en la virginidad de una princesa como seguro de vida de un pueblo y sus gobernantes. Salvo excepciones como Juana la loca, desde Amantes, rodada en 1991, el catalán parece no acertar en sus dramas, que siempre quedan cojos (el caso de Carmen), se alargan innecesariamente (La pasión turca) o terminan solucionándose con finales acelerados tras un desarrollo coherente (Libertarias).

Versiona Aranda sólo parte de la novela, en la que se dan ingredientes de aventuras, misterio y política, y no es que destaque de sus páginas la fuerte carga erótica –no hablamos de sensualidad precisamente- sino que en torno a ella gira todo el argumento de la película. Triste es decirlo ante un realizador tan inteligente, pero no sorprende con su nueva propuesta: sexo sin tapujos y, sin ánimos de parecer pudoroso, poco contextualizado, una postura que se contrarresta con un lenguaje moderno, curioso incluso, y el divertido retrato del mandato de las intrigantes mujeres a la hora de mantener la salud del imperio, contrariando al orden masculino establecido.

Las damas de la corte son quienes hacen la política y son ellas, las actrices, las que intentan aupar una trama que flojea en todo momento, pareciendo circular a modo de vodevil barato, y carente de emoción. Mucho más Leonor Watling e Ingrid Rubio (dos caras de una misma moneda) que Victoria Abril y la debutante Esther Nubiola –lo de ella se explica, lo de Abril no- logran captar la atención por méritos profesionales. Este punto se agrava con el desacertado elenco masculino, encabezado por unos inexpresivos Caspar Zafer y Rafael Amargo. El primero como el caballero que llega a Constantinopla para luchar contra los invasores y el segundo dando vida al Gran Turco.

Achacan el resultado a los problemas de producción y es verdad que las cosas no se dispusieron como al principio le prometieron al veterano cineasta: cambiar Sicilia por Estambul a última hora es sólo un ejemplo del sudor que le ha debido costar. Pero debemos juzgar por lo que vemos en pantalla y el resultado, por mucho que nos duela al tratarse de uno de los grandes del cine europeo, no es gran cosa.
publicado por Daniel Galindo el 21 abril, 2006

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