Felicity Huffman está bien, pero para nada tan genial como algunos cacarean

★★☆☆☆ Mediocre

Transamerica

Es curioso observar cómo hasta el propio cine se debate entre diferentes pseudo-oleadas convertidas en moda temporal. Basta que uno lance la primera piedra para que la pantalla se convierta en un apedreamiento masivo. Como todo en este mundo, tiene sus pros y sus contras.

“Transamerica” juega un poco con todos esos factores que rodean a las ideas supuestamente repentinas, innovadoras, atrevidas y rompedoras. Pero, como lo que prima en la calidad cinematográfica son otros factores… sale un poco malparada. En primer lugar, los que piensen que el film es terriblemente original por, solamente, tratar de cerca el tema de un transexual, están muy equivocados. Ni siquiera es el verdadero trasfondo de la película.

Lo que sí que se agradece es el atrevimiento y el desenfado con el que se toca un tema tan (posiblemente) controvertido y polémico. Pero esa es un arma de doble filo. Lo que en un principio es una especie de road-movie al uso (pero absolutamente con todos los factores vistos y manidos) con tono cómico y cierto trasfondo dramático, degenera en un sucedáneo de comedieta de enredo familiar ciertamente patético, y concluye, lógicamente, como un drama aderezado con pequeños elementos cómicos para entretener al espectador.

Una evolución tan ordenada como evidente y previsible. El problema es que es un drama tan simple y tópico, cientos de veces visto en cine, que necesita una máscara divertida que lo haga un tanto entrañable. Y esa máscara, precisamente, es la que evita que la historia esté contada con la garra necesaria como para que nos pongamos en la piel de Stanley/Sabrina con toda la seriedad que lo requiere.

Como decía, ese desenfado con el que se nos habla de un tema tan complicado para muchos es un punto a favor, y, realmente, puede ser así si simplemente buscas diversión en el cine. Pero viendo su escasa originalidad, es complicado ascender a la película más allá de un entretenimiento pasajero.Tenemos todos los ingredientes de las road-movies tragicómicas. La frustración de un padre/madre al descubrir la existencia de un hijo, hasta el día de hoy, desconocido. Las casualidades que dan lugar, obviamente, a que ambos coincidan y se conozcan. El viaje que emprenden, que más que un viaje es un claro McGuffin para una futura redención y un redescubrimiento de ambos.

Un viaje más espiritual que físico, un viaje en el que, por mucho que Stanley/Sabrina busque el elemento que le convertirá definitivamente en la mujer que siempre ha querido ser, lo único que realmente buscará es la aceptación y el encuentro con su hijo. La historia de redención que en esencia es, no hace más que inundar al espectador en una continua sensación de “déjà vu”. Los secretos inconfesables que se van descubriendo a lo largo del viaje, los traumas de la infancia que se reavivan por la intolerancia vivida frente a una opción sexual (o psicológica, no voy a ponerme a analizarlo) atípica, tanto en el entorno familiar como en el entorno social. El miedo al rechazo y al reemplazo de un hijo al que no se le dio todo el cariño requerido por su condición de transexual (aquí es el tema que nos trata, pero cualquier otro motivo o condición es válido y aplicable).

Todo un cúmulo de evidencias que encarecen en demasía la calidad y originalidad del producto final.Porque no, no nos engañemos. El que se nos cuente la historia de un transexual no cambia nada. Si fuera un drogadicto, un hijo perdido, un cobarde que se va de casa porque todo se complica, o un maltratador, seguramente el film no alcanzaría tales cotas de interés público. Pasaría desapercibido, ya que es realmente lo que merecería.

La historia es la de siempre. Lo único que cambia es la opción sexual de su protagonista. Pero no. Hay que aceptar que es la historia de un transexual y que por ello habrá revuelo. Y críticas injustas. Son cosas que pasan. Si por ese simple motivo tenemos que tildarla de peliculón, olvidándonos de su verdadera calidad y haciendo más caso al revuelo que provoca… yo no me subiré a ese carro.

Asimismo, Felicity Huffman está bien, pero para nada tan genial como ciertos cacarean para nominarla ni anunciarla a bombo y platillo. Pelín sobreactuada quizá. Por ello, en definitiva, es una obra interesante únicamente como retrato de un transexual y de las frustraciones, miedos y prejuicios de su entorno.

A pesar de que la historia y su desenfado formal estén contados en un tono tan jocoso que, en ocasiones, es un lastre que evita que nos posicionemos debidamente en la complicada piel del personaje… la correcta descripción es suficiente para que lleguemos a comprender el mensaje que trata de enviarnos. Además, hay que admitir que la inocencia, la simplicidad y la falta de pretensiones de grandeza con las que está narrada la historia es un dato a su favor. Desprende la clásica aureola de tranquilidad de las películas puramente “”independientes”” que hacen presencia, de vez en cuando, en cartelera y que llegan a convertirse en algo entrañable.

Pero no nos engañemos. Podrá subirle algún entero, pero nunca convertirla en una gran película. Es tan tópica, repetitiva y obvia que no aporta nada nuevo. Lo único que cambia es la opción del protagonista, un cambio poco válido para elevar la calidad de un film que tiene poco que ofrecer. Entretiene, divierte y poco más. No estamos ante cine del nivel de “Brokeback Mountain” (permítaseme la comparación por el acercamiento de temas y para evitar una polémica que sería infundada, incoherente y estúpida).
Lo mejor: La falta de pretensiones con las que está narrada la historia es un dato a su favor.
Lo peor: Tópica, repetitiva y obvia que no aporta nada nuevo.
publicado por Iñigo el 6 marzo, 2006

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