¿Qué asesinato es más cruel? ¿El individual o el social?

★★★★★ Excelente

No matarás

Inédita hasta ahora en España, “”No Matarás”” es una de las obras cumbre de la filmografía de Kieslowski, tanto desde el punto de vista cualitativo como por ser la película que elevó el reconocimiento del director polaco, muy limitado hasta la explosión de su “”Decálogo””.

Con el motivo del décimo aniversario de su muerte (Krzysztof Kieslowski falleció el 13 de marzo de 1996, a los 54 años de edad, debido a múltiples ataques al corazón, del que ya sufría tiempo atrás), Wanda Visión decide homenajear al genio mediante la proyección y reestreno, el día 10 de marzo, de su sublime y visceral obra maestra.

Aquí Kieslowski, en lugar de dejarnos un mensaje ambiguo, como suele hacerlo habitualmente, nos narra un crudo y directo alegato contra el asesinato. Eso sí, contiene numerosos símbolos y momentos metafóricos que se unen con el resto del “Decálogo” y de su filmografía, que no todo el mundo logrará captar. Y son esos guiños inteligentes los que aportan la verdadera magia y valía al film. Destellos de verdadero genio, con unos conocimientos cinematográficos basados en un lenguaje narrativo visual que alcanzan un nivel metafísico.

Como decía, Kieslowski aquí nos ofrece su visión sobre el asesinato, rechazándolo completamente. Pero no solamente habla del asesinato desde el punto de vista del individuo, también nos habla del asesinato moral y físico de la sociedad y de la política.
Para Kieslowski, la vida es algo que nadie tiene derecho a arrebatar… y cuando decía nadie era, por supuesto, nadie. Ninguna institución, ningún complejo, ningún semejante.
Aquí no solamente se deja en ridículo la política de Polonia y su pena de muerte, también se deja en evidencia a la sociedad al completo, a ese mundo que ha engendrado violencia y, por lo tanto, solamente obtiene la respuesta de la misma.

Pero esa misma sociedad, nosotros, los que hemos creado el monstruo de la agresividad, no sabe solucionar un problema que se le escapa de las manos. Y lógicamente, la vía más fácil es acabar con él. ¿Para qué tomarse molestias? Sucede lo de siempre a lo largo de la historia: los que han creado el monstruo se ven incapaces de controlarlo. Para solucionar el problema, la mejor forma es acabar con él, fulminarlo. Cuando algo desaparece, lógicamente, ya no crea problemas.
Pero esa no es una postura moralmente aceptable. ¿Si algo nos crea conflicto, qué hacemos? ¿Lo eliminamos o ponemos de nuestra parte para que todo se arregle?

En “No Matarás” no se cuestiona si el acusado es culpable o no lo es, eso en Kieslowski es algo totalmente secundario. Lo que de verdad se cuestiona es si alguien tiene el derecho a decidir sobre el destino de otro alguien. Por ello la figura del “juez” aparece con tanta frecuencia en la filmografía del director polaco. Para Kieslowski, el castigo ha de realizarse para que el acusado tome conciencia y se pueda recuperar, se le de la oportunidad de curarse en una sociedad que debería ser la verdadera acusada. Si imponemos un castigo a modo de venganza, lo único que conseguimos es generar más odio, lanzarnos contra nuestra principal ideología, contradecirnos a nosotros mismos. Como afirmaba el propio director polaco: “Nunca, desde Caín, un castigo ha hecho mejorar a nadie ni disuadirlo de cometer un crimen”.

Parece ser que lo más difícil, a día de hoy, es dar ayuda a quien de verdad la necesite. Por ello se recurre al camino más sencillo, que deja entrever que nuestro entorno, nuestra sociedad, posee grietas por todos lados. Todo se ha vuelto peligrosamente inhumano y automatizado.

Si el asesinato que comete Jacek es repulsivo, lo es también el asesinato que se comete al ejecutar la condena del infractor (precisamente, Kieslowski, para mostrar esa brutalidad, recurre a la filmación sin cortes y sin escatimar en detalles de ambos crímenes, cosa que no es para nada habitual en él… y lo hace para que reflexionemos, para que nos demos cuenta de que un acto es tan asqueroso y deshumanizado como el otro). Nadie puede decidir sobre la vida de nadie, sea cual sea la situación, persona o institución. La vida no es algo con lo que se pueda jugar a dos cartas.

Así, y cada vez más, se está creando una sociedad prácticamente irrecuperable, donde el daño no solamente está hecho, sino que ha alcanzado tal nivel que los asesinos y delincuentes son muy difíciles de reeducar, debido a una sucesión de leyes que no miran al interior de la persona, solamente miran al hecho acontecido, sin contemplaciones.

Muchos aseverarán que intentar ofrecer ayuda a veces es imposible, que mucha gente no escoge sus elecciones, que son problemas no ligados a la personalidad, más cercanos a una psique incorregible… y que puede llegar a ser un intento, en ocasiones, demasiado ingenuo. En los tiempos que corren, en parte, sí que puede ser cierto. Pero el problema viene de mucho antes. En un momento determinado no se les ha dado la oportunidad de arreglarlo, no han tenido ni apoyo ni comprensión. Y llega un punto en el que, por soledad o falta de ayuda sincera, llegan a perder la cabeza de una forma incontrolable. Pero está más que demostrado que (en un porcentaje muy alto) este tipo de actuaciones (que, lógicamente, se tornan imprevisibles una vez descontroladas) tienen una base emocional y puramente personal. Por ello, si las cosas se hacen como debieran hacerse, y en su momento, podríamos evitar males tan consumados y propagados como la agresividad o la (a buenas horas, mangas verdes), tan criticada a día de hoy, pena de muerte.

Y eso es lo que se cuestiona Piotr, el abogado recién licenciado que llevará el caso de Jacek. Si, estando como estuvo, en la cafetería, en el momento en el que Jacek se ata la cuerda a la mano, le hubiera intentado convencer para que no lo hiciera… ¿qué habría pasado?
El cruce de vidas de los tres personajes no es para nada gratuito, ya que se puede ver que sus decisiones volitivas y el azar se entrelazan de tal manera que al final acaban confluyendo. Están cerca, pero no se miran… son simplemente un alma más en el mundo, sin nadie que pueda escuchar sus plegarias.

Así, llega el momento en el que Jacek ya está absolutamente descontrolado. Ni siquiera el personaje de Barcis (imprescindible símbolo a lo largo del “Decálogo”, tal y como lo será la anciana del contenedor en “La Doble Vida de Verónica” y “Tres Colores”), con el que se cruza en la carretera mientras trabaja en una obra y obliga al taxi a detenerse, logra frenar con su mirada suplicante (en un momento existencial que roza la perfección, pudiendo sentirse en las carnes del espectador hasta estremecer) al ya perdido Jacek. Ni siquiera él quiere hacerlo (como se podrá ver, lo pasa mucho peor que la víctima a la hora de cometer el brutal crimen), pero se ve avocado a una situación sin retorno posible.

Por ello, desde un comienzo en la película, vemos a un Jacek caminar solitario, con un vacío existencial más que evidente en su andar y en sus acciones, sin saber lo que hacer con su vida, ya carente de sentido. Vemos a un protagonista atrapado por su pasado, que se siente desgraciado y culpable por la muerte de su hermana. Ha perdido absolutamente el sentido de su vida, por lo que sus posteriores reacciones serán del todo ilógicas y peligrosas. Solamente observa una pequeña luz en su existencia, por la que es capaz aún de sonreír (la única sonrisa que vemos de Jacek en la totalidad del metraje es cuando juguetea en la cafetería con unas niñas, en una escena cargada de emotividad y sinceridad): querrá “devolver” a la vida a su amada hermana. Pero el odio hacia su propia persona acaba destrozándolo todo, y se ve obligado a descargarlo contra alguien. Y por motivos sencillos de azar (no es un elegido en absoluto) será el taxista.

Kieslowski, en este sentido, no se pone del lado del mal. Lo que hace es demostrar que, en nuestra sociedad (y cada vez más), no se trata de comprender al “malo” de turno. Lo más sencillo es ponerse en su contra y deshacerse de él. El director polaco nos invitaba a la reflexión sobre el por qué de tales actos, a ofrecerles el perdón, la ayuda y la reeducación, en un mundo que ha llegado a un punto de descontrol absoluto, pero lógico por cómo se iban sucediendo los hechos en una sociedad cada vez más intolerante y deshumanizada. Como metáfora exquisita de ello, tenemos a la anciana de las palomas, o el propio taxista. Pero más lo son esas personas que deambulan por el mundo sin mirar a su alrededor, sin molestarse más que por su propio ego. Así, en el apartado técnico de la película, tenemos varios detalles muy apreciables. No es nada gratuito, no es galería, no es pretenciosidad, pero requiere la utilización de la inteligencia por parte del espectador.

Durante la mayoría del metraje, predomina un tono sepia ligero cargado de expresividad, sobre todo en las escenas de exteriores (a pesar de que no es tan acusado ni tan predominante como en “La Doble Vida de Verónica”), en las cuales podemos observar primeros planos de Jacek, tratando de llegar a su alma, de entender el por qué de sus actuaciones, y también podemos vislumbrar una ciudad, un entorno, totalmente podridos, oscurecidos hasta el máximo de la fotografía… intentando reflejar el más que evidente estado de la sociedad y su gente.
Una fotografía excepcional, por otro lado, que intenta fijarse en numerosos objetos repletos de una carga simbólica complejísima, desde el gato “premonitorio” del comienzo hasta las cuerdas, las miradas, los vacíos y los silencios.

Por ello, Jacek, que solamente ha tenido el cariño y comprensión de dos personas en su vida, se encuentra perdido y sin rumbo en el medio de esa nada que es la sociedad. Esas dos personas serían la hermana (ya fallecida) y el abogado Piotr (recordemos que, en la conversación carcelera, Jacek le afirma que le llamó por su nombre, que de verdad se interesó por él), que desde un primer momento se pregunta sobre el sentido de la moral en su trabajo, sobre el significado de la vida y sobre sus obligaciones como ser humano.

Piotr, que sufre uno de los casos que tanto temía, logra comprender el verdadero fondo, el espíritu, la humanidad de Jacek, y, una vez concluido el caso, se pregunta si habrá hecho todo lo posible, si habrá actuado de la forma correcta. Muchos le dirán que el caso estaba perdido, que era totalmente imposible salvarlo para ningún abogado, que su destino estaba escrito. Pero él sabe que si eso ha llegado a ser así es debido a unos errores que no han sido resueltos, a unos puntos humanos a los que no se les ha prestado atención. Y una persona (sea lo que sea), a fin de cuentas, siempre deberá ser escuchada y atendida. Y ese es el mayor de los errores de una política y de una sociedad totalmente podridas, deshumanizadas y absolutamente ególatras. Así, Piotr no puede evitar sentirse hundido… y hasta culpable. No lo veremos, pero la vida de Piotr no será para nada la misma.

Y Jacek, que tras su actuación se sentirá más perdido aún, se preguntará qué es lo que ha hecho, cómo ha llegado hasta ese límite. Y la respuesta es bien clara… le han empujado las circunstancias, unas circunstancias creadas por la misma sociedad, la única culpable (si es que hay alguna). Y esa sociedad, la que ha generado esos asesinos, será la misma que querrá solucionar su problema (no olvidemos que ellos lo han creado) por la vía rápida.

A veces, incluso, podemos ver que Jacek o cualquier otro delincuente, en realidad no distan tanto de cualquier otra persona que camina por el mundo. Por puro azar, llegan hasta el punto de la delincuencia, pero… ¿y si Jacek no se hubiera emborrachado el día de la muerte de su hermana? El taxista no habría muerto, él seguiría con su vida normal… y nada sería lo mismo. Por una sola decisión (que, a veces no dura más que un segundo) la vida de varias personas cambia completamente. ¿Y si el taxista hubiera recogido a los borrachos en lugar de marcharse de mala manera? No podría recoger a Jacek… y el resto creo que ya lo sabríamos.

Una pequeña decisión cambia la vida de un entorno completo… por lo que no creo que nadie sea diferente de nadie. Hay ocasiones en las que hay que mirar a las circunstancias, no a los hechos.

Es realmente increíble cómo una decisión volitiva, una actuación no siempre marcada por el azar, nos puede conducir al más grave de los infiernos, a la pérdida continua de la libertad, aunque no siempre seamos conscientes de ello. La libertad, una vez más, no solamente se encuentra en entredicho, para Kieslowski la libertad dibujada por la sociedad no es más que una mentira.

Y al final, no encontraremos justificación para nuestras actuaciones, tal y como le sucede a Jacek. Sufriremos la intolerancia de nuestro entorno, caminaremos por las calles solitarios, conduciremos el taxi sin saber a dónde dirigirnos (el taxista es otro más en el mundo, con la misma pérdida de amor y comprensión que Jacek y el resto, por eso actúa de una forma tan despreciable). A fin de cuentas, nos convertiremos en víctimas de nuestra sociedad. Rodeados de podredumbre que, poco a poco, va perdiendo el sentido de la existencia y que, sin lugar a dudas, se está convirtiendo en un problema sin solución.

El no mirar a nuestro espíritu es algo que está acabando con nosotros. Y así, no hay asesinatos que se puedan solucionar, todo va a desembocar en una sucesión de actos sin justificación… pues nuestra vida tampoco la tiene.

Los silencios a lo largo del metraje, la falta de comunicación que ha llegado a sufrir Jacek, todo está creado de tal forma que nos invite a reflexionar. Kieslowski, como decía, no justifica nada, ni el mal ni el bien, simplemente está intentando ahondar en el espíritu humano, buscar su significado y hacernos comprender que los valores de la vida cada vez se hunden más, y que, a pesar de una ingenuidad y un deseo de curación, todo se está convirtiendo en un montón de mierda. Lo que la sociedad realmente merece.
Lo que nosotros hemos estropeado, no estamos dispuestos a solucionarlo. Y así, la pescadilla se muerde la cola una y otra vez… hasta que, finalmente, no quedará cola que morder.

Kieslowski, así, puede que buscara algo muy complicado (que no imposible), pero pienso que buscar en nuestro interior, para comprender y mejorar, es algo a lo que todos podemos llegar. ¿Estamos realmente dispuestos? Con el rumbo que estamos tomando, lo dudo, y mucho. La pena de muerte, que es criticada cuando algunos también la aplican (aunque no sean conscientes de ello), es una creación de la misma sociedad, por su incapacidad para solucionar los problemas ahondando en ellos. La incomprensión, la falta de escucha, la insolidaridad (la solidaridad para la galería no es aceptable), son cuestiones que, al parecer, no estamos dispuestos a abordar. Luego, sufrimos las consecuencias.

Y lo peor de todo es que creen que poniendo obstáculos y amputando logran solucionar la ola de podredumbre actual. Y las leyes siguen su camino. Un camino que, tarde o temprano, acabará siendo tan intransitable como un sendero de clavos.

Por ello, voy a intentar concluir con un símbolo que introduce Kieslowski a lo largo de todo el “Decálogo” y que he comentado ligeramente. Es el del actor Artur Barcis, que, al igual que la anciana del contenedor, trata de establecer nexos de unión entre las historias y entre los momentos más cruciales de éstas. Son, asimismo, una especie de persona que trata de representar la realidad, sobre todo la del director polaco.

Se podría decir que, Barcis, es como una especie de testigo, como la conciencia de los personajes frente a su desesperanza, y que, tras tener que tomar una decisión en “Sin Fin” hacía acto de presencia una y otra vez en cada una de las historias de los protagonistas. “Sin Fin” supuso la primera aparición del actor, y la más importante, ya que en ella se nos muestra en qué situación estaba y lo que le supuso tomar una decisión, siempre coartando su libertad moral. A partir de ahí, el personaje de Barcis conoce las consecuencias de las actuaciones, y se muestra frente a los que van a tomar otra decisión vital en su existencia.

Así, siempre aparece en los momentos cumbre y en los más peligrosos desde el punto de vista volitivo, para mostrar su conocimiento al respecto. Es una especie de apoyo sutil para ellos, pero realmente difícil de comprender. Nadie se percata totalmente de su ayuda y de su presencia, por mucho que le observen. No llegan a entender su aparición, tal y como sucede en la vida real en ocasiones.
También se presenta, a mi parecer, como un reflejo del propio Kieslowski, como una vía de unión que nos permite aceptar su postura, su posición en la vida como observador de las contradicciones humanas. El director polaco nunca dijo nada al respecto, pero pienso que Barcis representaba su propia persona.

Poco más que añadir. Simplemente me detendré a elogiar la interpretación de Miroslaw Baka, totalmente acertada. Todos los gestos, silencios, miradas… perfecto.
Kieslowski y su narrativa visual a un nivel que raya la perfección, obligando a participar al espectador en todos y cada uno de los planos. Es impresionante el dominio que poseía el director polaco en relación al tratamiento cinematográfico de objetos, escenas y personas. Sublime.
Fotografía excelente, además de cargada de emoción, música impresionante y melancólica a cargo del compañero Preisner… una obra inolvidable, imprescindible e imperecedera que demuestra lo que es el verdadero cine y deja en evidencia al resto de la cartelera, por muchos recursos que disponga.

“No Matarás” está orientado hacia el “Decálogo 5” que Kieslowski creó para la televisión de Polonia en su día basándose en los diez mandamientos. Como punto necesario de apoyo y comprensión de la totalidad del mensaje que Kieslowski pretendía mostrarnos, es sumamente interesante y obligado el visionado de la totalidad de la serie y de su filmografía. Entonces veremos los nexos de unión y los cambios de dirección basados en vivencias personales y humanas.

“Krótki film o zabijaniu” demuestra su intocable maestría a la hora de ahondar en el espíritu humano sin aseverar, cerrar círculos ni juzgar. La cámara de Kieslowski siempre fue (y es) el mejor ejemplo de cámara aséptica en busca de inquietudes y preguntas, para que nosotros busquemos con ella las respuestas, si es que realmente las hay.

Fue, junto a cineastas como Bergman, uno de los artesanos que mejor comprendió la esencia, humanidad y espiritualidad del cine como arte y forma de reflexión y expresión. Kieslowski con su muerte dejó al cine sin el ojo que mejor sabía retratar el alma humana. Y, aunque muchos no se den cuenta de ello, el cine se ha visto muy resentido con su pérdida.Dudo que ninguna obra que haya tocado el tema que aquí nos ocupa se haya acercado lo más mínimo a su genialidad, acierto y respeto. Obra Maestra.
publicado por Iñigo el 14 marzo, 2006

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.